Si hay un gran enemigo de las sesiones de levantamiento de peso con mancuernas o barra en un gimnasio, o de actividades como la calistenia son los callos en las manos. Las durezas y pompas son algo que nos va a acompañar con toda seguridad, y que pueden dificultar la actividad deportiva haciendo el agarre más que complicado.

Aunque sí es verdad que no es una dolencia muy preocupante, hemos de pensar siempre que gracias al agarre que hacemos con las manos podemos levantar peso y usar determinadas máquinas. Tener nuestras manos en un estado pobre puede llevar a caídas de la mancuerna o latigazos con el peso que provoquen daños mayores. Por ello, hoy te recomendamos cinco remedios caseros para acabar con esas durezas incómodas, y que tus manos recuperen una apariencia saludable.

Piensa en unos guantes

Hemos de reconocer que este primero no es del todo un tip casero pero es también básico. Pese a que haya gente que no le convenza ya que pierden adherencia con el peso que van a levantar, sí es cierto que unos buenos guantes hacen una gran labor de prevención ante los callos.

Guantes hay en el mercado una infinidad, y su coste no tiene por qué ser elevado, de manera que no contar con unos es un absurdo. Recordando siempre que sean de tu talla, no te incomoden, y sobre todo no lleguen a dificultar la circulación, los guantes no serán mágicos, pero sí servirán de parapeto entre el agarre de la máquina y tú, reduciendo las durezas de las manos con total seguridad.

Hazte con una piedra pómez

Ahora sí, vamos con remedios propiamente dichos. El primero, no es más que adaptar el mecanismo que se suele realizar para exfoliar los pies a nuestras manos. Con el uso de una piedra pómez (piedra de origen volcánico que hará las veces de lija en las durezas) y agua caliente, terminaremos por limar las durezas y acompañarlas de calor y crema hidratante. Os explicamos los pasos para una exfoliación perfecta:

  • Primero toma un recipiente amplio donde te quepan ambas manos, y llénalo de agua templada con un poco de sal y vinagre. Si lo quieres acompañar de algo de jabón o similar para que obtenga buen olor, adelante.
  • Deja las manos unos diez minutos en remojo, y al sacarlo frota con movimientos suaves las durezas con la piedra pómez. No fuerces hasta poder hacer daño y generar sangre. El agua ha dejado las durezas más blandas, solo con movimientos suaves podrás acabar con ellas.
  • Vuelve al recipiente y ten las manos en remojo otros cinco minutos.
  • Finalmente acuérdate de secar las manos y de aplicar algo de crema para terminar de hidratar. Tus manos estarán como nuevas.

Pasta de bicarbonato

El bicarbonato no ayuda a las agujetas

Otro de los remedios caseros para los callos de las manos está al alcance de cualquiera y los utensilios que tenga en casa. Y es que solo necesitamos tres cucharadas de bicarbonato sódico, una cucharada sopera de agua y entremezclar todo. Obtendremos una pasta que aplicaremos en las durezas como si de una pomada se tratara.

Dejándolo actuar durante unos quince minutos, notaremos su efecto exfoliante en las durezas con toda seguridad. Luego aclara con agua fría y observa sus efectos. Sencillo y efectivo.

Pasta de aspirina y limón

Volvemos a las pastas, aunque esta aprovechará el efecto antiinflamatorio de la aspirina y la acidez del limón. El proceso de creación es muy similar al anterior, y precisaremos solo de cinco aspirinas, media cucharada de zumo de limón y una cucharada pequeña de agua. Mezclando todo, tendremos una pasta que en este caso se aplica de manera distinta.

Para su aplicación, tomaremos una toalla que hayamos calentado previamente, bien planchándola o habiéndole aplicado agua caliente. Aplicamos la pasta en las manos y dejaremos diez minutos la toalla envolviendo ambas manos. Al acabar, enjuágalas con agua tibia. Notarás los efectos.

Manzanilla

Por último, concluimos con una hierba clásica como remedio casero. La manzanilla no solo sirve para quitar orzuelos en los ojos, sino que tendrá buen uso de cara a los callos. Es un potente antiinflamatorio, y por ello de su uso.

La aplicación no puede ser más sencilla: prepara una manzanilla, déjala enfriar hasta que esté tibia, y mete tus manos dentro diez minutos. Notarás el efecto suavizante de la manzanilla nada más sacar las manos.