Para quienes sufren alergias al polen de la primavera, los próximos meses se presentan especialmente complicados en buena parte de España. Tras un invierno inusualmente cálido y muy lluvioso, los especialistas advierten de que la vegetación ha crecido con fuerza y la atmósfera está preparada para una temporada de polinización muy intensa.
El conocido “efecto lavado” de las lluvias invernales ha dado un respiro momentáneo al limpiar el aire de partículas, pero al mismo tiempo ha regado a fondo el campo y los árboles. Ese agua acumulada, sumada a temperaturas más altas de lo habitual, se traduce ahora en una oferta masiva de polen en primavera, con un impacto notable en las personas alérgicas, sobre todo en el centro y el suroeste peninsular.
Un invierno cálido y muy lluvioso dispara la polinización

Los datos recogidos por la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) muestran que este invierno ha sido especialmente húmedo y cálido en la mayor parte del país. En muchas localidades ha llovido el doble de lo habitual y se han registrado temperaturas por encima de la media histórica, una combinación que favorece el desarrollo de hierbas, arbustos y árboles productores de polen.
Las precipitaciones intensas han actuado como un lavado temporal de la atmósfera, reduciendo durante unos días la concentración de granos de polen en suspensión. Sin embargo, lejos de frenar el problema, este agua ha impulsado el crecimiento de la vegetación y ha preparado el terreno para una primavera con niveles muy altos de pólenes, en especial de gramíneas.
Los alergólogos describen este escenario como “de alto impacto” para los pacientes, porque se junta un repunte de la producción de polen con un contexto de cambio climático y contaminación que ya venía alterando los ciclos naturales. El resultado es una estación más agresiva de lo normal para quienes padecen rinitis, asma u otras patologías respiratorias asociadas a los alérgenos ambientales.
Según los expertos en aerobiología de la SEAIC, el carácter “extraordinario” del invierno —muy húmedo y con episodios de calor inusual— condiciona directamente la cantidad de polen que se liberará en las próximas semanas. Allí donde la lluvia ha sido más generosa, la vegetación responde ahora con una floración más abundante y una emisión de polen más prolongada.
En paralelo, los análisis de temperatura y precipitación sitúan el último periodo como uno de los más cálidos y húmedos de las últimas décadas en la Península. Este cambio en el patrón climático no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia que los alergólogos llevan años observando y que encaja con lo que describen como una temporada de polen cada vez más larga e intensa.
Gramíneas y otros pólenes que dominan la primavera

En España, el gran protagonista de las alergias respiratorias primaverales son las gramíneas, un grupo de hierbas muy extendido en campos, cunetas y zonas periurbanas. Son las responsables de la mayoría de los casos de rinoconjuntivitis y asma estacional y, este año, se espera que alcancen concentraciones especialmente altas en amplias áreas del país.
No obstante, el panorama alergénico es más complejo. Otros pólenes como los de las cupresáceas (ciprés y afines), el plátano de sombra, el olivo, las urticáceas o la salsola también tienen un papel importante, dependiendo de la vegetación predominante en cada territorio. Esta diversidad de fuentes hace que muchos pacientes sufran un “efecto sumatorio” de varios pólenes a la vez.
Las cupresáceas, por ejemplo, provocan síntomas muy intensos a finales de invierno e inicio de primavera, con especial incidencia en zonas de Granada, el eje Lérida-Córdoba y el corredor Tarragona-Sevilla. En áreas como Catalunya, los alergólogos llevan semanas detectando niveles muy altos de polen de ciprés, que suelen ser los primeros en disparar los síntomas cada año.
El plátano de sombra, un árbol ornamental muy común en avenidas y parques urbanos, genera picos de polinización marcados en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Girona o Talavera de la Reina. Durante esos días, basta un paseo por zonas arboladas para que muchos alérgicos noten un aumento brusco de estornudos, lagrimeo y congestión nasal.
En las provincias del sur, el olivo es otro gran protagonista de la primavera. Se esperan concentraciones muy elevadas de su polen en territorios como Jaén, Córdoba, Granada, Sevilla, Cádiz, Ciudad Real o Badajoz, donde confluyen el peso de este cultivo y las condiciones de frío y humedad del invierno, que favorecen una floración intensa.
Mapa de la alergia al polen: grandes diferencias por regiones
Las previsiones de la SEAIC dibujan un escenario muy desigual según la zona. Aunque en general se espera una primavera complicada, no todas las comunidades sufrirán el mismo nivel de exposición a pólenes, especialmente a los de gramíneas.
En el centro peninsular, que incluye Castilla y León, Castilla-La Mancha y la Comunidad de Madrid, se estiman niveles de gramíneas de moderados a intensos. En áreas como Toledo y Madrid podrían alcanzarse picos de hasta 6.000 granos de polen por metro cúbico de aire, cifras que se asocian a un aumento claro de crisis de rinitis y asma entre los pacientes sensibilizados.
