¿Comer despacio es mejor que comer rápido?

¿Comer despacio es mejor que comer rápido?

Sofía Pacheco

Cada uno de nosotros tiene un ritmo para hacer las cosas y entre todas las funciones vitales entra la alimentación. El debate interminable entre comer rápido o comer despacio está rodeado de bulos, chistes y de muy poca información científica.

Comer despacio no siempre es posible, por el ritmo frenético que tenemos entre semana, y porque en la mayoría de trabajos solo dan entre 40 y 60 minutos para almorzar. Comer muy despacio tampoco es bueno, ya que el cerebro se aburre y empieza a enviar órdenes para cortar la comida. Aparte de que puede ser señal de algún tipo de trastorno o de insatisfacción con la comida.

La duración media de cada comida debe ser de unos 20 minutos. Inferior a eso se considera rápida y la «culpa» la tienen dos hormonas que son las encargadas de enviarle la información al cerebro y decirle cuándo nos hemos saciado y si el estómago está lleno y debemos parar ya de comer.

Los riesgos de comer rápido sí que suelen conocerse más y destacamos algunos muy molestos como indigestiones, gases, insatisfacción, desarrollar síndrome metabólico, etc.

Hay momentos en los que tenemos que comer rápido sí o sí por las circunstancias, y no pasa nada, los problemas llegan cuando se trata de un hábito asentado en nuestra rutina diaria.

Beneficios de comer despacio

Un grupo de amigos celebrando un brindos en un almuerzo

Como todo en la vida, es mejor un equilibrio y un término medio, así que la opción correcta es comer despacio y el beneficio principal es la absorción de los nutrientes. Pero no es el único hay varios a tener en cuenta y que notaremos desde el primer día que pongamos en práctica el cambio de hábitos.

Pasar de comer deprisa a comer de forma sosegada, es un proceso más o menos fácil que depende de cada persona y circunstancia, pero todos los expertos abogan hacia un hábito saludable donde se respeten los tiempos del organismo.

Mayor saciedad

Desde que la comida entra en nuestra boca, en nuestro estómago ya empieza el proceso digestivo y nuestro organismo segrega Germina que es la hormona que regula el hambre, además de la hormona Leptina que regula la saciedad.

Cuando el proceso concluye y la información de «estómago lleno» llega al cerebro, han pasado unos 20 minutos. De ahí que debemos tardar mínimo 20 minutos en comer, ya que, de lo contrario, el cerebro nunca se sentirá satisfecho.

Mejor masticación y absorción de nutrientes

Al tardar más en comer, tenemos más tiempo para masticar los alimentos. De hecho, cada vez que nos metemos comida en la boca, debemos masticar unas 40 veces. Al masticar tranquilos y llevar el alimento bien disuelto al estómago, favorecemos el proceso digestivo y la absorción de todos los nutrientes en el recorrido hasta la expulsión.

Para favorecer la masticación y reducir la ansiedad comiendo, se recomienda usar cubiertos en todas las comidas donde sea posible, incluso en una pizza, hamburguesa, frutas (también se pueden trocear en lugar de comerla a bocados), empanada, dulces, helados, etc.

Una mujer corta con cubierto unas tortitas con fruta y sirope

Mejores digestiones

La digestión es un proceso clave, y si comemos rápido surgen problemas como flatulencias, dolores, hinchazón, empachos, e incluso problemas graves de salud. De lo contrario, al comer lentamente, no habrá complicaciones en el proceso y nos notaremos mucho menos hinchados, sin flatulencias, más ligeros y con más energía.

Esto sumado a que después de cada comida debemos descansar para no interferir en el proceso digestivo. Si queremos dormir después de haber comido, se recomienda descansar el cuerpo sobre el lado izquierdo ya que favorece el proceso digestivo.

El estómago y los intestinos están ligeramente inclinados hacia la izquierda. A su vez, al dormir sobre ese lado, los alimentos pasan con más facilidad y el sistema linfático puede trabajar mejor y transportar adecuadamente los nutrientes.

Menos cantidad de comida

Si comemos lento, nuestras raciones disminuyen a medida que vamos adquiriendo el hábito. Al haber un control de las raciones, se propicia la pérdida de peso (siempre en condiciones sanas y sin trastornos alimenticios), además de sentirnos llenos de una forma natural y sin estrés al haber respetado los tiempos que dicta nuestro organismo.

Comer es un placer

Si decidimos comer lentamente le devolveremos al cerebro la sensación placentera y relajante que supone comer, sea o no nuestra comida favorita. No solo eso, sino que nos va a permitir saborear cada ingrediente, e incluso aprender y mejorar para la próxima vez que lo cocinemos porque sabremos si necesita más cocción, más verduras, menos agua, etc.

Una mujer sonríe mientras come pizza

Comer rápido vs comer despacio

Ya hemos visto los beneficios principales en el cambio de actitud a la hora de comer, da igual si es en el desayuno, merienda, tentempié, o cena. Los beneficios de comer de una forma pausada y sin estrés mejoran nuestra salud, a diferencia de comer rápido que puede provocar hasta accidentes cerebrovasculares.

Comer rápido da lugar a los famosos atracones. Además, al comer en menos de 20 minutos, nuestro cerebro no sabe si estamos llenos o no, por lo que seguiremos teniendo hambre y nos sentiremos insatisfechos.

Al comer rápido no masticamos lo suficiente y a nuestro estómago le va a costar mucho más hacer la digestión, eso da lugar a dolores, hinchazón, cortes de digestión, gases, reflujo, y consecuencias similares.

En la trituración de los alimentos entra en juego la absorción de nutrientes y el saboreo. Es por esto que quienes comen rápido optan por comidas muy sabrosas y que casi siempre suele ser comida insana con grasas, azúcares y demás. Es por esto por lo que comer rápido se relaciona con el sobrepeso.

Comer rápido tiene una consecuencia clara y es el conocido síndrome metabólico que surge de alteraciones en el metabolismo provocados por un ritmo acelerado. Este síndrome da lugar a problemas de salud muy graves, como, por ejemplo, enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y diabetes tipo 2, entre otras enfermedades graves.

Comer despacio disminuye las posibilidades de sufrir todas las consecuencias negativas que hemos mencionado, pero, por supuesto, no nos libra. Ya que, si optamos por una alimentación insana, por muy lento que comamos, podremos aumentar las posibilidades de diabetes, accidentes cardiovasculares, colesterol, cáncer y demás.