Tanto si llevas un estilo de vida saludable, como si quieres empezar a cuidarte, deberías plantearte cómo afecta el alcohol en tu organismo cada vez que lo consumes. No hay falta tener una adicción para que esta droga blanda provoque efectos nocivos en ti.
Suele ser complicado evitarlo ya que, a pesar de ser una droga, está muy aceptada culturalmente y quedas de “rarito” cuando pides un refresco o una cerveza sin alcohol en vez de un cóctel.

¿Qué es el alcohol y cómo se produce?

El etanol es un líquido incoloro y de olor suave que suele obtenerse de la fermentación del azúcar. Esta sustancia siempre ha estado presente en el consumo de los humanos desde tiempos prehistóricos. Ya sea por factores higiénicos, dietéticos, medicinales, religiosos y de ocio.

Es una droga psicoactiva que provoca numerosos efectos secundarios que más adelante te contaremos. Lógicamente, juega un papel muy importante la cantidad de alcohol ingerido, como también la situación. No es lo mismo tomar una copa con el estómago vacío que lleno, ya que de esta última manera los efectos serán menores.

Como comentábamos antes, el alcohol suele adquirirse por la fermentación del azúcar, aunque también existen métodos artificiales como la destilación.

El vino y la cerveza se consigue a través del azúcar. Es decir, se dejan fermentar las frutas o los cereales y el azúcar se acaba transformando en alcohol. Dentro de lo malo, este podría ser el menos dañino para nuestro cuerpo.
Por otro lado tenemos las bebidas destiladas, que lo que usan son medios artificiales para aumentar la concentración del alcohol de una bebida. Serían, por ejemplo, la ginebra, el ron, el whisky o el vodka.

¿Cómo actúa nuestro cuerpo frente al alcohol?

Cuando el alcohol entra, a los 10 minutos nuestro sistema lo detecta y lo clasifica como un veneno que no puede almacenar y que hay que eliminar. A los 20 minutos empezaremos a notar los primeros síntomas como felicidad y problemas al hablar. A los 45 minutos, tu sangre contendrá un alto porcentaje de etanol y a los 60 minutos acabarás yendo al baño para orinar.

Efectos del alcohol

Existen dos grandes grupos para diferenciar los efectos que nos provoca: a corto y a largo plazo.

  • A corto plazo. Son los que más rápido notamos y conocemos de ante mano. El habla confusa, la somnolencia, problemas digestivos (vómitos y diarrea), disminución de la cordinación y la percepción de la realidad, distorsiones visuales y auditivas, lagunas mentales, dificultad al respirar, etc…
  • A largo plazo. Al sufrirlos de manera lejana, no caemos en consideración del daño que nos produce esta sustancia. El alcohol daña de manera irreversible las células cerebrales, puede causar cáncer de estómago y provoca una acumulación progresiva de grasa en el hígado (hígado graso). Además nos lleva a la desnutrición, nos amarillea la piel y nos puede inflamar el esófago y las paredes del estómago.

¿Por qué es más nocivo para las embarazadas?

El consumo de alcohol durante el embarazo está prohibido en casi su totalidad. Quizá haya médicos que te permitan tomarte una copa de vino muy de vez en cuando, pero lo más aconsejable es no tomarlo. Como ya comentamos en el artículo de la alimentación de las embarazadas, estás formando una vida a través de los nutrientes que ingieres. ¿Verdad que no harías tu casa de cartón? Pues pasa exactamente igual, debemos darle unos cimientos fuertes a nuestro bebé.

Su consumo puede provocar en el feto el síndrome alcohólico fetal. Sus síntomas se manifiestan en:

  • El retardo de crecimiento. El aumento de peso en estos niños es más lento que el crecimiento normal. También, el desarrollo postparto del cerebro es deficiente en muchos de ellos, como se puede observar por la circunferencia craneal reducida. Asimismo, la mayoría presentan un retraso destacable en el desarrollo o deficiencia mental.
  • Alteración en los rasgos cráneo-faciales. Rostro ancho y achatado, con unos ojos con pliegues epicantales y una nariz corta respingona.
  • Malformaciones cardíacas, hepáticas, renales y oculares.

¿Afecta también a los adolescentes?

En cuanto a menores de edad, principalmente adolescentes, es cada vez más normal verlos introducirse en el mundo del alcohol debido a la curiosidad que les provoca. Los responsables de un menor no deberían hacer bromas ni permitirles que con 10 años prueben una cerveza o una copa de vino. Ya hemos visto los factores negativos que tiene sobre nuestra salud, imaginaos sobre una persona que está en fase de crecimiento y desarrollo.

Cuando un niño empieza a beber antes de los 14 años, es mucho más proclive a convertirse en un bebedor crónico o problemático. Uno de cada cinco adolescentes se consideran bebedores problemáticos. Es decir, no son capaces de controlar el consumo, tienen problemas con la ley o con su entorno y pueden llegar a tener accidentes.

Alternativas a la hora de beber

Si aún así quieres darte el “capricho” de tomarte una copita de vez en cuando, te vamos a dar unos pequeños consejos:

  • Bebe un vaso de agua entre copa y copa. Tanto si es cerveza, vino o bebida destilada, lo mejor que puedes hacer es beber un vaso de agua para evitar la deshidratación que provoca el alcohol. Además, esto será un plus para no pasar tan mala resaca al día siguiente.
  • Pásate a los refrescos zero. Si vas a pedirte un combinado, usa mejor refrescos son cero azúcares para no incrementar las calorías vacías.