Usar sal en las comidas es algo común para darle sabor. Lo cierto es que es hábito que podemos ir reemplazando por especias o sal rosada, pero aun así te vamos a contar las diferencias entre la sal marina y la sal común. ¿Cuál usas en tus recetas?

Es común ver en los supermercados distintos tipos de sal dependiendo del origen que tengan. Lo más conocidos son la sal marina y la sal común.

¿Qué es la sal marina?

Es un tipo de sal que usamos en su forma original. No sufre procesos químicos, sino que se consume después de haberse evaporado el agua del mar. Es conocida por tener muchos beneficios para la salud, sobre todo para la piel.

Su sabor es mucho más intenso y basta muy poca cantidad para dar sabor a nuestros platos. Es un punto destacable, ya que muchas veces nos excedemos con el consumo de sodio. Así que con menos cantidad estaremos dando sabor de igual manera.
Su color es un poco más oscuro que la sal de mesa, debido a que la consumimos de manera natural y está menos refinada que la otra. Además, contiene muchos más minerales y oligoelementos, así como un alto contenido en yodo.

Minerales principales

Ty cuerpo necesita minerales para funcionar correctamente. Apoyan tu sistema inmunológico y ayudan en el crecimiento y desarrollo normal de su cuerpo. Los minerales principales son aquellos que tu cuerpo necesita en cantidades de 100 miligramos o más por día. Dependiendo de la fuente original de agua de mar, los principales minerales que se encuentran en la sal marina incluyen sodio, potasio, fósforo y calcio. El sodio ayuda a equilibrar los fluidos de tu cuerpo y es necesario para la contracción muscular adecuada. El potasio ayuda a mantener un ritmo cardíaco constante y ayuda a transmitir los impulsos nerviosos. El fósforo y el calcio son cruciales en el desarrollo y la protección de huesos y dientes fuertes.

Además, el cuerpo requiere oligoelementos en cantidades muy pequeñas. Dependiendo de la fuente, los minerales traza importantes que se encuentran en la sal marina incluyen hierro, yodo, manganeso y zinc. El hierro ayuda a los glóbulos rojos y las células musculares a transportar oxígeno por todo el cuerpo. El yodo es parte de la hormona tiroidea y ayuda a regular la temperatura de tu cuerpo. El manganeso contribuye al desarrollo adecuado de los huesos y también ayuda en el metabolismo de los aminoácidos y los carbohidratos. El zinc juega un papel importante en el desarrollo de nuevas células y en la curación de heridas.

¿Y la sal común?

La sal de mesa o común es el resultado de un proceso químico, concretamente del cloruro de sodio. Contiene minerales como el potasio, magnesio o yodo, pero no las propiedades naturales de la sal marina.
Es un tipo de sal refinada y puede provocar que se consuma mucho más de lo que necesitamos realmente. Es decir, su tamaño es minúsculo y muy fino en comparación con la marina, por lo que podemos caer en el abuso. Y ya sabéis que un alto consumo de sodio puede derivar en enfermedades.

¿Debemos usar sal en nuestras comidas?

En realidad no. Da igual qué tipo de sal consumamos, lo ideal es reducir su ingesta hasta casi ni tomarla. Los alimentos tienen presente sales naturales, por lo que las especias pueden paliar ese «poco sabor» de tus comidas. Nos hemos mal acostumbrado al sabor del cloruro de sodio y no apreciamos el sabor de las comidas, tal y como pasa con el azúcar.

¿Eres de los que le echas sal a la cocción de la pasta? Bastaría con leer el etiquetado nutricional para ser conocedores de que ya contiene sal. No es necesario agregar más, así que evita tener un alto consumo.