Seguro que, al terminar tu entrenamiento, lo primero que haces es ir a darte una buena ducha para eliminar sudores y mal olor. Pero una ducha no solo puede servirnos para limpiarnos, podemos llegar a aportar beneficios a nuestro cuerpo dependiendo de la temperatura del agua.

¿Eres de los que adora el agua fría o prefieres notar que casi quema tu piel? Es posible que la mayoría decida usar una temperatura de agua dependiendo de la climatología que haga en el exterior. Es decir, agua fría en verano y caliente en invierno. Nosotros vamos más allá y a continuación te vamos a explicar las virtudes que tiene cada una para que termines tu entrenamiento de forma redonda.

Ducha de agua fría

¿Qué es lo primero que se te pasa por la mente al pensar en tomar una buena ducha de agua fría? ¡En despertar a tu cuerpo! Efectivamente, el agua fría nos despierta los sentidos y nos aumenta la energía. Puedes tomar un baño normal, con agua templada, y los últimos 3-5 minutos tirar de agua fría para que el contraste de temperatura libere la fatiga corporal.

Tu circulación y respiración mejora considerablemente desde que cae el primer chorro. Al caer agua fría, tu respiración se agita, pero si respiras hondo y constante, notarás que el efecto es menor. Este truquito es recomendable que lo integres en tu día a día; tu cuerpo controla mejor los momentos extremos y conseguirás que se aceleren las funciones y tu metabolismo.

Por supuesto, tu piel y cabello se verán más saludables. Las duchas de agua fría hacen que tu piel se hidrate y luzca más brillante. Se sentirá más fresca, al igual que tu cabello. El agua caliente favorece las puntas abiertas y puede irritar tu cuerpo cabelludo.

Recomiendan también que aquellos que estén pasando por una depresión se tomen una o dos duchas al día de agua fría (15-20ºC). Unos 2-3 minutos serán suficientes para evadirnos mentalmente.

Ducha de agua caliente

No todos los beneficios los contiene el agua fría, una ducha caliente después de entrenar es casi fundamental. El agua por encima de los 35ºC  libera la tensión muscular, aportándoles una relajación bien merecida a tus músculos. Si tienes una alcachofa de ducha competente, te servirá para usarlo como masajeador en espalda, cuello y hombros.

En invierno es más común tener congestiones nasales y los médicos recomiendan los baños de vapor, a lo que una ducha caliente puede ser parecida. El vapor del agua y las elevadas temperaturas son descongestionantes naturales, y nos pueden aliviar los síntomas de los resfriados o la gripe. Atrévete a añadir esencias como menta o eucalipto y notarás una gran mejoría nasal y pulmonar.

Evidentemente, el agua caliente hace una limpieza mucho más profunda. Con el calor, tus poros se dilatan y se eliminan las toxinas del cuerpo. Perfecta para no acumular residuos de sudor después de entrenar duro.

Conclusión

Lo ideal es tomar una ducha con ambas temperaturas de agua. Empieza con agua caliente y ve bajando gradualmente la temperatura para acabar con agua fría. ¿Para qué decidirte por los beneficios de una solo cuando puedes tener ambos?