Tener un vaso de agua en la mesita de noche es un hábito que muchos realizamos, sobre todo en verano. Hay a quien le provoca sed pasar tanto tiempo sin beber agua, así que para evitar levantarse en medio de la noche se atrinchera en su habitación con un vaso cerca de su cama. Si bien es cierto que también suele beberse ese agua nada más levantarnos por la mañana, sin pensar si es realmente la mejor opción.

Seguramente la mejor opción no es, lo habrás notado en su sabor. ¿Pero por qué ocurre esto? ¿También sucede en si dejamos una botella en la mesita?

¿Por qué el agua se vuelve rancia?

A pesar de que el agua no contiene grasas, proteínas o azúcares, al estar en un vaso se producen reacciones químicas. Y cuanto más tiempo pase, peor será su sabor.

Aún no existen estudios que evidencien al cien por cien por qué el agua se vuelve rancia, pero hay teorias que la relacionan con la cantidad de horas que quede expuesta en un vaso. Diego Sevillano Borkowski, especialista, defiende que aunque no existan microbios en un vaso, no implica que no ocurran reacciones químicas.
Al estar expuesta, el agua absorbe parte de CO2 y un poco de ella se transforma en ácido carbónico. A su vez, el ácido forma carbonatos y bicarbonato, que reducen el pH y le dan un sabor ácido.

¿Entonces no podemos beber agua del vaso?

Para nada, el agua no deja de ser potable en ningún momento. El problema es que al no estar en un recipiente sellado (botella), el agua se expone a bacterias del entorno.

El agua del grifo tiene cierto porcentaje de cloro para evitar que los microbios la colonicen. Una vez que sale de la tubería el cloro se evapora y se queda expuesta a cualquier microorganismo que quiera multiplicarse. El polvo o los insectos pueden “infectar” el vaso de agua que inocentemente dejas en tu mesita para cuando tengas sed. Cuantas más horas lo dejes expuesto, mayor riesgo habrá.
Además, también tienes que tener en cuenta la temperatura. Aunque el agua no contenga azúcares o macronutrientes, la temperatura también influye en el sabor del agua.

No temas, si filtras el agua y la hierves, podrás volver a consumirla como nueva. Aunque la opción más rápida es optar por botellas de agua cerradas.

A partir de ahora, ¿querrás beber agua del vaso de tu mesita o ya lo miras con otros ojos?