Los gatos sucumben a las ilusiones ópticas

Los gatos sucumben a las ilusiones ópticas

Sofía Pacheco

Quienes tenemos un gato, o varios, sabemos de sobra que ven una caja de cartón y es como si a nosotros nos dijeran «puedes comer helado de chocolate todos los días». La ciencia ha querido dar respuesta a esta simpática obsesión por los espacios cuadrados, y la verdad es que los resultados son bastante curiosos.

Los que estamos acostumbrados a convivir y a dormir con mascotas, siempre nos fijamos en todo lo que hacen y cómo lo hacen, y los gatos, siempre que ven una caja pegan un salto sin pensárselo y ¡pum! para dentro.

La ciencia determina que los gatos pueden ser engañados con ilusiones ópticas, como nos pasa a los humanos. Si hacemos memoria, hace un tiempo se hizo viral en Internet, dibujar un cuadradito o rectángulo en el suelo y se veía como los gatos entraban y se acomodaban.

Aquel experimento viral hizo gracia y ahí se quedó. Ahora, un nuevo estudio científico nos da una explicación clara de por qué a los gatos les gusta sentarse y dormir en superficies cuadradas, aunque sean superficies de mentira (ilusiones ópticas).

Cuadrado Kanizsa, una ilusión óptica para gatos

El estudio publicado en Applied Animal Behavior Science, y titulado «Si encajo me siento: Una investigación de ciencia ciudadana sobre la susceptibilidad a los contornos ilusorios en los gatos doméstico», se basa en experimentos realizados por dueños de gatos a lo largo del confinamiento por Covid-19.

Un gato dentro de una caja de madera

Las conclusiones llevan a pensar que los gatos son capaces de reconocer formas bidimensionales que parecen cuadrados y se sientan dentro con la misma frecuencia que cuando se trata de una caja de verdad.

El cuadrado Kanizsa es una especie de ilusión óptica donde se cogen 4 piezas que nos recuerdan a un Pacman y se orientan de forma que marcan los 4 ángulos de la caja y eso induce al gato (y a nosotros) a creer que ahí verdaderamente hay un cuadrado, pero en realidad no hay nada.

La ilusión óptica surge porque nuestro cerebro ajusta la información que capta por los ojos con las ideas preconcebidas y rellena las partes que faltan. Algo similar sucede en la actualidad con las mascarillas. Nuestro cerebro tiende a completar la parte de la cara que no vemos y tiende a idealizarla, por eso con mascarillas parecemos más guapos.

En el experimento se reclutaron a gente de a pie que fueran dueños de gatos. En un principio se inscribieron más de 500 gatos, aunque solo 30 formaron parte del experimento. A los dueños se les pidió que recortasen las piezas y las colocaran en el suelo. Debian grabar a reacción del «michi» y evitar todo tipo de interacción y no influir en la decisión del animal.

La autora del experimento lo explica en su Twitter.

En el experimento había 3 cuadros, uno normal, un cuadrado Kanizsa perfecto y uno deforme. De los 30 mininos que participaron, 9 se sentaron en el cuadro de Kanizsa perfecto y lo hicieron 7 veces.

La ciencia ya respondió hace mucho tiempo el por qué a nuestros michis les gusta tanto estar dentro de una caja. Según dijeron en su momento, era porque a los gatos les relajaba el hecho de estar encerrados y usar cajas de cartón reducía su estrés.

Hay otras teorías que indican que esa obsesión por las cajas y espacios reducidos es porque les resulta placentera la presión que ejercen al material. Otros creen que es porque se transforman en el escondite perfecto para realizar la emboscada a su presa, que puede ser nuestro tobillo, otro gato, el cepillo de barrer, o el perro.