Estamos en plena temporada de resfriados y gripe por una razón: ambos virus se propagan durante el otoño, el invierno y principios de la primavera y, a menudo, puede ser difícil saber lo que realmente tienes.

Pero siempre vale la pena analizar más de cerca los síntomas cuando te sientes mal, porque los resfriados y la gripe plantean diferentes riesgos para la salud y, en algunos casos, es posible que deban manejarse de manera diferente.

Resfriado vs gripe: ¿Cuál es la diferencia?

El resfriado y la gripe son enfermedades respiratorias que tienen mucho en común. Ambos son causados por virus, son fáciles de contraer cuando entras en contacto con una persona infectada y desencadenan síntomas similares.

Pero son distintos de dos formas importantes; por ejemplos, la gripe tiende a afectarte mucho más. Si tienes un resfriado, puedes sentirse un poco mal. Pero la influenza generalmente causa una constelación más severa de síntomas que dificultan tu día.

Además, la gripe presenta un riesgo mucho mayor de complicaciones, especialmente para aquellos que tienen más de 65 años, tienen una condición de salud crónica como diabetes o asma, están embarazadas o tienen menos de 5 años.

Aunque la mayoría de las personas sanas se recuperan sin problemas de un caso de gripe, el virus tiene el potencial de causar neumonía, así como inflamación del corazón, el cerebro o los músculos e incluso respuestas inflamatorias extremas que pueden provocar sepsis.

Por otra parte, los resfriados rara vez causan contratiempos graves. Pero la gripe podría llevarte al hospital e incluso poner en peligro tu vida.

¿Cómo detectar los síntomas?

Ese primer cosquilleo en la nariz o en la garganta suele indicarte que se está gestando algo en tu interior. Pero saber si estás lidiando con un resfriado o una gripe no siempre es sencillo.

La diferencia general entre los dos síndromes es la gravedad. Probablemente puedas pasar el día con un resfriado. Pero la gripe puede dificultar incluso levantarte de la cama.

Algunos síntomas también son más comunes con un virus que con otro. Tanto los resfriados como la gripe pueden causar síntomas respiratorios como tos o malestar en el pecho, estornudos y dolor de garganta. Pero es más probable que la gripe también afecte al resto de tu cuerpo, con cosas como fiebre, dolores, escalofríos, dolor de cabeza y una sensación general de debilidad.

Y la nariz que moquea y congestiona tiende a afectar principalmente a las personas con resfriados. Los resfriados tienden a desarrollarse gradualmente en el transcurso de un par de días, mientras que los síntomas de la gripe suelen golpearte de repente.

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¿Cómo tratar el resfriado y la gripe?

No existe cura para ninguno de los dos, por lo que cuando estás enfermo, se trata de controlar tus síntomas y hacerlos un poco menos miserables. Ambas infecciones son causadas por virus y no responden a los antibióticos.

El descanso es la mejor opción para una pronta recuperación. Quédate en casa, tómate un descanso del ejercicio y duerme todo lo puedas. Mantenerte hidratado también es imprescindible, pero si no soportas el agua fría, bebe jugo, caldo claro o agua tibia con miel y limón. Mantener la ingesta de líquidos es muy importante para prevenir la deshidratación.

Si tienes fiebre o dolor, los medicamentos de venta libre como el ibuprofeno o el acetaminofeno pueden ayudarte a bajar la temperatura y hacer que te sientas más cómodo en general.

Un enjuague de los senos nasales pueden aliviar la congestión nasal y la presión de los senos nasales, mientras que los supresores de la tos que contienen dextrometorfano pueden ayudarte notoriamente. Y si tienes la garganta irritada, intenta hacer gárgaras con agua tibia mezclada con un cuarto o media cucharadita de sal.

¿Cuándo dejas de ser contagioso?

Ambos suelen desaparecer en una o dos semanas. Y sabrás que el virus está desapareciendo simplemente por cómo te sientes. Aún así, vale la pena ser suave contigo mismo hasta que te recuperes por completo y minimizando el contacto con los demás hasta que ya no corras el riesgo de propagar gérmenes.

Sabemos que aquellos con los síntomas más severos de tos y fiebre son los más contagiosos. Por otro lado, una vez que te sientas mejor y tu fiebre haya desaparecido durante al menos 24 horas, ya no es probable que seas contagioso.

Todo eso podría sonar bien en teoría. Pero, ¿qué pasa si estás lidiando con el final de un resfriado que simplemente no desaparece? ¿Deberías quedarte en casa solo porque tienes la nariz ligeramente tapada?

No hay una respuesta correcta o incorrecta, sobre todo en la era de COVID-19. Pero si necesitas salir antes de que los síntomas del resfriado hayan desaparecido por completo, sigue las buenas prácticas de higiene. Lávate las manos, estate más atento al usar tu mascarilla y mantén cierto distanciamiento social.

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Diferencias con COVID-19

Hace poco, la mayoría de nosotros tendíamos a ver los resfriados y la gripe de manera un poco diferente. Aunque la fiebre o la tos seca eran una causa para mantenerte alejado de los demás, la nariz tapada o la garganta irritada probablemente no te hubieran impedido salir al supermercado o incluso a trabajar.

Todo eso cambió, ahora los síntomas leves también podrían ser signos de COVID-19. Puede ser difícil diferenciar la gripe del COVID-19 basándote únicamente en los síntomas. Y muchos médicos recomiendan la prueba de COVID si una persona tiene algún síntoma.

Si crees que tienes algún síntoma pero no estás seguro de qué es, incluso si los síntomas son leves, quédate en casa y consulta a tu médico. En pacientes con una prueba de COVID-19 negativa, con ausencia de síntomas específicos de COVID-19 como pérdida del gusto y del olfato, si las personas tienen síntomas de resfriado, es razonable salir con la mascarilla, higiene de manos y distanciamiento social.