Los deportistas enfrentan, a lo largo de su carrera, muchas situaciones de tensión. Por ello, desarrollar la inteligencia emocional es imprescindible para poder disponer de una buena calidad de vida en el terreno de juego. Si eres deportista, profesional o principiante, tal vez deberías hacerte la siguiente pregunta: ¿sabes gestionar el fracaso correctamente?

Los deportistas, están continuamente expuestos a una gran presión. Los deportes de competición exigen una entereza muy importante para saber llevar las emociones de cada momento, sin que éstas les sobrepasen. Momentos de nervios antes del gran día, incertidumbre, impaciencia, convencimiento, inseguridad, temor… son algunas de las emociones que les envuelve.

Los deportistas profesionales viajan constantemente entre momentos de inmejorables resultados y otros de incapacidad para superarse a sí mismos. Las expectativas y esperanzas depositadas en su trabajo, hacen que, a menudo, se enfrenten a momentos muy complicados.

Saber gestionar la victoria, pero no el fracaso

Existen aquellos que disfrutan enormemente de una victoria y, en cambio, se les dificulta gestionar una derrota. Y es que la asociación entre derrota y fracaso tal vez sea errónea. La derrota forma parte de la vida de cualquier deportista, incluso de cualquier trabajador dentro de su ámbito de negocio. Las cosas no siempre salen bien y hay que estar preparados, tanto para el triunfo, como para la derrota; pues ésta no es más que una parte importante de la actividad que desarrollamos.

¿Cómo aprender a gestionar el fracaso?

En primer lugar, deja de asociar las derrotas en un momento dado, con el fracaso general. Ser derrotado en un partido, una carrera o una competición te convierte en el perdedor de esa prueba, no en un deportista fracasado. Por ello, asimilar el tópico de “unas veces se gana y otras se pierde” es imprescindible; principalmente porque es una verdad irrefutable.

Por otro lado, cuando perdemos, o no llegamos a ser la versión que esperábamos de nosotros mismos, es muy importante hacer un balance de resultados. Entender en qué hemos fallado y las circunstancias que nos envuelven, nos ayudará a realizar esos pequeños cambios que nos llevarán al triunfo.

Debemos aceptar que ser derrotados hoy, es una fuerza que nos impulsa a ser mejores cada día, no a tirar la toalla. Los mismo ocurre con esa persona que decide empezar a hacer ejercicio porque quiere perder peso y sentirse saludable. Tal vez cuando se enfrente a una báscula y observe que no ha perdido tanto peso como esperaba o que, incluso, lo ha ganado, se sienta muy frustrado. Y tiene dos opciones: por una parte, dejar de entrenar porque no está consiguiendo su objetivo o insistir hasta lograrlo; hacer balance de lo que ha ocurrido y cambiar aquello que debe ser modificado hasta lograr ser la mejor versión de sí mismo.

Sea cual sea tu situación, si quieres puedes. Una derrota no es un fracaso, es una oportunidad de remontar. Asimila que forma parte de la vida y sigue adelante con toda la fuerza de la que dispones.