Michael Jordan sigue siendo una leyenda del baloncesto, pese a anunciar su tercera retirada en 2003. Con la mirada aún puesta en la reciente pérdida de Kobe Bryant, Netflix se decanta por conocer en profundidad la historia de mítico 23, contada por él mismo. Cada lunes se estrenarán dos capítulos, de aproximadamente una hora, en los que se analiza todo lo que rodeaba a la estrella del basket. ¿Terminará haciéndonos cambiar la estima que le teníamos al jugador?

El documental es interesante, más allá de poder revivir jugadas impensables para un chaval de 20 años. Conoceremos mucho del negocio de fichajes y rencillas entre jugadores y entrenadores. Te guste el baloncesto o no, debes verlo.

Episodio I

Con un vaso de whisky y un puro en mano da comienzo The Last Dance. Michael venía de una familia común, tenía una estatura poco resultona (1’98m) y no estaba muy seguro de querer profesionalizarse. Aceptó una beca para jugar al baloncesto en la Universidad de Carolina del Norte, mientras se especializaba en geografía. Lo nombraron el mejor jugador universitario del año y luchó para presentarse a los Draft de la NBA. Todo parecía ir rodado hasta fichar por los Chicago Bulls.

El equipo había sido una unión en todo momento, nadie destacaba por encima, hasta la llegada de Michael. Era la gran estrella y así lo demostró en cada partido que disputaba. No todo el mundo tenía acceso a un partido de los Bulls, por lo que Michael Jordan se comprometía a jugar todos los partidos de la mejor manera posible. Seguramente, entre el público había alguien que acudía a verlo por primera vez.

Jordan era comprometido con su talento y se sacrificaba para mejorar. En el primer episodio cuenta cómo fue la primera vez que entró en la habitación de sus compañeros y vio un abuso de drogas y alcohol. No era su mundo, él solamente quería jugar y descansar. Nada más. «Si hacían una redada en ese momento y nos pillaban, yo iba a ser igual de culpable que ellos, así que me fui«.

En el primer episodio se desvela de dónde viene el famoso término que da nombre al documental, pero preferimos no hacerte spoiler de lo que será el gran hilo conductor.

Episodio II

Scottie Pippen era un apoyo fundamental para Jordan. En este segundo episodio se cuenta la dura realidad de un jugador de baloncesto admirado por todos, pero que tuvo que huir de su familia. Su padre se quedó en silla de ruedas después de sufrir un repentino accidente, justo después de que uno de sus hermanos sufriera la misma desgracia. Pippen necesitaba salir y triunfar, y lo logró.

El mayor problema al que se enfrentó fue un largo contrato con un bajo salario (para la figura que era). Quizá sus ansias (y un mal asesoramiento) por jugar en la NBA le hizo firmar un contrato de 7 años por 8 millones de dólares. Los expertos aseguran que podría haber ganado nueve veces más de lo que tenía en su contrato, así que Pippen hizo lo impensable para que se modificase su cláusula. Aprovechó una lesión para operarse en plena temporada, en lugar de esperar a verano para poder recuperarse sin afectar al equipo.

Jordan asegura que se equivocó, y que debió esperar. Algo parecido a lo que le pasó a él con la famosa lesión que le hizo abandonar unos meses. Los médicos le pidieron que guardara reposo después de la operación, pero Michael quería estar listo para cuando llegara su momento, y entrenaba una hora y media cada día. Quiso convencer a su equipo de que podía jugar perfectamente, pero tan solo permitieron que lo hiciera 7 minutos de cada tiempo. Si su tiempo terminaba en mitad de una jugada, debía retirarse.

Conforme pasa el tiempo, vemos madurar a Michael Jordan hasta rozar la arrogancia. Sabía que era el mejor de la NBA. ¿Cambiará nuestro concepto después de terminar el documental?