Seguro que tú también has escuchado eso de que los niños pegan un “estirón” después de haber estado enfermos o haber tenido fiebre. ¿Es verdad? ¿Cuanto más caigan enfermos, más crecerán? Hasta los 18-20 años, las personas experimentan cambios en su cuerpo, los cuales no están íntimamente ligados con padecer fiebre.

¿Es real o es un mito?

Existe una pequeña dosis de verdad en este mito. Cuando tenemos fiebre, la hormona del crecimiento se ve estimulada durante la fase de desarrollo. Es por eso que después de unos días enfermos, los niños pueden crecer unos centímetros.
Lo cierto es que este fenómeno solo ocurre cuando se dan fases puntuales de fiebre (gripe, infección de garganta…); por lo que si sufren alguna enfermedad crónica, acabarán estancándose y no evolucionará correctamente su desarrollo.

Para que sea más fácil de entender: cuando un niño cae enfermo, su crecimiento se para automáticamente. En cuanto se recupera, su organismo se pone en marcha de forma acelerada para recuperar el tiempo que ha perdido durante ese período; así en pocos días se ve aumentada su altura más rápida que en los meses anteriores.

No es un suceso probable

Crecer cuando tiene fiebre no es un proceso cien por cien fiable. Ni va a ocurrir siempre que tengan fiebre, ni en todos los niños por igual. Para que crezcan, existen otros factores como la alimentación, el descanso, la genética, la práctica de ejercicio físico…

Así que no podemos pensar en que si nuestro hijo no se pone enfermo, no crecerá lo suficiente. Ni viceversa. Lo más saludable es que nunca tenga que pasar por procesos de fiebre, así nos aseguramos que está sano y que crecerá a un ritmo estable. Siempre que tenga fiebre, debemos llevarlo al médico para descartar cualquier tipo de enfermedad grave. No es una tontería que suba demasiado la temperatura corporal, ni deberíamos permitirlo con la excusa de que así crecerá más rápido.