¿Ataque de ansiedad y ataque de pánico son lo mismo?

A lo largo de la pandemia por coronavirus los ataques de ansiedad y de pánico se han multiplicado. Situaciones que antes eran cotidianas como salir a la calle y relacionarnos con otras personas, ahora nos causan irritabilidad. Si antes éramos capaces de afrontar una discusión, por ejemplo, ahora sentimos una ansiedad tremenda, ¿o es pánico al fracaso?

No solo durante esta pandemia, sino en los últimos tiempos. El hecho de tener que estar a varias cosas a la vez, trabajar más horas para llegar a final de mes, problemas de salud y problemas personales, intentar compaginar vida familiar con el trabajo, sentir que se nos va la vida y no la estamos aprovechando, trabajar en algo que no nos apasiona, estudiar algo que nos aburre, vivir donde no queremos, las rupturas sentimentales (con amigos y con parejas), eso que decimos que «no nos importa», pero se acumula, etc.

Cada vez la olla está más llena y llega un punto en el que por cualquier mínima cosa rompemos y lloramos o nos cabreamos con tal furia que hasta nos sorprendemos nosotros mismos.

Es muy importante saber detectar cada situación y saber que estamos llegando al límite. Es ahí cuando sí o sí tenemos que pedir ayuda e ir a un psicólogo. Lo que no podemos hacer es ir al médico de cabecera y que nos receten pastillas para relajarnos y para dormir, porque eso no hace más que aumentar la presión dentro de la olla y cuando salte la tapa, la explosión podría tener consecuencias fatales.

Ir al psicólogo se ha estigmatizado tanto que da menos vergüenza decir que vamos a hacernos una colonoscopia que decir: yo me valoro y mi salud mental va por delante de todo. El día que aprendamos a decir eso, nuestros problemas se reducirán a la mitad y no nos dará miedo ni vergüenza que otros sepan que vamos al psicólogo, ya que es un gesto valiente donde demostramos que nos valoramos y hemos aceptado un problema al que vamos a ponerle una solución real.

Una mujer sufriendo un ataque de ansiedad

¿Cómo se identifica un ataque de ansiedad?

Es el más común y es fácil de detectar. La ansiedad es distinta para cada persona, de hecho, algunos pueden tener ansiedad y no son plenamente conscientes.

El ataque de ansiedad se identifica porque es el desencadenamiento de una situación concreta. Por ejemplo, una ruptura sentimental, una muerte, un despido, un examen, etc. El desencadenante es claro y se puede identificar. Hay muchos niveles de ansiedad, pero el ataque de ansiedad es ese momento culmen donde sentimos que nos ahogamos, lloramos, nuestro ritmo cardíaco aumenta, tenemos temblores, sensación de debilidad, sudoración, hiperventilación, etc.

Dependiendo del nivel de nuestro ataque de ansiedad tendremos unos síntomas u otros, o incluso podremos sentirlos todos, pero a diferentes niveles de intensidad. Los ataques de ansiedad graves requieren de ayuda médica, ya que podemos desmayarnos por la falta de oxígeno o sufrir problemas circulatorios (nuestras extremidades se quedan sin riego sanguíneo), entre otras situaciones.

¿Cómo son los ataques de pánico?

La principal diferencia es que en estos casos no hay un desencadénate claro, sino que quienes sufren un ataque de pánico se sienten aterrorizados de repente. Puede que haya casos en los que sí haya una causa concreta, pero lo normal es que sea un acto involuntario y repentino.

En los ataques de pánico los síntomas son claros: dificultad para respirar, sensación de ahogo, taquicardia, temblores, mareos, malestar intenso, mucho miedo, inestabilidad, bloqueo (físico y mental), etc. Algunos coinciden con los ataques de ansiedad, es cierto.

La duración de esta situación puede ser de apenas unos minutos llegando incluso a una hora. Las crisis más agudas precisan de ayuda médica urgente.

Además, a diferencia de los ataques de ansiedad, el pánico provoca tal reacción en la persona que los sufre, que en lugar de recomponerse y «sentirse valiente» pasado un tiempo, la víctima se siente más vulnerable y por miedo a volver a sufrir otro ataque de pánico puede llegar incluso a aislarse.

Esto último agudiza más aún los síntomas, ya que la percepción de la realidad puede variar y cualquier mínimo cambio le produce pánico volviendo a la casilla de salida cada vez en menos tiempo. Si sabemos de alguien que se encuentra en esa situación, debemos ayudarle de inmediato.

Dos amigan pasando un duelo

¿Cómo se debe actuar en estos casos?

Si alguna de las personas presentes tiene formación médica, debemos dejarle de actúe. Lo más importante es no atosigar ni agobiar a la persona que está sufriendo esa crisis, ni tampoco restarle importancia con expresiones como «venga ya, bebe agua y se te pasa», ni hacer burlas del tipo «hija, que no has visto un fantasma». Se trata de un proceso que ni quienes lo sufren pueden controlarlo.

Sabemos que a partir de ahora vamos a dar muchas indicaciones, pero no es necesario forzar a la persona a realizarlas todas.

Ataque de ansiedad

En ataques de ansiedad hay algunos trucos que nos pueden ayudar, tanto si lo estamos sufriendo a solas, como si estamos rodeados. Lo importante es que no se agobie, ni atosigue a la persona, mucho menos se le reste importancia de sus problemas.

Sabemos que la ansiedad tiene un desencadenante así que es crucial sacar a esa persona de esa situación, y no dar más vueltas al tema, ni hacer dramas innecesarios, ni crear más inseguridad ni miedo, ni buscar problemas donde no los hay.

La clave es hablarle bajito, sacar a esa persona del monotema, de la angustia e incluso sacarla de la habitación pueden servir. Ponerle su música favorita o música relajante, hablarle de su tema favorito, hacerle reír y llevar su mente a un estado de felicidad, suelen ser soluciones rápidas.

Ataque de pánico

En ataques de pánico lo mejor es la calma, y para ello, lo principal es controlar la respiración. Algo que se considera importante es relajar los músculos, también cerrar los ojos, que no haya muchas personas rodeando y agobiando, no retener a la víctima contra su voluntad, ayudar a recordar (o crear) un momento feliz, intentar mantener la cabeza sin pensamientos intrusivos, hacerla sentir a salvo y que todo va a salir perfectamente, mostrar empatía, etc.

Algo clave es no mirar desde arriba, es decir, si la persona que está sufriendo un ataque de pánico esta entada en el suelo, por ejemplo, tenemos que ponernos a su altura, para que nos entienda mejor y que la comunicación no verbal sea fluida y positiva para su cerebro.

Lo más importante, cuando se recupere, es animarle a pedir ayuda a un psicólogo. Tanto en un ataque de ansiedad, como de pánico.