Conocer el tipo de piel facial que tenemos es primordial para tener un correcto cuidado, tanto de higiene como cosmético. Es habitual ver en cremas, desmaquillantes o exfoliantes cómo los fabricantes separan sus productos según el tipo de piel (grasa, mixta, seca, sensible), al igual que también pasa con los productos para el pelo.

Si tú también tienes dudas sobre cómo es tu piel y cómo puedes cuidarla, te ayudamos a diferenciarlas.

Piel seca

Tener la piel seca es el sueño de todos aquellos que la tienen grasa, la realidad no es tan fantástica como parece. Si notamos la piel tirante, rígida, de fácil escamación o sin brillo, estaremos ante este tipo de piel. Es probable que tengan manchas, pecas y sean más tendentes a las arrugas, además de que suelen ser afectadas por los cambios climáticos.

¿Cómo detectar este tipo de sequedad? Usa una servilleta de papel y si no tienes rastro de grasa y tienes algunas de las características anteriores… ¡Bingo! Procura hidratarte bien con agua, y usa cremas para favorecer una piel más saludable.

Piel grasa

En contra posición al anterior tipo de piel, la grasa se identifica claramente por desprender grasa y ser brillante. Es común oír sobre la zona T (mentón, nariz y frente), que son las zonas más afectadas por los poros abiertos y las imperfecciones. Es un tipo de piel que se presta a parecer sucia, tener puntos negros y tendencia acneica.

No podemos convertirla en otro tipo de piel, pero sí podemos reducir sus problemas teniendo una higiene adecuada, exfoliando una vez a la semana, evitando productos con base oleica y limpiando especialmente cualquier producto de cosmética. Haz limpieza a las brochas de maquillaje y procura secarte la piel con toallas limpias o papel de cocina.

Piel mixta

Esta piel presenta una zona grasa (la T, igual que en el anterior caso) y el resto del rostro normal o seco. También tiene unos poros agrandados y suele ser tendente a sufrir acné en la zona grasa.

Piel normal

Quizá sea la perfección en cuanto a equilibrio entre grasa y tirantez. Es la más sencilla de cuidar, ya que no tendremos que estar hidratándonos especialmente ni haciendo limpiezas para evitar los poros negros. Tiene una textura regular, fina y suave y no tiene imperfecciones. Además, tiene un aspecto totalmente limpio sin tenernos que implicar demasiado.

No compres productos que no sean acordes a tu tipo de piel o estarás siendo contraproducente en el cuidado de la misma.