La decisión de Nestlé de poner fin de forma anticipada al contrato de licencia de la marca Savory con el grupo Unifood ha abierto un nuevo capítulo en el sector de las heladerías. El movimiento afecta directamente a la operación de la cadena que, hasta ahora, explotaba en exclusiva la histórica marca de helados en Chile a través de su filial Ice Cream SpA.
El acuerdo entre las partes estaba firmado hasta 2027, pero la multinacional suiza ha optado por romper la relación antes de tiempo alegando incumplimientos contractuales relevantes, en un contexto en el que Unifood atraviesa una compleja situación financiera y se encuentra inmersa en procesos de reorganización judicial.
Un contrato roto antes de tiempo y por qué Nestlé ha dado el paso
De acuerdo con fuentes conocedoras del proceso, Nestlé envió la carta de término unilateral del contrato la semana pasada, con la instrucción de que Ice Cream SpA comience a retirar la imagen y los rótulos de Savory de todos sus locales en los próximos días. La medida acelera el fin de una alianza que, en teoría, aún tenía por delante unos dos años de vigencia.
El corazón del conflicto reside en que, según la multinacional, Ice Cream habría vulnerado al menos dos cláusulas clave del acuerdo de licencia. Por un lado, la situación de insolvencia de la filial de Unifood, que ya arrastra una petición formal de liquidación presentada por uno de sus proveedores. Por otro, el supuesto daño a la imagen de la marca Savory derivado precisamente de esa crisis financiera y de gestión.
Entre los argumentos de Nestlé también figura el comportamiento de la red comercial: el contrato contemplaba que el licenciatario aumentara la base de locales Savory en el país, pero en lugar de esa expansión se ha producido el cierre de varios puntos de venta en los últimos tiempos, lo que habría agravado el malestar de la propietaria de la marca.
Al mismo tiempo, la compañía suiza ya se ha puesto a buscar un nuevo operador gastronómico que tome el relevo en la explotación de Savory y permita impulsar de nuevo este canal de distribución, tanto en heladerías físicas como en la venta de productos como helados de paleta y de cono.
Insolvencia, deudas y una reorganización que no termina de cuajar
La ruptura del contrato no puede entenderse sin el contexto financiero de Unifood. El holding, que agrupa, además de Ice Cream, las cadenas de comida rápida Pollo Stop y Pedro, Juan y Diego a través de Cuatro SpA, se encuentra sometido desde hace más de un año a distintos procesos de reorganización judicial para intentar enderezar sus cuentas.
En ese marco, Unifood consiguió acuerdos de reorganización para varias de sus sociedades, incluida Ice Cream SpA, refinanciando pasivos por cerca de 45.000 millones de pesos chilenos. La empresa atribuyó su crisis a los efectos combinados del estallido social y la pandemia, que impactaron de lleno en el consumo y la restauración.
Solo en el caso de Ice Cream, las deudas superaban los 15.000 millones de pesos al momento de solicitar la reorganización. Entre los principales acreedores se encuentran entidades financieras de peso como Scotiabank y Banco Santander Chile, además de la propia Nestlé Chile, lo que subraya la magnitud de los compromisos pendientes.
El ya delicado equilibrio financiero se tensó aún más cuando el proveedor DPS, especializado en envases desechables para alimentos, demandó a Ice Cream por incumplir el Acuerdo de Reorganización Judicial. Según la querella, siete de las primeras cuotas del plan de pagos acordado estaban impagadas, acumulando una deuda que rondaría los 275,6 millones de pesos chilenos.
Ice Cream respondió oponiéndose a la acción judicial y defendiendo que está impulsando una modificación de los acuerdos de reorganización para poder vender determinados activos, ajustar los calendarios de pago y, en teoría, mejorar la recuperación de lo adeudado a los acreedores. La compañía sostiene que la comisión de acreedores está al tanto de distintos procesos de due diligence llevados a cabo por terceros interesados en potenciales operaciones de compra.
La estrategia de Unifood: vender Ice Cream con la licencia de Savory activa
Dentro de este complejo escenario, la hoja de ruta de Unifood pasaba por vender Ice Cream SpA manteniendo la licencia de uso de la marca Savory vigente. De hecho, la propia compañía ya había desvelado hace unos meses que trabajaba de forma activa en la posible desinversión de esta unidad de negocio como vía para completar sus procesos de reorganización.
En julio, representantes del grupo explicaron que la venta de Ice Cream se veía como la alternativa más clara para culminar con éxito la reestructuración. Según esas declaraciones, la opción había sido estudiada en detalle y se encontraba en una fase decisiva, con negociaciones avanzadas con potenciales compradores interesados en hacerse con la red de heladerías.
Sin embargo, fuentes cercanas al caso apuntan a que ese acuerdo preliminar se habría caído en las últimas semanas, dejando a Unifood en la búsqueda de otras oportunidades para desprenderse de la cadena y obtener recursos frescos con los que atender sus compromisos financieros.
