Beber un vaso de leche o tomar un trozo de queso puede llegar a convertirse en una tortura para quien no lo tolera. Cada vez son más las personas diagnosticadas con intolerancia a la lactosa, algo que hasta hace pocos años ni se conocía la existencia.

¿Qué es la intolerancia a la lactosa? ¿Qué síntomas provoca? Y sobre todo, ¿cómo podemos adaptar nuestra dieta?

¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

Lo primero que deberíamos saber es que la lactosa es el azúcar que se encuentra en la leche y en algunos productos lácteos. Cuando la lactosa llega al intestino delgado, la lactasa (enzima) actúa sobre la lactosa y la divide en las dos moléculas básicas que la componen. El propósito es que puedan ser absorbidas, digeridas y llevadas a través de la sangre.

Pero cuando la persona tiene un nivel inferior de lactasa (hay una baja concentración o no se produce), la lactosa que ingerimos no puede ser digerida de forma correcta en el intestino delgado. Esto hace que pase directamente al intestino grueso, donde se fermenta por la flora bacteriana, y puede llegar a provocar náuseas, fatiga, ardor, diarrea, calambres, gases o hinchazón del vientre.

Podemos decir que la intolerancia a la lactosa es la incapacidad de digerir, sin problemas, una cantidad normal de lactosa (azúcar de la leche). Si tomas un vaso de leche y acabas diciendo que “me sienta mal”, es porque alguno de los síntomas anteriores han hecho acto de presencia.
Este tipo de intolerancia es tan común que afecta al 75% de la población en todo el mundo. Existen ciertas razas más propensas a padecer esta afección, como las asiáticas que casi el 90% de la población presenta esta intolerancia. En España, lo padecen aproximadamente el 19-28% de la población.

Es cierto que los bebés prematuros son más propensos a sufrir intolerancia a la lactosa, mientras que los niños nacidos en su momento esperado no suelen presentar este trastorno hasta pasados los tres años. Si queremos eliminar los dolores y molestias que provoca, bastará con dejar de consumir cualquier producto que contenga lactosa. Es importante que tengamos especial cuidado con los niños, puesto que si no se radica puede causar un problema de crecimiento.

¿Por qué existe esta intolerancia?

Como hemos comentado antes, el 70% de la población del mundo es intolerante a la lactosa. El ser humano, a lo largo de su evolución de millones de años, tuvo momentos en los que no necesitó digerir la leche. En sus inicios era cazador simplemente y cuando se hizo pastor y ganadero, fue cuando empezó a ordeñar vacas. Esto pasó hace uno 11.000 años, tampoco tanto.

El ser humano empezó a consumir leche en Europa del Norte y hacia los Balcanes. También pudo empezar a fermentarla (la fermentación disminuye el contenido en lactosa) y la consumía cruda. Esta nueva alimentación necesitó de una adaptación del organismo (alteración genética) y una selección natural de personas que eran capaces de digerir la lactosa por estar mejor alimentados. Así el ser humano ha evolucionado hacia la tolerancia a la leche, aunque los europeos somos los que mejor la toleramos gracias a que más tiempo llevamos consumiéndola.

Después del proceso de lactancia, las personas sufrimos de manera espontánea un decrecimiento gradual de la lactasa. La cantidad de lactasa que se queda tras esta regulación, nos medirá nuestra tolerancia a los productos lácteos.

¿Cómo se diagnostica?

Si algo no te sienta bien al tomarlo, es una alerta de que no va todo correctamente dentro de ti. Existen varios métodos para conocer si padecemos la intolerancia o no, pero lo primero que deberíamos hacer es dejar de consumirla un tiempo y atender a si los síntomas desaparecen.

  • Test de intolerancia. Examina el crecimiento de la glucemia mayor a 20 mg/dL, después de haber consumido una carga de 50 g de lactosa pasada una hora. Si no hay aumento, la prueba será positiva, ya que significará que el disacárido no ha sido absorbido.
  • Test de respiración de hidrógeno. Al paciente se le administra lactosa vía oral. Cuando presentan intolerancia a la lactosa, al no haber absorción intestinal se favorece la llegada de lactosa al colon. Esto hace que se libere hidrógeno a través del aire que expulsamos soplando. Así que si presenta una elevada concentración de hidrógeno indica la existencia de la intolerancia.
  • Test de acidez. El test de acidez en deposiciones se usa sobre todo en los niños pequeños y lactantes, ya que es más difícil hacer alguna de las pruebas anteriores. Con este método se analizan las deposiciones que, en el caso de presentar un problema en la absorción de lactosa, son más ácidas de lo común. Esto se debe a que porque la lactosa es metabolizada por la flora bacteriana del intestino grueso, aumenta el contenido de ácido láctico en las heces.
  • Otros. La biopsia intestinal suele ser otro de los métodos que se realizan si los anteriores no consiguen dar una idea clara para el diagnóstico. Además, es posible que los síntomas se confundan con el intestino irritable, por lo que hay que hacer un estudio diferencial para determinar el trastorno.