Es bien sabido que fumar suprime el apetito, pero poco sabíamos sobre por qué los fumadores que dejaban este vicio engordaban. Muchos aseguran que controlan su alimentación después de dejar el tabaco, pero no entienden por qué aun así ganan unos kilos de más. Un estudio elaborado por la Universidad de Michigan ha querido corroborar el hecho y los motivos que lo causan.

La clave parece ser un tipo de grasa, denominada beige, la cual es capaz de quemarse y desaparecer rápidamente al igual que disminuir la acumulación de grasa blanca. Una de las sustancias del tabaco es la encargada de estimular las células de la grasa beige para consumir energía y perder peso.
Es normal que sea la primera vez que lees sobre este tipo de tejido adiposo. La grasa beige se puede activar más rápidamente que la blanca por factores como el frío o por la actividad física. Aunque no es la única causa de ese aumento de consumo de energía; según el estudio, el metabolismo de los fumadores es diferente.

Fumar no es beneficioso

En ningún caso se quiere concluir con que fumar aporte algún beneficio a nuestro cuerpo. Jun Wu, una de las autoras del estudio comentaba que “el descubrimiento de que la nicotina activa el programa termogénico en los adipocitos beige a través de CHRNA2 debe sugerir nuevas soluciones a través de vías periféricas para eludir el aumento de peso que va asociado a dejar de fumar“.

Jun Wu cree que “cuanto más podamos restringir el camino preciso para activar la grasa beige, más posibilidades tendremos de hallar una terapia efectiva para nuestra salud metabólica que no conlleve efectos secundarios“. Así que espera que investigaciones posteriores podrían sacar provecho de este descubrimiento para crear fármacos que luchen contra la obesidad o el síndrome metabólico.

En resumen, los fumadores que aumentan de peso al dejar de fumar, aún cuidando su alimentación, es debido a la nula estimulación de la CHRNA2. Evidentemente, si no has fumado nunca, no tendrás este rebote. El cuerpo busca la normalidad y dejar de fumar requiere otorgarle un tiempo para que nuestro cuerpo de “estabilice”, aunque nunca volverá a ser como antes.