Son muchas las personas que, por sus actividades diarias, van siempre con el táper a cuestas. El trabajo, los estudios, el entrenamiento y, además, planificar las comidas de la semana. Hay alimentos que dejan de resultarnos apetecibles cuando los consumimos al día siguiente o, incluso a veces, no disponemos de un lugar donde poder calentarlo y comerlo cómodamente. Así resulta complicado seguir nuestra dieta y llevar a cabo una alimentación variada y saludable. Si eres de los que come fuera de casa y te sientes sobrepasado, tal vez no te estés organizando bien.

Hábitos previos

En primer lugar, debes tener en cuenta la importancia de organizarte bien cuando haces la compra. Conviene que intentes mantenerte firme en tus objetivos y adquieras productos saludables que te aporten un alto valor nutricional. Cuando comemos fuera de casa, además de preparar platos que nos apetezca comer, también tienen que aportarnos energía para mantenernos activos y fuertes durante la jornada. Intenta que tu cesta incluya carne, verduras, pescado, legumbres, frutos secos y huevos.

Siempre tienes la opción de disponer en tu despensa de alguna conserva de verduras o legumbres, así como cremas de verduras preparadas. Lo ideal es que elabores tus propios platos, pero la realidad es que, a veces, facilita mucho recurrir a este tipo de alimentos. Además, no tienen por qué ser nocivos si te aseguras de leer bien el etiquetado y de comprar los productos lo más naturales posible.

Si tienes un día libre, o tal vez el fin de semana, puedes cocinar grandes cantidades y congelarlo para poder consumirlo a lo largo de la semana. Puedes preparar caldos, cremas, verduras hervidas, guisado de carne con verduras, cocido de legumbres, …

Otra opción es utilizar alimentos de la cena anterior, e introducirlos en tu táper con alguna modificación. ¡Hay que ser creativos!

Intenta que tu táper cumpla los porcentajes nutricionales recomendados, tanto como si comieras en casa. Por lo general solemos incluir un 50% de vegetales, como lechuga, verdura salteada o hervida o tomate entre otras; 25% de alimentos ricos en proteínas como el huevo, la carne y el pescado; y el 25% restante hidratos de carbono, que lo aporta el arroz, la patata, la pasta, la quinoa o el pan.

Cuidado con las ensaladas preparadas

Aunque intentemos llevar a cabo una dieta muy bien organizada, teniendo en cuenta los aspectos anteriores, podemos llegar a flaquear. Hay semanas en las que no encontramos tiempo para elaborar, congelar y preparar nuestros alimentos. ¿Qué ocurre entonces? Que recordamos que, en el supermercado cercano al trabajo, venden unas ensaladas con muy buena pinta. Además, se llaman “ensaladas” por lo que no hay duda de que son muy saludables y nutritivas. ¡Error!

Hay una diferencia abismal entre las ensaladas que preparamos nosotros en casa y que aportan los nutrientes básicos necesarios, y las que compramos preparadas. Las que preparamos en casa pueden incluir alimentos como lechuga, rúcula o canónigos, principalmente; tomate y zanahoria; atún, tacos de pavo o trozos de pollo a la plancha; pepino, cebolla, espárragos o queso fresco. Además, un chorrito de aceite de oliva, limón o vinagre. Solo de imaginarla ya intuimos lo saludable que puede resultar.

Por otro lado, las ensaladas preparadas escasean en brotes verdes, y suelen incluir bacon, cebolla frita, queso curado, picatostes, … por no hablar del aliño de salsas con demasiadas calorías. No hay color, nunca mejor dicho, a la hora de comparar éstas con una buena ensalada preparada en casa. Mientras que la primera nos aporta una gran cantidad de grasas y azúcares, la segunda será una mejor opción plagada de beneficios.