Actualmente debido al auge de las pulseras cuantificadoras y medidores, estamos muy atentos todos a la frecuencia cardiaca. Sin embargo, realmente pocos sabemos el método por el cual se mide ni mucho menos qué quieren decir los datos que nos ofrecen las pulseras. Por eso hoy indagamos algo más en la frecuencia cardiaca tanto por la manera de obtener resultados así como conocer en que niveles debemos preocuparnos respecto a ella.

¿Qué es la frecuencia cardiaca?

Yendo como de costumbre a una definición sin más, la frecuencia cardiaca (también conocido por sus siglas, FC) no es más que el número de latidos que nuestro corazón realiza en un minuto. Conforme a esto, podríamos entender ese número de latidos como el desempeño de nuestro corazón para bombear sangre a todo nuestro cuerpo. 

También conocida como pulso cardiaco, será tomado en muchas ocasiones en reposo, siendo un excelente indicador para conocer el nivel de desgaste físico que tengamos en nuestro cuerpo. Sin embargo, ¿por qué lo cuantificamos por norma general durante el desempeño físico?

¿Qué frecuencia cardiaca debería tener en reposo?

Una vez hemos presentado la frecuencia cardiaca, la gran pregunta será conocer cual es el ratio de pulsaciones estándar para una persona sana. Para ello, habrá que pensar que a un mayor número de pulsaciones en reposo, tenderemos a tener un mayor desgaste del corazón. Ante esto, lo común según expertos será estar en reposo de unas 50 a 100 pulsaciones al minuto.

Cada persona es un mundo, desde luego, pero conocer tanto tu frecuencia cardiaca en reposo como tu frecuencia cardiaca máxima te hará conocer más aún tus límites en el desempeño físico y tu salud cardiovascular.

Hombres en carrera continua

¿Cómo la mido?

En la actualidad ya hemos comentado que las pulseras cuantificadoras son algo común y accesible, y en su amplia mayoría nos miden la frecuencia cardiaca de una manera muy sencilla desde nuestra muñeca. Sin embargo, desde siempre han existido métodos manuales para medir nuestro pulso sin mucha complicación.

Para medirla sin ningún aparato electrónico simplemente necesitaremos colocar los dedos índice y corazón en una zona donde podamos reconocer la arteria fácilmente. El cuello o la muñeca serán los lugares más comunes. Una vez detectemos el riego sanguíneo, solo nos queda contar las repeticiones, preferiblemente en medio minuto. Las que nos dé, las multiplicamos por dos, y tendremos nuestra frecuencia cardiaca.

De lo contrario si te es complicado, en cualquier farmacia pueden medírtela de una manera más profesional, o recurrir a un pulsímetro o una pulsera cuantificadora. Así evitarás cálculos imprecisos.

La importancia de la FCM

Una vez hemos repasado y valorado la importancia de la frecuencia cardiaca en reposo, será momento de valorar la FCM, siglas de frecuencia cardiaca máxima. Saber el máximo desempeño al que podemos llegar y valorarlo para no sobrepasarnos será de gran ayuda. Solo así podremos maximizar nuestro esfuerzo físico, aunque siempre se recomienda que sea un experto el que evalúe y haga el estudio de tus latidos.

Hay quien dice que restando nuestra edad a 220 podemos obtener la FCM, aunque nos parece un estudio no del todo fiable. Nuestro consejo es realizar con asesoramiento una serie de carrera continua o cinta por niveles donde estemos siempre medidos por un pulsómetro.

En estos tests, avanzando progresivamente en esfuerzo y con ello el ritmo cardiaco, en unos veinte minutos podremos valorar nuestro desempeño máximo, el cual deberemos tener en cuenta desde ese momento a la hora de hacer ejercicio. Es una fórmula más fiable que cualquiera manual, y en estos casos la precisión es clave.

No te obsesiones con la frecuencia cardiaca

Por último, habrá que destacar que a día de hoy la obsesión por la frecuencia cardiaca es exagerada. Hay quien piensa que es cosa de deportistas de élite y tampoco es eso, pero también es verdad que nada ganamos mirando la pulsera cada cien metros de una tirada de running para ver como andamos de ritmo cardiovascular.

Sí recomendamos conocernos mejor, y valorar qué nivel de pulsaciones tenemos en reposo, al mismo tiempo que saber cual es el desarrollo mayor de nuestro corazón. Una vez lo conozcamos podremos entrenarnos conforme a eso, pero nunca tener una distracción extra. Tú sabes hasta donde llegar, y de vez en cuando la frecuencia es una ayuda, pero evita estar pegado al reloj. No es del todo necesario.