El consumo de leche cruda es, junto al rechazo de las vacunas, uno de los temas más problemáticos de este verano. Quizá, hasta ahora, poca gente se había preocupado en consumir leche cruda, puesto que en los supermercados no se comercializa y casi nadie cuenta con ganado propio. No importando demasiado si vas a poder probarla o no, te contamos por qué ha surgido este debate y cuáles son los peligros que tiene beber leche cruda.

¿Por qué se replantea su comercialización?

En España, hace unos 30 años que se prohibió su venta por los riesgos que provocaba a la salud. Ahora, la consejera Teresa Jordá aprobó su libre comercio en la Generalitat de Cataluña.

La mayoría de personas están en contra de su consumo, puesto que los riesgos que provoca son mucho mayores a los beneficios que podemos obtener. Quienes la defienden afirman que existe una mayor cantidad de minerales, como el calcio y el magnesio, que en la pasteurizción disminuye notablemente. Si bien es cierto, ya sabemos que la leche no es la mayor fuente de calcio que existe.
También mencionan las proteínas que aceleran las reacciones químicas, importantes para nuestro cuerpo. Además de ser un alimento vivo que contiene organismos que la protegen.

Ninguno de estos beneficios merece la pena

Somos conocedores de que la leche no es un alimento indispensable para mantenernos sanos. Existen multitud de alimentos que aportan incluso más cantidad de nutrientes que la leche cruda, tan solo hay que saber informarse.
Además, la leche cruda requiere de una serie de cuidados para que no afecte a su conservación. Es necesario que esté protegida entre 1 y 4º, y nuestros frigoríficos suelen estar entre los 4 y 8º, así que sería un verdadero problema.

Mucho más delicado es el tema de las bacterias patógenas que nos encontramos en este tipo de leche sin pasteurizar. Puede llegar a causar listeriosis, meningiris bacteriana, brucelosis o fiebre de Malta.
Incluso, la leche cruda puede contaminarse por culpa de que la vaca esté enferma, por restos de heces del animal, por bacterias del recipiente en el que se recoge la leche o por las manos del encargado en ordeñar.