La motivación juega un papel primordial y básico a la hora de lograr los objetivos que nos proponemos. Quizá te ha ocurrido: has intentado alcanzar una meta y no has podido llegar hasta el final, porque las ganas y la fuerza te han dejado de lado. La motivación es una fuerza que empuja y fija la atención en aquello que pretendemos alcanzar.

Tanto si eres deportista de alto rendimiento, como si te acabas de iniciar en la práctica deportiva, la motivación es una herramienta poderosa para todos por igual. Y es que ésta es capaz de impulsarnos hacia la meta, o derrotarnos en el intento. Y nada tiene que ver con la debilidad. Hasta los deportistas más excepcionales, necesitan recordarse de vez en cuando el valor y la importancia que tiene lo que hacen.

Técnicas para no perder las ganas

Cree en ti

Cree en tus posibilidades y aprende a asumir que eres capaz de lograrlo. No importa si te has apuntado varias veces al gimnasio con todas las ganas del mundo y, más tarde, has flaqueado. Seguro que, si crees en tus capacidades y dejas de verte a ti mismo como incapaz, las cosas empiezan a mejorar. Recuerda que las salas están llenas de gente, cada uno con unos objetivos determinados en función de sus posibilidades, que lo intenta y lo consigue. Tú también puedes.

Si eres de los que se mueve en el gimnasio como pez en el agua, pero te has encontrado con barreras en este sentido, tranquilo. Los deportistas más importantes no han llegado donde están sin sudar una gota. Tú mejor que nadie sabes el sacrificio que supone continuar cuando desfalleces, y aun así sigues. Es cuestión de tiempo que seas esa versión mejorada de ti mismo que anhelas.

Visualiza tu objetivo

No hay manera más eficaz de lograr algo, que visualizándolo. Imagina cómo te sentirías una vez logrado tu objetivo de perder peso. O la imagen que te devolverá el espejo cuando muestre el crecimiento muscular que has conseguido a base de constancia y resistencia. O cómo reaccionarías al mejorar tu tiempo en la pista o en la piscina. Imagina un “antes y después” y recurre a él cada vez que te preguntes el sentido que tiene lo que haces.

Habla contigo mismo

En ocasiones, la desmotivación no es más que una demanda que te haces a ti mismo. Conversa contigo, date fuerza y ánimos. Por mucho que te digan los demás e intenten empujarte, la fuerza se encuentra dentro de ti y es ahí donde tienes que recurrir cuando te sientas débil. En ocasiones la desgana es una oportunidad para reconducir tus metas y lograr el éxito con más eficacia. ¡A por todas!