Hay quienes tienen como hábito tomarse alguna pastilla de antiácidos estomacales para aliviar los síntomas y malestares de una comilona. Aunque también hay personas que las consumen para reducir el reflujo gastroesofágico o la úlcera péptica. Sea la causa que sea, este tipo de pastillas masticables contiene contiene carbonato de calcio, y un consumo elevado puede causar una serie de efectos secundarios nada agradables.

Efectos en el tracto digestivo

Al tomar demasiados antiácidos estomacales podemos irritar el tracto digestivo, llegando a provocar náuseas, vómitos, malestar estomacal o pérdida del apetito. Incluso, es bastante habitual presentar estreñimiento. Todos los antiácidos que contienen calcio tienden a causar estreñimiento; sin embargo, los antiácidos que contienen magnesio tienen el efecto contrario, la diarrea.
Además, las deposiciones duras o poco frecuentes por culpa del estreñimiento pueden estar acompañadas de dolor abdominal, calambres o hinchazón.

Hipercalcemia

Como el calcio que contienen los antiácidos estomacales se absorbe en el tracto digestivo, si abusamos de su consumo se puede conducir a un exceso de calcio en el cuerpo, produciendo hipercalcemia.
El calcio es importantísimo para el correcto funcionamiento de los músculos, los nervios y el corazón. En cambio, la hipercalcemia puede originar espasmos musculares, debilidad, cambios de humor como depresión o, incluso, coma.

También se pueden generar latidos cardíacos irregulares o presión arterial alta. Además de generar un aumento en la producción de orina en los riñones debido a un alto nivel de calcio. Y, como bien sabrás, orinar en exceso produce una deshidratación, que puede derivar en sequedad en la boca, sed y mareos.
Asimismo, todo el calcio que se acumule en los riñones podría llegar a producir daño renal o inflamación de pánceras.

Alcalosis

Como todos los antiácidos,su base alcalina neutraliza el ácido estomacal. La parte carbonatada del carbonato de calcio es responsable de estas cualidades. Cuando se absorbe el carbonato en el tracto digestivo, hace que el cuerpo se vuelva más resistente y se produzca una alcalosis.

La alcalosis puede crear una debilidad muscular, además de frecuencia cardíaca cardíacos irregular. En el caso de que sea demasiado grave, puede llegar a reducir el flujo sanguíneo de las arterias que alimentan el corazón, aumentando la posibilidad de sufrir algún ataque, sobre todo en personas que han tenido una enfermedad coronaria. Por si fuera poco, el flujo de sangre al cerebro también puede disminuir y provocar dolores de cabeza, confusión, convulsiones o coma.