El suroeste de la Península será uno de los puntos calientes de la temporada. En Extremadura, concretamente en Badajoz y Cáceres, se prevén las concentraciones de gramíneas más altas del país, en torno a 10.000-12.000 granos/m³. También en Sevilla se esperan valores muy elevados, entre 6.000 y 8.000 granos/m³, mientras que en Jaén la previsión es igualmente de niveles intensos.
En el resto de Andalucía, el escenario será algo más suave pero igualmente relevante: niveles leves en Almería y Málaga y moderados en Córdoba, Granada, Huelva y Cádiz. Aun así, los alergólogos advierten de que, con episodios de viento o cambios bruscos de tiempo, estas zonas también pueden registrar picos puntuales importantes.
En el norte peninsular —Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra y Aragón—, las previsiones apuntan a niveles leves, con concentraciones estimadas entre 1.500 y 2.000 granos/m³. Esto no significa ausencia de síntomas, pero sí una presión alergénica menor que en las áreas centrales y del suroeste.
En Galicia, los modelos sitúan la primavera entre niveles leves y moderados, con especial atención a provincias como Ourense y Lugo. Las condiciones húmedas y suaves pueden favorecer ciertas especies de pólenes, aunque en general el impacto será inferior al de las zonas más secas del interior.
El litoral mediterráneo, que engloba Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares y Murcia, se mantendrá previsiblemente en niveles leves de polen de gramíneas. Aun así, en estas zonas cobran mayor importancia otros tipos de pólenes, como las urticáceas —frecuentes en áreas húmedas como Vigo, Tarragona o Girona— o la salsola, característica de regiones más secas como Lérida, Murcia-Elche, Zaragoza o Almería.
En Canarias se esperan, un año más, concentraciones muy bajas de gramíneas, con valores aproximados de 250-500 granos/m³ en Tenerife y Las Palmas. La combinación de clima oceánico y particularidades de la vegetación hace que el archipiélago sea, en general, una de las zonas con menor carga de polen primaveral del país.
Una primavera especialmente dura para los servicios de Alergología
El repunte de polen previsto llega en un momento en el que las consultas de Alergología ya están tensionadas. En muchas ciudades españolas, los servicios públicos de alergia acumulan listas de espera cercanas al año, mientras que en la sanidad privada las demoras de varias semanas o meses empiezan a ser habituales.
En centros de referencia como el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, que atiende a cientos de miles de habitantes, trabajan muy pocos alergólogos para la demanda actual, lo que obliga a dar citas con varios meses de retraso. Los profesionales advierten de que, en muchos casos, el paciente que debuta con alergia esta primavera no será visto por el especialista hasta la siguiente temporada.
Esta saturación repercute directamente en la calidad de vida de los afectados. Sin un diagnóstico preciso y un seguimiento adecuado, es frecuente que los pacientes acudan a Urgencias o Atención Primaria durante los picos de síntomas, donde suelen recibir tratamientos de rescate —como corticoides en dosis altas—, pero sin abordar a fondo la causa de los episodios.
Los alergólogos insisten en la importancia de la medicina preventiva en este campo. Una vez identificado el alérgeno responsable, se pueden plantear vacunas de inmunoterapia y ajustar la medicación de mantenimiento para reducir la gravedad de los síntomas y evitar crisis que acaben en el hospital. Sin embargo, las largas listas de espera retrasan el inicio de estas terapias.
Además, los profesionales señalan que cada vez llegan pacientes más jóvenes que “debutan” con alergias respiratorias y personas que antes eran sensibles a uno o dos pólenes y ahora lo son a tres o cuatro. Esta polisensibilización complica el control de la enfermedad y obliga a diseñar tratamientos más personalizados y complejos.
Cuando la alergia al polen deja de ser solo cosa de la primavera
Más allá de lo que ocurra en los próximos meses, los especialistas subrayan un cambio de fondo: la alergia al polen ya no es exclusivamente primaveral. El aumento de las temperaturas y la alteración de los patrones meteorológicos están adelantando la floración y alargando los periodos de polinización de muchas especies.
Diversos estudios apuntan a que la temporada de polen podría prolongarse cerca de un 19% y que la concentración anual de granos en el aire podría aumentar entre un 16% y un 40%. Esto significa más días al año con niveles relevantes de alérgenos, y, en la práctica, más meses seguidos de síntomas para quienes ya están sensibilizados.
Los expertos hablan de una auténtica “tormenta perfecta” para las alergias respiratorias: por un lado, la exposición es más prolongada e intensa; por otro, la contaminación atmosférica incrementa la agresividad del polen. Las partículas contaminantes se adhieren a los granos, modifican su superficie y potencian su capacidad de desencadenar reacciones alérgicas.
