Cuidar de nuestras articulaciones es muy necesario para gozar de una buena calidad de vida por más tiempo. En ocasiones no somos conscientes de la importancia de este aspecto y actuamos de manera que éstas pueden verse perjudicadas. Si quieres empezar a cuidar de una forma más consciente tu cuerpo, descubre los siguientes consejos para unas articulaciones en buen estado.

Nuestras articulaciones son poderosas, fuertes y resistentes. Éstas nos ayudan a enfrentar la vida y cumplen con los requerimientos que exigimos. Nos llevan de un lado al otro, resisten el peso de nuestro cuerpo y nos permiten realizar ciertas cargas. En definitiva, unas articulaciones sanas nos dotan de una mayor comodidad, capacidad y calidad de vida. Sin embargo, es frecuente que no les demos la importancia que tienen hasta que nos enfrentamos a alguna dolencia o problema. Es entonces cuando, tal vez, pensemos que deberíamos haber tenido más cuidado y no haberles dado más carga de la que ya disponen.

¿Qué debes hacer para cuidar las articulaciones?

La vida sedentaria, es una de las principales causas por las que las articulaciones se achican y deterioran. Por otro lado, el movimiento y la actividad física adecuada mejoran su condición. No obstante, volvemos a encontrarnos ante un problema, cuando dicho ejercicio es desmedido, agresivo o inadecuado. Las articulaciones nos brindan flexibilidad, nos marcan los límites y nos ayudan a vivir con más agilidad y vitalidad. Por ello, es conveniente prestarles atención y adaptarnos a sus posibilidades.

Mantenernos en el peso adecuado, es un signo de respeto por nuestro propio cuerpo. La obesidad aumenta el riesgo de padecer diferentes enfermedades, entre ellas la artrosis, por ejemplo. Mantenernos en un peso adecuado puede mejorar enormemente la condición y la salud de nuestras articulaciones. Por este motivo, es conveniente realizar ejercicio físico aeróbico, entrenamiento de la capacidad de resistencia y trabajo de fuerza.

Tener una musculatura fortalecida y trabajada libera el peso que le damos a nuestras articulaciones y hace que éstas sufran menos. Por ello, disponer de un core, unos glúteos o unas piernas trabajadas, actúa como escudo protector.

Escucharte a ti mismo y saber cuándo estás haciendo sufrir a tus articulaciones es imprescindible. Si notas alguna molestia o dolor y, lejos de adaptar el ejercicio, continúas con la misma intensidad, es casi seguro que acabarás notando las consecuencias. Por ello, sé inteligente y cambia los ejercicios de impacto por otros más orgánicos como caminar o nadar, si fuera conveniente.

Una alimentación variada y saludable es primordial para unas articulaciones resistentes. Los ácidos grasos Omega 3, tienen un efecto antiinflamatorio y puedes encontrarlos en alimentos como el pescado azul o las semillas de lino.