El té es una de las bebidas que más relevancia ha tenido en los últimos años. Algunas personas huyen del consumo de café, ya sea porque no toleran la cafeína, porque no les gusta el sabor o porque tienen miedo a tener unos dientes teñidos. La hidratación es fundamental para que nuestro organismo realice las funciones básicas, y el café es un diurético que favorece a la expulsión de líquidos. Por eso, en la mayoría de las dietas se recomienda tomar té o infusiones.
Además, existen infinitos tipos de tés, por lo que no te aburrirás de probar tipos diferentes. Cuenta la leyenda china que una taza de té diariamente nos mantendrá alejados de los medicamentos. Y no queremos contradecirlo, ya que se ha demostrado que tiene beneficios en enfermedades cardiovasculares y obesidad. El problema aparece con la temperatura en la que lo tomamos.

¿Cuál es la temperatura ideal?

En épocas de frío, tan solo nos apetecen bebidas calientes, y muchas personas abusan de la temperatura del agua para que se conserve durante más tiempo el calor. Un reciente estudio, realizado por la Universidad de Medicina de Teherán (Irán) ha analizado cuál es la temperatura perfecta para que no cause problemas internos.
Si es muy alta (60ºC o superior) y consumimos 700 ml de té diarios, estaremos aumentando en hasta un 90% el riesgo de padecer cáncer de esófago. Específicamente, carcinoma escamocelular esofágico, que es el mismo que se vincula con el tabaco y alcohol.

La investigación contó con la participación de 50.000 personas, con edades entre los 40 y los 75 años. Es Golestán, que es donde se hizo el estudio, es muy común el consumo de té con agua y la aparición de este tipo de cáncer. El director del estudio, Farhad Islami comentaba que «muchas personas disfrutan de tomar té, café u otras bebidas calientes. Sin embargo, según nuestro informe, beber té muy caliente puede aumentar el riesgo de cáncer de esófago, por lo que es recomendable esperar a que la bebida pierda un poco el calor antes de tomarla».

Para llegar a esta conclusión, los científicos tuvieron en cuenta el estilo de vida y el consumo de tabaco o alcohol. Todos los participantes tuvieron entrevistas personales para conocer cómo percibían la temperatura. Evidentemente, el calor es subjetivo, al igual que ocurre con el umbral del dolor. Para ello, prepararon varias tazas con temperaturas distintas.
Cuando el té estaba a 75ºC, lo probaron y les preguntaron si solían consumirlo a esa temperatura o diferente. Se repitió el mismo patrón, bajando 5ºC la temperatura de las tazas. De esta manera se podía observar una temperatura real y analizar los efectos.

Llama la atención que aquellas personas que bebían el té con alta temperatura eran los que tenían una mayor edad, vivían en zonas rurales y tenían un menos nivel de formación. Además, eran los que mayormente bebían alcohol y fumaban. Lógicamente, beber té a alta temperatura afecta negativamente al esófago, y resulta una bomba si se mezcla con los otros dos factores de riesgo.

Deja que tu taza de té se enfríe unos minutos antes de beberlo.