La evolución de los hábitos alimenticios en los últimos años está favoreciendo a que seamos más conscientes de la importancia que tiene la dieta equilibrada. Lo primero que debemos tener claro es que la palabra dieta no se refiere a un proceso a corto plazo, sino a un estilo de vida, un tipo de alimentación. Es un error pensar en alimentarnos de forma saludable durante un tiempo, con la excusa de bajar de peso y a los pocos meses volver a los malos hábitos.

Cambiar nuestra educación alimenticia es mucho más difícil de lo que parece. Una persona que se ha acostumbrado a comer de una determinada manera, con unos alimentos ultraprocesados y acorde a una economía, necesitará tiempo y paciencia para cambiar su mentalidad.

Con el paso de los años, llevar una dieta equilibrada es mucho más posible. Ahora no dependemos de que tengamos un alimentos a más o menos alcance, ya que gracias a los procesos de conservación, producción y transporte podemos tener cualquier tipo de fruta en el supermercado. Incluso, parte de los pescados que consumimos vienen de otros países para ofrecernos una mayor variedad.

¿Quieres conocer realmente cuáles son las características de una dieta equilibrada y para quién está dirigida? Te lo contamos.

¿Qué quiere decir equilibrada?

Mucho se habla de equilibrio, pero pocos conocen a qué nos referimos. ¿Equilibrio en realizar un número de comidas? ¿En comer la misma cantidad de nutrientes? Cuando hablamos de dieta variada y equilibrada nos referimos a una estabilidad de energía, nutrientes y cantidades necesarias en cada persona. No pueden faltar cereales, hortalizas, verduras, frutas, lácteos, carnes, grasas… Así que olvídate de excluir cualquier tipo de nutriente en este tipo de alimentación.

Si tenemos un consumo excesivo de algún nutriente, por saludable que sea, estaremos fracasando en equilibrio. Las cantidades moderadas nos ayudarán a mantener nuestro peso y evitar padecer enfermedades cardiovasculares como la obesidad o la diabetes.

¿Comemos solo por necesidad?

Sería perfecto comer siempre equilibrado basándonos en las necesidades de apetito. La realidad es que el ser humano come por placer y según sus hábitos alimenticios. Cuando salimos a comer fuera de casa o pensamos en cocinas algún plato, siempre influyen otros factores antes que el valor nutricional. Que sea apetecible, que huela bien, que tenga buen gusto y sabor e, incluso, que tenga un precio adecuado a nuestra economía también interfiere en la elección de nuestra alimentación, a pesar de que ninguno de estos factores nos ayudan nutricionalmente.

Llevar una dieta equilibrada nos asegura reducir el riesgo de padecer enfermedades o de retrasar su aparición, en el caso de ser potenciales a sufrirla.