Muchas personas quieren mejorar su condición física y deciden emprender la marcha a diario. Caminar o correr, son dos hábitos muy saludables que deben ajustarse a tus capacidades y necesidades personales. Ambas actividades tienen muchos beneficios y contribuyen a una mejor salud física y mental. Y tú, ¿prefieres caminar o correr?

Elegir el tipo de actividad, se basa en una cuestión muy personal. Hay quienes empiezan a correr con su mejor intención y, sin embargo, no se sienten bien tras la carrera. Esto no quiere decir que deban desistir en el intento. Hay maneras de aprender y mejorar la técnica. No obstante, sentir más afinidad con la actividad de caminar no es peor, ni menos saludable. Lo que queremos decirte con esto, es que si sientes que correr no te motiva, no te agrada y no te hace sentir bien, hay muchas maneras de estar en forma sin tener que forzarte a ti mismo. De hecho, caminar resulta mucho más recomendable en algunos casos, ya que es menos agresivo para las articulaciones y ayuda a protegerlas con respecto a las zancadas del running.

Caminar o correr: beneficios de caminar

Caminar a paso ligero a diario es ir paso a paso hacia una mejor salud y condición física. Caminando mejoras la capacidad de tus pulmones favoreciendo así tu resistencia y tu respiración. Es muy bueno para la circulación sanguínea y reduce el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Caminando activamos nuestro metabolismo y beneficiamos enormemente el sistema nervioso. Si sufres de pesadez de piernas, salir a caminar te ayudará a sentirlas más ligeras y a evitar la aparición de varices o hinchazón. Además, tonifica la musculatura y ayuda a tus articulaciones, previniendo enfermedades del sistema óseo. Asimismo, caminar mejora el tránsito intestinal y reduce el colesterol. Aspectos como la flexibilidad, el equilibrio y la coordinación, se ven favorecidos con dicha actividad. ¿Sigues creyendo que caminar no es suficiente?

Caminar o correr: beneficios de correr

Correr es un ejercicio ideal para perder peso y moldear y tonificar la silueta. Trabaja especialmente la zona inferior del cuerpo y el core. Un core trabajado es sinónimo de centro, de estabilidad y de equilibrio. Correr permite variar la dinámica del entrenamiento, con intervalos de alta intensidad, pendientes, cambios de terreno, escaleras… En cuanto a las articulaciones, éstas deben soportar más el peso del cuerpo con las zancadas, por lo que hay más probabilidad de desarrollar alguna lesión con respecto a quienes caminan. No obstante, hay técnicas que nos pueden ayudar a que el impacto sea menos agresivo.

Las dos opciones son muy buenas, saludables y forman parte de una rutina ideal para cuidar la salud. Ambas permiten modificar la intensidad. Por ello, si sientes que necesitas algo más que andar, pero no quieres correr, puedes iniciarte, por ejemplo, en el power walking.