El problema para el holding es que la decisión de Nestlé de rescindir la licencia reduce el atractivo de Ice Cream como activo a la venta. Al desaparecer el derecho a explotar Savory, el valor de la unidad se ve condicionado, ya que cualquier nuevo propietario tendría que negociar nuevamente con la dueña de la marca o reorientar los locales hacia otra insignia.
Pese a este giro, personas conocedoras de la posición de Unifood señalan que la compañía pretende que se cumpla el contrato de licencia hasta su fecha original de vencimiento, es decir, hasta dentro de dos años. Esa sería una de las claves del pulso jurídico y comercial que se abre ahora entre el grupo chileno y la multinacional suiza.
La respuesta de Unifood y el choque de posiciones
Desde Unifood, la reacción a la ruptura de la alianza no se ha hecho esperar. En declaraciones a la prensa económica, el grupo aseguró haber recibido “con mucha sorpresa” la notificación de término anticipado del contrato remitida por Nestlé, expresando su desacuerdo con el momento y la forma en que se ha tomado la decisión.
La compañía ha insistido ante la multinacional en que cualquier operación de venta de Ice Cream debe orientarse a maximizar la recuperación para empleados y acreedores, en línea con los objetivos de los procesos de reorganización judicial en marcha. En ese sentido, subraya la importancia de que la transición se haga de manera ordenada y coordinada con el interventor designado.
Unifood ha trasladado públicamente su deseo de que Nestlé reconsidere su postura y colabore en un proceso de venta estructurado, que permita mantener la continuidad operativa de las heladerías mientras se cierra la transacción y se garantiza la mejor salida posible para todas las partes afectadas.
Al mismo tiempo, el holding defiende que la falta de cumplimiento íntegro de los acuerdos de reorganización puede ser subsanada mediante prórrogas y ajustes, facultades que corresponden a la comisión de acreedores. Según la versión de la empresa, ese órgano está al corriente de los movimientos para modificar el plan de pagos y facilitar la entrada de nuevos inversores.
En paralelo, la tensión entre las partes se ha trasladado al terreno reputacional y contractual: Nestlé argumenta que la crisis financiera de Ice Cream perjudica la imagen de Savory, mientras que Unifood sostiene que una salida precipitada de la marca puede agravar la situación de trabajadores y proveedores, añadiendo más incertidumbre a una estructura ya muy presionada.
Un holding gastronómico en plena transformación y un impacto que trasciende a Chile
El caso de Savory e Ice Cream se enmarca dentro de la evolución reciente de Unifood, un conglomerado gastronómico desarrollado originalmente por el empresario chileno Jacques Albagli. En 2016, el fondo de inversión Mesoamérica, con sede en Costa Rica y cuyo principal aportante es el Ontario Teachers Pension Plan, adquirió el 75% del grupo, y cuatro años más tarde, en 2020, tomó el 25% restante en manos de los socios fundadores.
Con esa operación, Unifood consolidó una posición relevante en el mercado de la restauración y el fast food, gestionando marcas conocidas como Pollo Stop, Pedro, Juan y Diego y las propias heladerías Savory, además de la cadena de tiendas XS Market. En total, el grupo llegó a operar más de 250 puntos de venta y a contar con más de 2.200 empleados.
La ruptura con Nestlé, por tanto, no es solo un desacuerdo puntual sobre una licencia de marca, sino un episodio que afecta a la estrategia general del holding y a su capacidad para seguir compitiendo en un entorno cada vez más exigente. La pérdida de Savory golpea a una de las patas más visibles de su negocio y añade presión sobre el resto de enseñas del portafolio.
Desde una óptica más amplia, el movimiento de Nestlé refleja también la sensibilidad de las grandes multinacionales con el control de sus marcas, especialmente en un contexto global donde la reputación, la estabilidad financiera de los socios locales y el cumplimiento estricto de las condiciones de expansión son elementos críticos. Este tipo de decisiones, aunque se tomen en mercados concretos como el chileno, se observan con atención en otras regiones donde la compañía opera con esquemas de licencia o alianzas similares.
Para el mercado europeo y para España, donde Nestlé mantiene una presencia consolidada en categorías como lácteos, café, chocolates y helados bajo diferentes marcas, casos como el de Unifood sirven como referencia de la política de la compañía respecto a sus socios comerciales. Sin ser un conflicto local, sí envía una señal sobre la relevancia que el grupo otorga a la solvencia, la capacidad de crecimiento y la protección de sus enseñas en cualquier territorio.
Lo que está en juego es el futuro de una red de heladerías que ha operado históricamente bajo la marca Savory, el destino de cientos de trabajadores y el equilibrio entre los intereses de Nestlé, Unifood y sus acreedores. Mientras la suiza busca un nuevo operador que relance la enseña, el holding chileno intenta ganar tiempo para vender Ice Cream en las mejores condiciones posibles y culminar su reorganización sin renunciar a los derechos de licencia que, sobre el papel, seguían vigentes hasta 2027.