Estos son los peligros de la Dieta Cenicienta

Estos son los peligros de la Dieta Cenicienta

Carol Álvarez

Son muchas las personas que se están uniendo a seguir la dieta que tiene el nombre de una princesa Disney, sí, la Dieta Cenicienta. Desde hace tres meses se ha vuelto viral en redes sociales, con un claro origen japonés. Empezó a expandirse en Twitter, pero a día de hoy existen cuentas en Instagram en las que vemos cómo las chicas adelgazan de forma exagerada.

La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo) advierte de los peligros que tiene esta dieta para nuestra salud y alarma de la popularidad que alcanza ya en España. Con el rápido avance de las redes sociales y que parece que todo gira entorno a ellas, muchos padres se despistan y no entienden por qué sus hijos hacen lo que hacen, pero este tipo de dietas que derivan en trastornos alimentarios, sería conveniente que se conociera para saber actuar rápidamente.

¿En qué consiste la Dieta Cenicienta?

Partamos de que es una dieta nada recomendable, ni, aunque sea de forma temporal. Su poco aporte energético para afrontar nuestro día a día puede acabar derivando en anorexia. Siempre que se quiera perder peso, debemos aprender a comer y llevar una alimentación equilibrada; así lograremos los objetivos y nos será más fácil mantenerlos en el tiempo porque habremos adoptado esos nuevos hábitos.

El problema surge cuando las chicas (mayormente adolescentes) sueñan con tener un cuerpo ficticio, en el que las proporciones corporales son imposibles y propias de dibujos animados, como es el caso de la Cenicienta.

La Dieta Cenicienta nos dice que tenemos que llegar a alcanzar un índice de masa corporal (IMC) de 18, mucho más bajo que los valores recomendables de 18’5 y 24’9. Una vez más repetimos que esta medida no es útil para conocer si estamos sanos o no, hay que tomar en cuenta otra serie de parámetros como el porcentaje de grasa corporal.

Si llegamos a ese escaso valor del IMC, estaremos poniendo en peligro nuestra salud. Nos dará la cara con un excesivo agotamiento, anemia, dolor de cabeza, mareos, alteraciones en la menstruación y el ánimo, baja autoestima, osteoporosis, etc.

En realidad, no existen unas pautas nutricionales claras para seguir esta dieta, tan solo nos exigen comer menos por el simple hecho de adelgazar. Así que no estamos tampoco ante una dieta milagro en la que nos eliminan algún grupo nutricional, sino que esta «dieta» tan solo rinde culto a la delgadez extrema sin importar la salud.

Los trastornos de la alimentación muy comúnmente tienen su origen en regímenes extremos como este de la Cenicienta. Por lo que pedimos máxima atención en el caso en el que notemos que los adolescentes que tenemos a nuestro alrededor dejan de comer, se obsesionan con la pérdida de peso, se acomplejan, etc.

Una adolescente comiendo en la terraza

¿Las afectadas? Mujeres menores de 18 años

La mayoría de las afectadas por la Dieta Cenicienta son chicas en edad de desarrollo. Las redes sociales son un gran problema para aquellas personas que no saben diferenciar las fotos retocadas de la realidad.

Asociar la delgadez con la belleza corporal es algo que sigue existiendo, aunque cada vez menos. Aun así, hay chicas que piensan que este tipo de físico en la única manera de llegar a la aceptación social, dando igual lo peligroso que pueda ser para su integridad.

El estilo de vida saludable, el deporte y la alimentación equilibrada nos ayudan a estar en nuestro peso adecuado sin mucho esfuerzo. Los resultados tardan en llegar, es cierto y no los veremos de hoy para mañana, pero sí perdurarán en el tiempo sin hacer daño al organismo.

Tengamos en cuenta que una desnutrición puede provocar alopecia, sequedad en la piel, uñas quebradas, etc. Al final nos sentiremos frustrados por haber fracasado en el esfuerzo de no comer, ya que, aunque bajemos de peso, nuestro cuerpo tendrá una apariencia enferma.

Principales consecuencias

La dieta Cenicienta tiene una serie de consecuencias que conviene conocer si tenemos pensado practicar «ese estilo de vida» o sabemos de algún adolescente que lo está llevando a cabo o está interesado en esta dieta.

Para empezar, esta dieta tiene unas consecuencias muy serias que van desde la creación de un trastorno alimentario, cambios de humor, mal carácter, miedo a mostrarse en público, frustración, depresión y otros trastornos psicológicos graves, dificultad para socializar y relacionarse con otras personas (sobre todo de su misma edad), trastornos con la menstruación, déficit nutritivo, favorece enfermedades como la demencia, osteoporosis, infertilidad, alopecia, etc.

Este tipo de dietas tan duras y radicales pueden provocar fatiga crónica, e incluso llegar a debilitar el sistema inmune hasta un punto crítico. Una de las perores partes de la pérdida de peso rápida e insana es la pérdida de masa muscular, eso favorece las roturas de hueso y la falta de equilibrio al andar.

Es crucial cogerla a tiempo y concienciar a esa persona de que debe realizar un cambio consciente y seguro de sus hábitos alimenticios y hábitos de vida, en lugar de alcanzar un objetivo irreal que se refleja sobre un dibujo animado.

Alternativas a la dieta Cenicienta

Entre las principales alternativas a esta dieta que no tiene ni pies ni cabeza, recomendados hacer una visita a un dietista nutricionista independiente, nada de HerbaLife, NaturHouse y derivados. Aparte de hacer un chequeo de salud, para averiguar posibles causas del exceso de peso, en caso de que haya. Si no existe un problema de peso, sino de percepción de imagen, quizás sería recomendable reforzar la autoestima con la ayuda de un psicólogo especialista en adolescentes.

Si realmente existe un problema de peso, la dieta que nos indique el nutricionista, debe ir acompañada de una tabla de ejercicios semanal enfocada a nuestro objetivo y condición física. Recomendamos empezar poco a poco, con ejercicios de bajo impacto o impacto medio si no tenemos experiencia al hacer deporte. Recordemos que la dieta Cenicienta va enfocada a gente muy joven.

Lo más importante es concienciar al adolescente de que existen otros caminos más seguros y satisfactorios para lograr un objetivo, sin poner en riesgo nuestra salud física y mental. Ofrecerle apoyo e intentar entender por qué ha hecho lo que ha hecho y hacerle ver lo malo o el error que ha cometido.