¿Sabes por qué a los niños no les gusta el brócoli?

Los padres nos empeñamos en que los niños coman muchas verduras, y es lo correcto, pero cuando llega el momento de la coliflor o el brócoli… se masca la tragedia. Son muchos los niños que al probar esas verduras su cara de asco se pronuncia demasiado. Ahora, un nuevo estudio científico, podría haber resuelto el enigma y quizás la respuesta esté en el tipo de bacterias que los niños tienen en su boca.

Que un niño ame las verduras, así de primeras, es raro. Poco a poco los niños pueden aprender a superar ese rechazo hacia las verduras, por lo que podemos ofrecerle alternativas como cortar las verduras en palitos y que lo mojen en algún tipo de salsa o hummus. Poco a poco irán superando su aversión a esos sabores. Esto se debe, principalmente, a que los niños prefieren los sabores dulces porque dan la impresión de mayor energía, puesto que los amargos dan la sensación de tóxicos.

En nuestra boca, al igual que en la boca de cualquier ser vivo, hay diferentes bacterias. Este grupo de enzimas coinciden con las bacterias que están en la comida, por ejemplo, el brócoli. Esto causa una reacción natural que provoca el mal sabor de las verduras que a veces comemos.

Un proceso algo complejo que vamos a intentar resumir brevemente en los siguientes párrafos, aparte de explicar qué se demostró en ese estudio científico. Un estudio muy reciente que se publicó en la revista Journal of Agricultural and Food Chemestry.

Un niño pequeño comiendo brócoli

Los niños no odian el brócoli, son las bacterias

Vamos a explicar el proceso por el cual los científicos han llegado a esta conclusión tan concreta. Resulta que en nuestra boca ya habitan miles de millones de bacterias que a su vez coinciden con las bacterias que hay en los alimentos que ingerimos a diario. En concreto, hay un tipo de verduras que se llaman verduras Brassica, donde entra el repollo, el brócoli, las coles y la coliflor.

Lo que sucede es que, al masticar brócoli, las enzimas de nuestra boca se ponen manos a la obra y empiezan a descomponer un compuesto llamado S-metil-L-cisteína sulfóxido (SMCSO) que se encuentra en las verduras crucíferas. Pues bien, ese compuesto se transforma en olor, de manera que el nivel de actividad de la cisteína es lo que nos indica cuanto compuesto se descompone. La propia descomposición no solo provoca olor en nuestra boca, sino que evidentemente afecta al sabor.

Volviendo a los niños, cuanta mayor descomposición, mayor será el rechazo de los niños por esas verduras entre las que se encuentra el brócoli. Asimismo, durante el reciente estudio, los niños parecían ser más sensibles a un compuesto conocido como dimetil trisulfuro (DMTS) que es como azufre podrido. Este mismo olor es a la vez un subproducto de la descomposición SMCSO y también un aroma que se libera en la descomposición de la carne.

La saliva de cada participante en la prueba generaba unas cantidades diferentes de aromas apestosos y desagradables. Durante la investigación la coliflor fue la que generó olores más fétidos, pero el brócoli no se quedó muy atrás. Por lo tanto poco o nada tiene que ver con la inteligencia de los niños o su desarrollo.