Además, muchos contaminantes ambientales y productos de uso cotidiano actúan como disruptores de las barreras cutáneo-mucosas. Dañan el epitelio respiratorio y facilitan la entrada de alérgenos, al tiempo que activan señales inflamatorias en el organismo. En personas con predisposición, esto se traduce en una respuesta inmunitaria más intensa y persistente frente al polen.
El resultado es un aumento constante del número de personas alérgicas y una tendencia a cuadros más graves y complejos, con múltiples alérgenos implicados. Los especialistas alertan de que las enfermedades alérgicas ya afectan a alrededor de un tercio de la población y podrían acercarse a la mitad en las próximas décadas si no se abordan los factores ambientales de fondo.
Más pacientes, más complejidad y necesidad de especialistas
La progresiva complejidad de los cuadros alérgicos preocupa especialmente a los alergólogos. Cada vez es más habitual encontrar pacientes con rinitis, asma y otras patologías asociadas que además reaccionan a varios tipos de polen y a alérgenos no estacionales, como ácaros del polvo o epitelios de animales.
Esta polisensibilización obliga a realizar estudios diagnósticos más detallados, identificar con precisión qué pólenes desencadenan los síntomas y en qué momentos del año, y ajustar tanto el tratamiento farmacológico como las pautas de inmunoterapia. Sin embargo, la falta de alergólogos y la escasa presencia de la especialidad en los planes de estudio de Medicina dificultan este abordaje.
Los responsables de la SEAIC reclaman reforzar la Alergología dentro del Sistema Nacional de Salud, aumentar las plazas de formación y garantizar que los estudiantes reciban formación específica en enfermedades alérgicas. Solo así, señalan, se podrá dar respuesta a un problema de salud que ya tiene un fuerte impacto en la vida diaria y la productividad de millones de personas.
El papel del alergólogo es clave porque acompaña al paciente a lo largo de toda su vida, desde los primeros síntomas en la infancia hasta la edad adulta. Esto permite un seguimiento continuo, adaptar los tratamientos según la evolución y anticiparse a la posible progresión hacia cuadros más graves, como el asma mal controlado.
Sin un acceso ágil a estos especialistas, advierten desde la SEAIC, se corre el riesgo de que muchos casos se infradiagnostiquen o se traten solo de forma sintomática, sin aprovechar las herramientas disponibles para modificar la evolución de la enfermedad, como las vacunas de desensibilización frente a los principales pólenes.
Cómo prepararse para una primavera complicada
Aunque las previsiones de polen para esta primavera no son especialmente halagüeñas, los alergólogos recuerdan que hay margen para reducir el impacto de los síntomas si se toman ciertas medidas con antelación y se sigue un plan de tratamiento adaptado a cada caso.
Lo primero que recomiendan es estar bien diagnosticado. Muchas personas se automedican año tras año sin haber confirmado exactamente a qué tipo de polen son alérgicas, lo que dificulta elegir tanto la medicación como el momento adecuado para iniciarla. Un estudio de alergia completo permite identificar los alérgenos implicados y valorar si el paciente puede beneficiarse de inmunoterapia específica.
También es importante anticiparse al inicio de la temporada. En vez de esperar a que los síntomas sean muy intensos, los especialistas aconsejan empezar la medicación preventiva —como antihistamínicos o corticoides nasales— cuando los niveles de polen empiecen a subir, según las previsiones oficiales.
En el día a día, conviene adoptar hábitos que reduzcan la exposición. Entre ellos, evitar tender la ropa al aire libre en días de pico de polen, ventilar la vivienda solo a primera hora de la mañana o al anochecer, mantener las ventanas cerradas cuando hay mucho viento y limitar las actividades al aire libre en parques y campos durante los momentos de máxima concentración.
En exteriores, el uso de mascarillas tipo FFP2 y gafas de sol ayuda a disminuir la inhalación de polen y el contacto con la conjuntiva. En personas muy sensibles, estas medidas pueden marcar la diferencia entre una jornada relativamente llevadera y un día con crisis de estornudos, picor de ojos y sensación de ahogo.
En última instancia, el mensaje de los especialistas es claro: esta primavera se espera una temporada de polen intensa y prolongada en gran parte de España, con especial incidencia en el centro, Andalucía y Extremadura, mientras que el litoral mediterráneo, el norte y Canarias tendrán una situación más llevadera. En un contexto de cambio climático, contaminación y aumento sostenido de las alergias, la combinación de información, prevención y acceso a Alergología resulta clave para que los pacientes puedan llevar una vida lo más normal posible pese a la presencia del polen en el aire.
