Una alimentación saludable empieza cuando vamos al supermercado a hacer la compra. Es altamente difícil crear platos nutritivos y sanos, si cuando compramos tan solo nos fijamos en los productos precocinados o repletos de azúcar y grasas. Te vamos a dar algunos consejos para que sepas realizar una compra saludable, sin mucho quebradero de cabeza.

Si no lo compras, no lo comes

Parece una obviedad, pero comprar de forma saludable nos hará tener una mejor dieta. La mayoría de los productos deberán ser frescos para poder realizar recetas con un buen valor nutricional, por lo que es necesario que en tu lista de la compra te centres en todos los alimentos primarios que necesitas.

¿Y no hay caprichos? Puede haberlos, pero que manera casi inapreciable y de forma limitada. Ya que vas a pecar, intenta hacerlo con cabeza y pensando en qué productos pueden aportarte más nutrientes. Es decir, unas galletas podrán saciarte más que una tableta de chocolate blanco. Sus valores nutricionales no tienen nada parecido.

Leer el etiquetado también te ayudará a decantarte por un producto u otro. En este artículo te enseñamos a leer las etiquetas nutricionales e interpretar el listado de ingredientes.

Establece prioridades

A continuación te vamos a detallar lo que más debería abundar en tu carrito de la compra, según la pirámide nutricional y centrándonos en una dieta equilibrada.

  • Impresindible. Frutas, verduras, hortalizas, legumbres, frutos secos, carnes magras, semillas, pescado, huevos, cereales integrales.
  • Importante. Especias, chocolate 80%, lácteos, vegetales y frutas congeladas, café o té, infusiones, pan integral, aceite de oliva virgen extra, quesos, carnes rojas.
  • A evitar. Azúcar, productos ultraprocesados, refinados, bebidas alcoholicas y refrescos, zumos, embutidos, cereales de caja, edulcorantes, comida precocinada y congelada, comida rápida…

Opta siempre por los productos frescos y de temporada, así te asegurarás de estar haciendo una compra bastante saludable. Lleva siempre una lista y cíñete a ella. Por supuesto, no vayas al supermercado con hambre o acabarás pecando.