Engullir la comida de vez en cuando cuando tienes prisa no es lo peor del mundo. Pero eres ese tipo de persona que levanta la mirada del plato vacío y se da cuenta de que todos los demás están aún a la mitad, es posible que te plantees reducir la velocidad. Comer rápido puede generar dolor de estómago crónico, favorecer al aumento de peso y provocar algunos problemas de salud. A continuación, detallamos los riesgos de este hábito inicialmente inofensivo.

Indigestión y malestar estomacal

Si alguna vez has devorado tu plato en un abrir y cerrar de ojos, estoy segura de que estás familiarizado con la sensación de sentirte relleno como un pavo. La indigestión es un resultado habitual de comer rápido, cuyos síntomas pueden ser sensación de ardor y pesadez.

Por suerte, la incomodidad desaparece cuando tu cuerpo se toma su tiempo en digerir toda la comida. Pero hay casos en los que la indigestión persiste. Será momento de acudir al médico para asegurarte de que este malestar no esté causado por otros problemas asociados a las molestias gastrointestinales, como cálculos biliares o úlceras.

Aumentas de peso

No existe ninguna duda al respecto. Comer rápido de manera habitual puede aumentar significativamente tu riesgo al sobrepeso. Una revisión de 23 estudios sobre este tema, publicada en el International Journal of Obesity en noviembre de 2015, encontró que comer muy rápido se asocia positivamente con un IMC más alto y un exceso de peso corporal.

Los expertos aseguran que el estómago tarda unos 20 minutos en decirle al cerebro que ya ha comido lo suficiente. Comer demasiado rápido nos hará tener el riesgo de acumular calorías extras antes de que el cuerpo tenga la posibilidad de indicar que en realidad está saciado.

De hecho, otro estudio pequeño demostró que las personas más lentas tienden a tener niveles más bajos de la hormona del hambre (grelina), y por ende, terminaban consumiendo menos comida. Así que podemos deducir que cuando alguien come rápido, no está dándole a su cuerpo la posibilidad de suprimir la grelina, y por eso quiere comer más.
Además, es más probable que optes por platos menos saludables cuando comes rápidamente, por lo que indirectamente estarás aumentando de peso.

Se crea una desconexión de las señales de hambre y la saciedad

Si comer rápido atenúa las señales de saciedad natural de tu cuerpo, corres el riesgo de perder la conexión con tus señales naturales de hambre y saciedad. Al comer rápidamente se reduce la precisión de cómo nuestro cerebro almacena los recuerdos de lo que hemos comido. Esta memoria nos hace determinar cómo de grande será nuestra próxima comida. Así que comer rápido en el almuerzo puede hacerte comer más en la cena.

Incluso, con el paso del tiempo, puedes olvidar cómo eran las sensaciones de hambre o saciedad.

Problemas de salud a largo plazo

Jugar con una velocidad increíble para ingerir alimentos puede prepararte para algunos problemas de salud importantes con el tiempo. El mayor causante es el síndrome metabólico: un conjunto de afecciones que aumentan el riesgo de padecer una enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular o diabetes. Se hecho, un estudio, publicado en BMC Public Health, encontró que una velocidad más rápida estaba relacionada con una presión arterial alta, un aumento de la grasa del vientre, colesterol alto e incremento de azúcar en la sangre.

Come despacio, saborea cada pedazo y disfruta de la experiencia. ¿Puede haber un placer igual que el de comer?