Mantenerse en forma y mantener tu peso se ha destacado muchas veces por los beneficios que aportan a todo tu cuerpo, como prevenir el cáncer o la muerte relacionada con eventos cardiovasculares, pero un nuevo estudio sugiere que mantener a raya la obesidad también puede afectar la salud de tu cerebro.

En una investigación publicada en el Journal of Alzheimer’s Disease, los científicos analizaron más de 35.000 escáneres cerebrales funcionales de más de 17.000 individuos, observaron el flujo sanguíneo y la actividad cerebral y los compararon en función del peso corporal de los participantes. También se evaluaron las diferencias en la actividad cerebral mientras las personas estaban en reposo frente a la realización de una tarea que requería concentración.

Aunque la edad media de las personas estudiadas fue de 40 años, las exploraciones abarcaron un rango de edad de 18 a 94 e incluyeron tanto hombres como mujeres. El peso se determinó mediante el índice de masa corporal (IMC), que agrupa a los individuos en categorías de bajo peso, peso normal, sobrepeso, obesidad y obesidad mórbida.

Los investigadores encontraron que a medida que aumentaba el IMC, el flujo sanguíneo al cerebro tendía a ser menor, tanto durante el reposo como durante la concentración. Esto es importante porque cuanta menos sangre llega a tu cerebro, mayor es tu riesgo de demencia, especialmente la enfermedad de Alzheimer. Además, una disminución del suministro de sangre al cerebro se ha asociado con otras afecciones como el TDAH, la depresión, el trastorno bipolar y la esquizofrenia.

Las áreas del cerebro que son particularmente vulnerables a la enfermedad de Alzheimer parecían ser las más afectadas.

¿Cuáles son los efectos de la obesidad en el cerebro?

En términos generales, es cierto que cuanto más alto es tu IMC, mayor es tu riesgo de desarrollar problemas de salud relacionados con el sobrepeso, como diabetes, presión arterial alta y colesterol alto. Sin embargo, vale la pena señalar que el IMC en sí mismo no mide tu «salud», según la Escuela de Medicina de Harvard; más bien, el IMC es una medida de tu tamaño.

Es posible estar en el rango de ‘peso saludable‘ y tener un estilo de vida poco saludable. Al igual que es posible ser muy musculoso y tener relativamente poca grasa corporal, pero aún así tener un IMC en el rango de ‘sobrepeso’.

Independientemente, la conclusión, es que mantenerse en forma es clave para mantener tu cerebro sano a largo plazo. En cuanto a la razón, las células grasas aumentan la inflamación, que se ha demostrado que daña todos los órganos, incluido el cerebro.

Aunque este es uno de los estudios más grandes que relacionan la obesidad con la disfunción cerebral, no es el primero. Algunas investigaciones anteriores que utilizan métodos similares han encontrado que la obesidad está relacionada con una función cerebral más limitada, particularmente en las personas mayores.

Lo que hace que este estudio sea diferente es el enfoque en el flujo sanguíneo cerebral, que puede mostrar una mayor sensibilidad y cambios tempranos relacionados con la disfunción cerebral.

La buena noticia es que la pérdida de peso y su posterior mantenimiento pueden desempeñar un papel importante en la reducción de la inflamación, lo que ayuda a la salud del cerebro. Los cerebros se pueden mejorar con un «entorno curativo» que incluya hábitos como el ejercicio y la ingesta de alimentos nutritivos.