Nuestros huesos están en continuo crecimiento y cambio durante nuestra vida. No son un órgano inerte, ni pasan a dejar de funcionar cuando nos terminamos de desarrollar. De hecho, una gran parte de nuestros huesos se forman por el resultado de la fuerza que realizamos al presionar y estirar, junto al resto de actividades cotidianas.

El ejercicio físico puede modificar la estructura de los huesos, ¡te lo cuento!

¿Se puede cambiar la estructura de los huesos?

No todos los huesos son iguales, ni tienen la misma capacidad de reacción ante la fuerza. Por ejemplo, los que están cerca de las articulaciones, son más densos y grandes; en cambio, los que forman ejes óseos, suelen ser más grandes y gruesos, aunque no sufren muchos cambios en su densidad.
Como bien sabrás, los huesos además cambian de forma conforme vamos creciendo. El eje del hueso de la espinilla empieza teniendo forma de tubo circular, pero se termina convirtiendo en una especie de lágrima según va creciendo.

La desaparición de carga y fuerza en nuestros huesos provoca que se consuman y se reduzca buena parte de la masa ósea. Un claro ejemplo es el de los astronautas, que llegan a perder casi un 1% de masa ósea en tan solo un mes en el espacio.

¿Cómo influye el ejercicio físico?

Estamos acostumbrados a perseguir un objetivo físico visual, normalmente con músculos definidos y fuertes. Lo curioso es que esto ayuda a que los músculos se adhieran cerca de las articulaciones y la fuerza se produzca de forma mayor frente a los impactos. Así pues, los huesos pueden llegar a aguantar un impacto equivalente a 5 veces el peso de tu cuerpo.

Si eres un asiduo a correr, te gustará saber que el hueso de la espinilla se puede llegar a acortar hasta un milímetro por un instante cuando el pie impacta contra el suelo. En cambio, los corredores de velocidad tienen hasta un tercio más de hueso en su espinilla que las personas sedentarias. Nuestro organismo es tan inteligente que, con tal de evitar lesiones, produce pequeños cambios que fortalecen los huesos.
Es llamativo también que los tenistas tienen un 20% más anchos los huesos del brazo con el que sostienen la raqueta. Además de que contienen un 40% más de mineral óseo frente al brazo “sumiso”.

Lógicamente, no todos tipo de ejercicio físico puede modificar los huesos y volverlos más fuertes y grandes. Es necesario que se produzcan impactos fuertes como saltar, correr o golpear una pelota de tenis. Se busca crear fuerza con los  músculos para crear un impacto que derive en cambios óseos.
Por ejemplo, los ciclistas y nadadores tienen una buena capacidad aeróbica y unos músculos activos, pero sus huesos son similares a personas que no hacen ejercicio físico.