Para gozar de una buena salud es necesario tener en cuenta tres factores: la nutrición, el ejercicio físico y el descanso. No es la primera vez que te hablamos de la importancia de la cantidad y calidad del sueño, pero es que la capacidad de conseguir ocho horas de sueño ininterrumpido es uno de los objetivos más difíciles para la población. Aun así, al conocer los beneficios que aporta en la salud, el mantenimiento del peso y la disposición hacia el deporte y la alimentación, es interesante que valores cómo es tu descanso nocturno.

Ahora mismo es posible que te estés riendo de la posibilidad de dormir tantas horas seguidas, y de manera regular. El estrés, la conciliación familiar, el uso de tecnologías, la depresión o el consumo de bebidas energéticas son factores que influyen directamente en el correcto descanso del cuerpo. Pero hay otro que va mucho más allá que estos: la apnea del sueño.

¿Qué es la apnea del sueño?

Este trastorno respiratorio ocurre de manera frecuente y puede convertirse en crónico. Las interrupciones de la respiración mientras dormimos se deben al cierre de la vía respiratoria superior (fosas nasales, boca, faringe y laringe). En esos cortes (con frecuencias de 30 o más veces a la hora), el oxígeno no llega a los pulmones. Además, las pausas pueden ser desde segundos hasta dos minutos, y cuando se recupera el aire es normal que se emita un ronquido fuerte.

La apnea del sueño se clasifica en dos tipos diferentes:

  • Hipopnea/Obstructiva. Ocurre cuando el tejido blando de la parte posterior de la garganta obstruye las vías respiratorias.
  • Central del sueño. Sucede cuando el cerebro se niega a indicar a los músculos que controlan la respiración que realicen su función.

Además de provocar dificultades para tener un sueño reparador y fatiga, la apnea del sueño puede exacerbar la presión arterial alta, generar diabetes o problemas del corazón, contribuir a la depresión… Los síntomas son claros: ronquidos fuertes, cansancio durante el día, períodos de interrupción de la respiración durante el sueño, insomnio, somnolencia excesiva y trastornos cardiovasculares, metabólicos e inflamatorios.

¿Qué tratamientos existen?

A menudo se relaciona con la obesidad, por lo que un estilo de vida saludable (tener un peso saludable y dejar de fumar), es uno de los tratamientos más efectivos. Prueba también a no dormir boca arriba y evitar el consumo de alcohol y tranquilizantes. En caso de no funcionar y tener apnea del sueño por otro motivo, el tratamiento más conocido es el del uso de la presión del aire.

La presión positiva continua en la vía aérea (CPAP) fuerza el aire hacia la nariz de la persona que duerme con una máscara conectada a una máquina portátil. Esto mantiene las vías respiratorias abiertas. Esa mascarilla nasal o nasobucal, se usa por las noches cuando vayamos a dormir y conecta a un aparato que colocamos cerca de la cama. Más del 90% de pacientes que usan este método consiguen resolver el problema de la apnea del sueño. En los primeros días suele producirse una mejora significativa del cansancio diurno, además de despertar con sensación de bienestar.
Aun así, debes tener en cuenta que este método no es curativo, tan solo funciona cuando se utiliza.

Por último también encontramos tratamiento quirúrgico de diferentes tipos, aunque todas necesitan una exploración por parte de un otorrinolaringologo. La operación dependerá de la gravedad y el lugar de las anomalías. Por ejemplo, si se encuentra en las vías nasales, se puede hacer una corrección del tabique nasal. La más común es la resección del paladar blando, aunque en algunas ocasiones se combinan varias técnicas para acabar con el problema.
Entre un 30 y un 50% de los pacientes que se someten a la operación resuelven su problema de forma efectiva. Además, hay mayor prosibilidad de curación en personas no obesas, con un estilo de vida saludable y con un cuadro de apnea no muy grave.