Las redes sociales han tenido un gran impacto en nuestra percepción sobre el estilo de alimentación y las dietas. Cada vez son más los restaurantes que incluyen platos saludables, y los supermercados que se interesan por las etiquetas real food. Estamos en una era en la que un influencer de la nutrición sube una foto de un pan integral o una crema de cacahuetes, y a las pocas horas se han agotado las existencias.

Ahora, muchos bromean con el movimiento realfooding, y hasta sus seguidores se denominan como realfoodies. Esto no es más que comer «comida real». ¿Es quiere decir que llevamos años comiendo comida «irreal»? En lugar de traducirlo literalmente, este movimiento (o estilo de vida) se refiere a consumir alimentos naturales y frescos, y evitar todo tipo de ultraprocesado. Uno de sus grandes predicadores es Carlos Ríos, que ha lanzado su propia aplicación para ayudar a concienciar a la gente.

¿Hemos estado tomando comida irreal?

Como decíamos antes, no es necesario realizar una traducción tan literal. Algunos gurús de la alimentación rechazan cualquier tipo de producto ultraprocesado porque aseguran que no aportan un buen valor nutricional. La mayoría de la población se alimenta de productos precocinados, con alto contenido en azúcares y aceites de mala calidad. Ser ingenuo en este caso no beneficia a tu salud.

La real food se basa en el tipo de alimentación que han llevado nuestros abuelos: comida real cocinada en casa. Eliminar los ultraprocesados de la alimentación es necesario para mejorar la salud, además de para entender cómo debes alimentarte. Algunas personas se acogen a la famosa frase de «consumir con moderación», pero no basan su dieta en alimentos saludables.
En un mundo ideal, los ultraprocesados deberían tomarse de manera ocasional. ¿Son veneno? Tampoco hay que exagerar, puesto que si te tomas un donut no vas a morir. El problema está en hacer de esto un hábito y tomarlo con gran frecuencia. Aun así, en el movimiento Real Food no se prohíbe nada, tan solo se dan recomendaciones saludables.

Ultraprocesado, buen procesado y comida real

Esos tres son los grandes pilares de este tipo de alimentación. Aprender a diferenciar unos y otros no es tan sencillo para personas que ni siquiera son conscientes de lo que están comiendo.

La comida real está compuesta por todos los alimentos frescos y naturales que no han tenido ningún tipo de proceso de fabricación que haya empeorado su valor nutricional. Por ejemplo: las verduras, frutas, frutos secos, legumbres, cereales integrales, pescados, mariscos, carne, huevos, leche fresca o café.
En cambio, un buen procesado sería aquel que ha pasado por un proceso artesanal o que no ha influido en sus propiedades saludables. En los envases, tendrás que fijarte que tan solo contienen entre uno y cinco ingredientes, además de no contener apenas harina refinada, azúcar o aceites vegetales de mala calidad. Algunos ejemplos serían: pan integral, lácteos fermentados, aceite de oliva virgen extra, chocolate negro, legumbres de bote, latas de conservas, jamón ibérico o comida real congelada.

Por último, nos encontramos con los ultraprocesados, que son justo lo opuesto a la comida real. Podríamos decir que son preparaciones industriales creadas a partir de alimentos, con varios procesos y que no aportan efectos positivos a la salud. Lo habitual es que contengan más de cinco ingredientes, y que destaque su contenido en azúcar y otros químicos. Cuando hablamos de ultraprocesados, estamos pensando en bebidas azucaradas, zumos envasados, bollería, galletas, cereales refinados, golosinas, productos dietéticos, pizzas industriales, bebidas energéticas, salsas…

¿Por qué es mejor huir de los ultraprocesados?

Además de para estar más sano y lucir un mejor aspecto, es conveniente evitar este tipo de productos porque son ricos en azúcares añadidos, sodio, harinas refinadas, grasas saturadas y aditivos. Es normal que tengan un alto contenido en calorías y sean pobres en nutrientes y fibra. Seguramente te hayas dado cuenta de que son hiperpalatables, incitando a comer más e inhibiendo nuestros mecanismos de saciedad.
Aunque parezcan más fáciles de consumir y los encontremos con mayor disponibilidad en nuestro entorno, no está relacionado con que sean más saludables.