Todos sabemos la importancia de llevar a cabo una alimentación saludable y equilibrada. Sin embargo, hay algunos factores que podrían estar influyendo negativamente en nuestra dieta. Para lograr cumplir con nuestros objetivos, es muy importante que sepamos identificar la ansiedad por la comida y no la confundamos con el hambre. De este modo, podremos despertar a nuestra fuerza de voluntad y no caer en tentaciones.

La ansiedad por la comida es la causa por la que muchas veces estropeamos nuestro camino hacia una alimentación correcta. Y es que, por muy concienciados que estemos con respecto a nuestra dieta, la ansiedad puede hacer que dejemos de focalizar el objetivo y solo prestemos atención a la tentación del momento.

Si bien es cierto que la ansiedad por la comida podría estar encubriendo algún aspecto interno que deberías atender, hay algunas maneras de poder combatirla. El primer paso para ello, además de descubrir a qué se debe, es identificarla y no confundirla con el hambre.

¿Qué ocurre si sientes ansiedad por la comida?

Cuando sentimos ansiedad por comer, no nos apetece una ensalada o un bol cargado de fruta. Ésta suele demandar productos generalmente ultraprocesados, cargados de azúcar, harinas refinadas y grasas de mala calidad. La primera consecuencia es que dejamos de atender las necesidades básicas que nuestro organismo requiere para funcionar con salud. De este modo, comiendo compulsivamente, dejamos de cuidarnos y nos olvidamos de la necesidad de una dieta equilibrada para la salud. Así aumenta el riesgo de sufrir diversidad de enfermedades, tanto a nivel físico como en el bienestar mental. Y es que, aunque creas que comer eso que tanto te apetece te aliviará, lo cierto es que te llevará muy lejos de tu bienestar interno. Tener el control de nuestros actos y no dejarnos llevar por las ansiedades y deseos impulsivos, es imprescindible para el equilibrio interno.

¿Cómo puedes detectar la ansiedad por la comida?

Párate unos segundos y analiza si el impulso por comer es cuestión de hambre física o hambre emocional. Si te ha llegado de forma repentina, y tienes en mente un tipo concreto de alimento, probablemente no es una necesidad real  de tu cuerpo físico.

Habla contigo mismo y pregúntate si realmente tienes hambre. Piensa en tu última ingesta y averigua si es necesario dotar a tu cuerpo de más alimento.

Reconoce si sientes cansancio, estrés o aburrimiento en ese momento y es por ello que decides comer. Asimismo si estás trabajando o estudiando y notas de pronto un apetito voraz, plantéate que tal vez estés queriendo escapar de tus tareas del momento.