No es que estemos hambrientos y llevemos días sin comer, hay gente que en la comida es capaz de todo. Te habrá pasado que te han servido una ración de queso con corteza y has preguntado eso de “¿se come entero o le quito los bordes?”.  Parece muy evidente en algunos casos, como el manchego, pero en quesos como el camembert siempre dudamos.

Te contamos qué es la corteza de los quesos y qué ocurre si nos la tomamos.

¿Es natural o artificial?

Dependiendo del tipo de queso al que nos refiramos, la corteza puede ser generada de forma natural o creada por un producto (cera de abeja o tela) para conservarlo. En el caso de los que la producen naturalmente, como el brie o el camembert, puede comerse sin problemas. Además la corteza suele aportar un sabor especial, aunque en otros casos es insípida y con una textura difícil de comer.
En el caso de los quesos parmesanos o muy curados, la corteza suele ser tan dura que, aunque sea natural, te llevarás un rato masticándola. En estos casos, la corteza está creada por caseína, pero tampoco se nos tiene que ir la vida en comerla a la fuerza.

Aunque la cera no tenga contrindicaciones de consumo, tampoco contiene ninguno de los valores del queso, por lo que no merece la pena comernos la corteza. De hecho, estaríamos infravalorando el alimento, ya que no disfrutaríamos del sabor y la intensidad del queso en sí.

¿Cómo sabemos si es industrial?

Deberías saber además que los quesos con denominación de origen no habitúan a contener cortezas industriales de cera, por lo que no corres peligro si decides hincar el diente. Aun así, para identificarlas totalmente, si notas una corteza brillante y regular estaremos ante una de cera. Que, de hecho, se utiliza para que no se cree moho en el queso, aunque en el roquefort sea toda una delicia.

¿Qué ocurre con el cabrales? Este tipo de queso madura sobre hojas humedecidas en proceso de descomposición, que no es nada malo, pero también puedes plantearte eliminar la capa que lo cubre.