Una de las bebidas vegetales más conocidas es la leche de avena. Junto con la de soja, se convirtió en pionera de este tipo de bebidas a las que luego se añadieron la de almendras, anacardos o arroz. Aunque se las conoce popularmente como “leche”, en realidad son bebidas vegetales que evitan la crema láctea. Tiene una textura espesa y se parece a cualquier lácteo de origen animal, por eso se las cataloga en el mismo tipo de bebida.

Hoy te descubrimos si la leche de avena es tan beneficiosa como parece y si realmente te merece la pena según tus objetivos de rendimiento físico.

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¿Qué es la leche de avena y cómo se prepara?

¿Te resulta extraño si te digo que la leche de avena se realiza con el mismo cereal? Se puede hacer con los copos de avena o con el grano entero descascarillados y empapados en agua. Cuando la avena queda completamente empapada, removemos bien y luego la colamos. Obtendremos una bebida de textura cremosa y muy similar a la leche.

Hacerla de manera artesana puede ser un proceso lento, y la mayoría optamos por la compra de leche de avena envasada. Dependiendo de la marca, encontraremos diferentes tipos de leche y formas de elaboración. Hay quienes realizar una mezcla de avena molida con agua, y le añaden enzimas para descomponer el almidón. Después retiran el salvado de avena, para que solo quede la fibra, y agregan minerales o vitaminas.

Existen otros procesos como el de usar el agua para separar los componentes de grano. Después se devuelven los nutrientes para conseguir una bebida más cremosa, pero sin agregar emulsionantes o gomas. Es común que se usen envases asépticos para que la leche de avena dure más tiempo en buen estado, independientemente de si se refrigera o no.

¿Es tan saludable como parece?

A pesar de ser una de las más conocidas, la leche de avena no es de las mejores opciones de leche sin lácteos, frente a la de almendras o coco. Las tres tienen perfiles nutricionales muy parecidos, aunque la de avena es mucho más rica en hidratos de carbono. Entonces, es interesante que vigiles su consumo para no excederte en este macronutriente.
Asimismo, es una de las bebidas vegetales que más calorías aporta, en comparación con la de coco o la de almendras sin azúcar añadido. En una taza de leche de avena podemos encontrar unas 120 calorías, mientras que en la de almendras y coco solo obtendremos alrededor de 35.

En el caso de las industriales, muchas de ellas contienen aceite de colza, que aporta un alto nivel (45%) de ácido erúcico. Aunque este ácido está presente de forma natural en aceites de semillas, si se consume en altas cantidades puede llegar a ser tóxico y tener efectos negativos en la salud cardiovascular. Lo más recomendable es optar siempre por variedades orgánicas que eviten el uso de ingredientes procesados. ¡Presta especial atención a las etiquetas nutricionales!

Otra pequeña desventaja es que a la leche de avena hay que añadirle minerales y vitaminas para mejorar su aporte nutricional. Y, lógicamente, no se puede comparar con los beneficios que aporta comer avena. Le leche de avena que venden envasada tiene una cantidad mínima de proteína y fibra, además muchas de ellas suelen tener azúcares añadidos para mejorar el sabor.

No es una opción poco saludable e, incluso, puede ser interesante en personas con intolerancias a la lactosa, pero lo ideal es consumirla con moderación. ¿Qué quiere decir “moderación”? Un chorrito de leche en tu café, pero no un tazón con cereales. Para tomar mayores cantidades, opta mejor por la leche de almendras.