¿Cuántas veces hemos escuchado eso de que comerte un donut equivale a una hora corriendo? Seguro que ha sido un tema de conversación en cualquier comida copiosa, y en la que hemos pensando «ojalá las etiquetas nutricionales me dijeran lo que tengo que entrenar para quemar este Bollycao». En realidad, el cuerpo no funciona así, pero estoy segura de que muchas personas valorarían comerse un paquete de patatas a cara perro, si al girar el envase les advierten de la cantidad de ejercicio que deben hacer para quemar las calorías ingeridas. Algunos expertos están seguros de que nos pensaríamos si realmente no preferimos una pieza de fruta.

Así que, La Royal Society of Public Health del Reino Unido, empezó una lucha durante años para que los alimentos incluyan etiquetas nutricionales con esta información denominada «PACE» (‘Physical Activity Calorie Aquivalent’) que indica la cantidad de ejercicio necesario para quemar las calorías que contiene un envase o porción consumida. Piensan que el 53% de la población cambiaría su hábito de compra si supiéramos este dato.

¿Es una buena idea o puede crear obsesión?

Como en cualquier apuesta revolucionaria, la nutrición cuenta con muchos detractores de esta idea. Es cierto que cada persona es distinta, quemamos diferentes calorías y contamos con hábitos totalmente diferentes, así que los alimentos que comemos también actúan de manera particular en cada uno de nosotros.

Si las calorías fueran la base de nuestra alimentación, y buscamos reducirlas muchísimo, estaremos olvidándonos de lo realmente importante: los nutrientes. El conteo de calorías no debe ser determinante al cien por cien, puesto que hay muchos otros factores que influyen en los problemas cardiovasculares. Cuando un producto destaca en tu etiquetado por algo en concreto, muy posiblemente sea porque está «ocultando» algo menos positivo para la salud.

No obstante, podría ser un avance en productos ultraprocesados, que aportan poquísimos beneficios a la salud. Si usamos este tipo de etiquetas, estaríamos advirtiendo del consumo poco saludable, así como ya sucede en las cajetillas de tabaco. La población debería ser consciente de los efectos que tiene en el organismo un elevado consumo de azúcar, sodio o grasas poco saludables.

Por otra parte, hay quien defiende que esto puede provocar estrés en ciertas personas que vinculen un paquete de patatas con tener que pasar cierto tiempo en el gimnasio para «quemar» un capricho. En personas que no tienen un problema de salud, y consumen este tipo de productos de manera puntual, no existe riesgo para la salud. Pero si introducimos estas etiquetas nutricionales en la mayoría de productos, podría agravarse la existencia de trastornos como la anorexia o la bulimia.