Hace escasos días, el Ministerio de Sanidad nos podía en alerta a los alérgicos que consumían productos con sulfitos. Este componente está presente en numerosos alimentos procesados, vinos o zumos de limón. Concretamente, el zumo de limón concentrado de la marca Piacelli Citrilemon es el que ha hecho que salten las alarmas, ya que no señalaba la presencia de esta sustancia. A continuación te contamos qué son los sulfitos, cómo afectan en nuestro organismo y por qué nos podemos volver intolerantes.

¿Qué son los sulfitos?

Los sulfitos son un derivado del azufre que se usan como conservante, antimicrobiano, antioxidante y anti fúngico de los alimentos que comemos y bebemos todos los días. Como decía antes, el vino, la cerveza o la sidra son algunas bebidas que suelen presentarlos; pero también los encontramos en salsas industriales, alimentos en conserva, cereales, embutidos, galletas, patatas, crustáceos, vinagre e, incluso, medicamentos.

A pesar de su presencia, la ingesta de sulfitos que encontramos en estos productos es inofensiva, ya que han pasado por un control de calidad previo aceptado por la Unión Europea. El problema surge cuando se producen reacciones no esperadas, como alergias o intolerancias. En Estados Unidos, los sulfitos de usan para la conservación de vegetales o crustáceos (por sus antioxidantes), pero cada vez son más países los que moderan la presencia de esta sustancia.

En la mayoría de alimentos, se señala en el etiquetado el contenido de sulfitos, pero somos nosotros los que no nos paramos a leerla con detenimiento o no apreciamos lo que quiere decir. La personas son asma se exponen potencialmente a cuadros asmáticos, anafilácticos o enrojecimiento de la piel. Además, los sulfitos destruyen la vitamina B1.

¿Por qué es importante que se señale su presencia?

Los sulfitos en sí no pueden provocar una reacción alérgica, sino que generan una inflamación por la mala tolerancia a los compuestos de sulfitos. Tan solo se debe avisar como cuestión de salud, para que las personas asmáticas puedan evitar el empeoramiento de sus crisis.
También deberíamos fijarnos en si la etiqueta pone “sin sulfitos añadidos”, ya que eso querría decir que solo contiene los presentes de forma natural. En muchas ocasiones, al vino se le añaden sulfitos para mejorar su conservación, aunque la aparición de los vinos orgánicos hace que se apueste por los taninos (conservante natural).

La Unión Europea tiene como medida que la concentración recomendable no sobrepase los 10 mg/litro y que se indique en el etiquetado para reducir cualquier reacción alérgica. Aun así, mientras se indique, el producto puede elevar la cantidad y dejar la responsabilidad de tu mano. Por ejemplo, un vino blancos dulce puede contener unos 210 mg/litro.