En las últimas semanas vuelve a tomar protagonismo una tradición que, desde México, está calando en hogares de todo el mundo: el Día de Muertos dedicado a las mascotas. Cada vez más familias preparan un pequeño altar para recordar a sus animales de compañía, integrándolos en un rito que celebra la memoria con respeto y afecto.
Según la creencia más extendida, el 27 de octubre es el día en el que las almas de perros, gatos y otros compañeros regresan simbólicamente a casa. Muchas personas dejan lista la ofrenda desde la noche del 26 para que, desde la medianoche y hasta las 23:59, sus mascotas “encuentren” sin dificultad el camino de vuelta.
Fecha clave y origen de una práctica que se expande
El homenaje a las mascotas el 27 de octubre ha ganado visibilidad en la última década. Diversas fuentes señalan que en 2019 la iniciativa tomó impulso gracias a campañas de servicios funerarios para animales en México, aunque la fecha no sea oficial. Lo cierto es que el gesto ha sido acogido por familias y asociaciones que desean reconocer el lugar de los animales en el hogar.
Este rito convive con el calendario amplio del Día de Muertos: el 28 se recuerda a quienes fallecieron en accidentes; el 29, a quienes murieron ahogados; el 30, a las almas olvidadas; el 31, a niños sin bautizar; el 1 de noviembre a la infancia y el 2 de noviembre a las personas adultas. En ese marco, la jornada del 27 abre la puerta a los compañeros de cuatro patas.
La tradición bebe de raíces prehispánicas y del sincretismo posterior. En la cosmovisión mexica, el xoloitzcuintle guiaba a las almas en su tránsito al Mictlán, una imagen que hoy inspira la idea del animal como acompañante fiel incluso tras la muerte.
En México, el Día de Muertos está reconocido por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial, lo que ha contribuido a su proyección internacional. Paralelamente, comunidades en España y otros países europeos han incorporado la ofrenda para mascotas con una sensibilidad local, cuidando los símbolos esenciales y las medidas de seguridad en casa.

Qué debe llevar un altar para tu mascota
La ofrenda comparte elementos con los altares tradicionales porque cada pieza tiene un significado espiritual y simbólico. No hace falta un gran espacio: una mesa, una repisa o un rincón tranquilo bastan para crear ese lugar de encuentro.
- Fotografía o representación: ayuda a “reconocer” el altar.
- Comida favorita: croquetas, premios o un bocado especial, como gesto de cariño.
- Agua: alivia la sed tras el viaje simbólico desde el más allá.
- Flores de cempasúchil: su aroma y color marcan el camino; pueden hacerse senderos con pétalos.
- Velas o veladoras: la luz que guía el regreso; en pisos se pueden usar opciones LED para mayor seguridad.
- Juguetes, collar o manta: objetos que evocan su presencia cotidiana.
- Papel picado: aporta movimiento y representa el elemento aire.
- Copal o incienso: purifica el espacio y enmarca el momento.
- Urna o cenizas (si se conservan): algunas familias las integran de forma discreta.
Hay hogares que construyen altares de uno, tres o siete niveles. El de tres es muy habitual y el de siete, más elaborado, alude a etapas del tránsito del alma según mitologías mesoamericanas. En todos los casos, lo importante es la intención y el recuerdo.

El sentido emocional: del duelo desautorizado al homenaje
Para muchas personas, la muerte de un animal de compañía provoca dolor y vacío comparables a la pérdida de un ser querido. Diversas investigaciones psicológicas han descrito la liberación de oxitocina en la interacción humano-animal y cómo ese vínculo sostiene el apego.
Sin embargo, el duelo por una mascota a veces carece de reconocimiento social y se vive en silencio, lo que se conoce como “duelo desautorizado”. Crear un altar funciona como un ritual terapéutico: permite expresar emociones, validar la tristeza y transformar el recuerdo en gratitud.
El acto de encender una vela, poner su foto o dejar su juguete preferido es, en el fondo, una forma de honrar su vida y compañía. Ese pequeño gesto ordena el recuerdo y ayuda a integrar la pérdida en la rutina cotidiana.
Cómo se está viviendo en España y Europa
La práctica se ha extendido a hogares y comunidades de origen diverso. En España, protectoras y colectivos animalistas promueven homenajes simbólicos a finales de octubre, y muchas familias incorporan la ofrenda en casa con adaptaciones sencillas.
Quien no encuentre cempasúchil puede optar por tagetes o caléndulas de tonos naranjas y dorados, que cumplen una función estética y simbólica similar. También es recomendable usar velas LED en interiores y mantener los altares lejos de cortinas o zonas de paso.
En edificios y pisos, un rincón estable —entrada, estantería baja o balcón resguardado— sirve para montar un altar sobrio y seguro. La clave sigue siendo la memoria compartida: foto, agua, luz y un detalle personal del animal.
Guía rápida para preparar tu ofrenda
- Elige el espacio: tranquilo, ventilado y fuera de corrientes.
- Coloca un mantel y define los niveles si los habrá.
- Traza un camino con pétalos hacia la foto o figura.
- Agrega agua, sal y velas como elementos base.
- Suma sus objetos (juguete, collar, manta) y su comida favorita.
- Enciende la luz la noche del 26 de octubre; el 27 es la jornada central.
- Mantén la ofrenda hasta el 2 de noviembre si compartes altar con familiares.
Quien lo desee puede añadir música suave o escribir una nota de despedida o agradecimiento. No hay normas rígidas: manda el cariño y el respeto.
Esta tradición, nacida en México y hoy reinterpretada en distintos lugares, pone el foco en algo universal: el vínculo con los animales que nos acompañaron. Reservarles un altar el 27 de octubre no es solo una costumbre bonita; es un modo sereno de recordar, agradecer y dar un lugar al duelo en la vida cotidiana.