Alcanzar los cien años sigue siendo un hito excepcional, pero la ciencia avanza para desentrañar los mecanismos que lo hacen posible. Una reciente revisión publicada en Discover Public Health, liderada por la Universidad Americana de El Cairo, ha analizado a centenarios, semisupercentenarios y supercentenarios para entender cómo la genética, la biología y el estilo de vida se combinan para permitir una longevidad extrema. El estudio, que revisa 124 trabajos publicados entre 1970 y 2025, concluye que no existe un único factor, sino una interacción compleja entre herencia, hábitos y entorno.
Paralelamente, un equipo del Instituto Skolkovo de Ciencia y Tecnología ha publicado en Nature Aging un modelo matemático que sugiere un límite biológico para la vida humana de entre 146 y 194 años, determinado por la acumulación de mutaciones somáticas. Estos hallazgos, aunque hipotéticos, abren el debate sobre hasta dónde podemos llegar si logramos controlar otros procesos del envejecimiento. En España, regiones como Galicia ya muestran una concentración notable de personas centenarias, lo que ha motivado la publicación de Galicia Vive+, un libro que reúne a expertos para analizar las claves de esta longevidad desde una perspectiva multidisciplinar.
Genética y protección: el papel de los genes en la longevidad extrema
La revisión de Discover Public Health confirma que la genética tiene un peso importante, especialmente en quienes superan los 105 años. Los genes FOXO3A y la variante APOE ε2 aparecen asociados de forma consistente con la longevidad extrema en distintas poblaciones. Sin embargo, los investigadores desmienten un mito: los centenarios no están libres de variantes genéticas que predisponen a enfermedades. De hecho, presentan una carga de riesgo similar a la de la población general, pero cuentan con genes protectores que contrarrestan esos efectos. El doctor José Viñas, autor de La ciencia de la longevidad, añade que para alcanzar los 100 años, la genética explica un 70% del éxito, mientras que para vivir bien hasta los 80, el estilo de vida representa el 70%.
Edad biológica y retraso de enfermedades
Otro hallazgo relevante es que los centenarios son biológicamente más jóvenes de lo que indica su fecha de nacimiento. Los semisupercentenarios muestran una edad epigenética 8,6 años menor que su edad cronológica, un rasgo que además heredan a sus descendientes. Los investigadores detallan que estas personas no sobreviven enfermas durante décadas, sino que retrasan la aparición de patologías letales como el cáncer o los infartos entre 18 y 24 años en comparación con la población general. Este patrón se alinea con los datos del estudio global de la Carga Global de Enfermedad, publicado en The Lancet Public Health, que señala que aunque la esperanza de vida ha aumentado de 64,6 a 73,8 años entre 1990 y 2023, los años vividos con mala salud también han crecido, pasando de 8,8 a 10,7 años de media.
Mujeres y hombres: diferencias de género en la longevidad
La demografía de la longevidad tiene nombre de mujer: entre el 75% y el 83% de los centenarios en el mundo son mujeres. Los científicos explican que las mujeres poseen un sistema inmunológico más robusto y bacterias intestinales capaces de producir ácidos biliares con efectos antimicrobianos, lo que favorece su supervivencia. El doctor Viñas apunta que las hormonas estrógenos, durante la vida fértil, estimulan la longevidad. Sin embargo, existe una paradoja: los hombres que logran superar los 100 años presentan mejor salud física y cognitiva, así como mayor independencia. El estudio global de la Carga de Enfermedad confirma que las mujeres viven más, pero también pasan más años con mala salud: 12,1 años frente a 9,3 en los hombres.
Hábitos de vida: la base de una vejez saludable
Más allá de la genética, el estilo de vida sigue siendo esencial. Los centenarios no fuman, siguen dietas bajas en calorías y ricas en plantas y legumbres, y mantienen una actividad física equilibrada para una vida más larga, como caminar, cuidar el jardín o hacer tareas domésticas. La psicología también juega un papel: presentan una personalidad robusta, con altos niveles de extroversión y bajos índices de problemas de salud mental. El doctor Viñas insiste en que los hábitos deben empezar desde los 30 años, y destaca cuatro pilares: ejercicio, nutrición, control del estrés (incluyendo el sueño) y suplementos. En Galicia, la dieta atlántica y la actividad física cotidiana son factores que contribuyen a que cerca de 2.000 personas superen los cien años, lo que representa el 12% de todos los centenarios españoles.
El límite biológico: ¿hasta dónde podemos llegar?
El estudio de Nature Aging propone que, incluso si elimináramos todas las causas conocidas del envejecimiento, la acumulación de mutaciones somáticas impondría un límite de entre 146 y 194 años. Las mutaciones somáticas son errores en la copia del ADN que se acumulan con cada división celular, y afectan especialmente a órganos como el cerebro y el corazón, cuyas células apenas se renuevan. El hígado, en cambio, tiene una gran capacidad regenerativa. Los autores subrayan que se trata de un escenario hipotético y que la medicina actual está lejos de alcanzar esas edades, pero el modelo ayuda a comprender cómo interactúan los distintos procesos del envejecimiento.
La combinación de estos estudios y experiencias regionales refuerza la idea de que la longevidad no depende de un solo factor. La genética marca el techo, pero los hábitos de vida, el entorno social y la capacidad de retrasar enfermedades determinan cuántos de esos años se viven con salud. En España, iniciativas como Galicia Vive+ buscan precisamente integrar todos estos conocimientos para ofrecer una hoja de ruta basada en la evidencia, mientras que la ciencia sigue explorando los límites biológicos de nuestra especie. Al final, vivir más y mejor es un reto que combina lo que heredamos con lo que hacemos cada día.
