El final de las vacaciones de verano trae consigo la temida vuelta al cole. Después de semanas con horarios flexibles, viajes y siestas improvisadas, toca retomar la rutina. Y no solo para los niños: los padres también sufren el cambio de chip. Pero los expertos insisten en que preparar el regreso a las aulas con antelación es la mejor manera de que todo el mundo se adapte sin agobios. La clave está en hacerlo poco a poco, sin pretender que el primer día de clase sea un despertar traumático.
Las consejerías de Sanidad y los pediatras de distintos hospitales españoles coinciden en que recuperar los hábitos saludables de forma progresiva es fundamental para que los menores afronten el nuevo curso con energía y buen ánimo. No se trata de imponer cambios drásticos de la noche a la mañana, sino de ir ajustando horarios, comidas y actividades durante los días previos. Así lo recomiendan tanto la Dirección General de Salud Pública de Canarias como los especialistas de Quirónsalud, Vithas o el grupo Ribera.
Sueño: la base para un buen rendimiento

Uno de los aspectos que más se repite en todas las recomendaciones es el descanso. Dormir las horas necesarias influye directamente en la atención, la memoria y el estado de ánimo. Los especialistas aconsejan adelantar el despertador entre 15 y 20 minutos cada día durante la semana previa al inicio de las clases, y hacer lo mismo con la hora de acostarse. Así, el organismo se va acostumbrando al nuevo ritmo sin sobresaltos.
Las horas de sueño recomendadas varían según la edad: los niños de 3 a 5 años necesitan entre 10 y 13 horas; los de 6 a 12, entre 9 y 12; y los adolescentes de 13 a 18, entre 8 y 10. Dormir menos de lo recomendado puede provocar irritabilidad, falta de concentración e incluso un mayor riesgo de infecciones. Por eso, los pediatras insisten en establecer una rutina tranquila antes de dormir, evitando pantallas al menos dos horas antes de acostarse.
Alimentación saludable para empezar el día

La vuelta al cole también es un buen momento para retomar una dieta equilibrada. Los expertos recomiendan priorizar frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos, y dejar atrás los helados diarios y la bollería. El desayuno no tiene por qué ser elaborado: una tostada integral con tomate y aceite, un yogur con fruta o un pequeño bocadillo de queso son desayunos saludables para empezar el día. Si el niño no tiene hambre al levantarse, mejor un desayuno ligero y un almuerzo saludable a media mañana que forzarle a comer.
El agua debe ser la bebida de elección, tanto en casa como en el colegio. Las bebidas azucaradas y los zumos industriales deben limitarse al máximo. Además, los nutricionistas advierten de que más del 50% de las meriendas de los escolares españoles son de baja calidad, por lo que conviene planificarlas con antelación: fruta, bocadillos de pan integral, yogur natural o frutos secos son alternativas fáciles y saludables.
Actividad física y mochila ligera

Los menores de entre 5 y 17 años deberían realizar al menos 60 minutos de actividad física moderada o vigorosa al día. Caminar, jugar al aire libre, montar en bicicleta o practicar un deporte son opciones perfectas para mantenerse activos. También es importante evitar el sedentarismo y aprovechar los desplazamientos al colegio para ir andando o en bici siempre que sea posible.
Otro punto clave es la mochila. Los especialistas recomiendan que su peso no supere el 10% del peso corporal del niño y que se lleve con los dos tirantes bien ajustados, pegada a la espalda. Los objetos más pesados deben colocarse cerca del cuerpo, y conviene revisar el contenido periódicamente para eliminar lo que no se necesita. Una mochila demasiado cargada puede provocar dolores de espalda y contracturas.
Higiene y prevención

El lavado de manos con agua y jabón es una de las medidas más eficaces para prevenir infecciones, especialmente antes de comer, después de ir al baño y al llegar a casa. En cuanto a los piojos, los expertos recuerdan que son frecuentes en edad escolar y que no están relacionados con la falta de higiene: se transmiten por contacto directo, no saltan ni vuelan. La vuelta al cole también es una buena ocasión para revisar la higiene bucodental, con un cepillado de al menos dos minutos, dos veces al día, prestando especial atención al cepillado nocturno.
Pantallas y bienestar emocional
El uso de pantallas es otro de los temas que preocupa a las familias. No se trata de prohibirlas, sino de fomentar un consumo equilibrado. Los especialistas aconsejan establecer momentos libres de dispositivos, sobre todo durante las comidas y antes de dormir. El tiempo dedicado a las pantallas no debería desplazar actividades esenciales como jugar, leer o relacionarse con amigos y familiares. Además, es fundamental acompañar a los menores en el uso seguro y responsable de la tecnología.
La vuelta al cole puede generar nervios, inseguridad o incluso síntomas físicos como dolor de barriga o de cabeza. Los psicólogos insisten en que es importante escuchar a los niños y validar sus emociones, sin minimizarlas. Hablar con ellos sobre cómo se sienten, preparar juntos el material escolar y mantener una comunicación fluida con el centro educativo ayuda a detectar posibles dificultades y a que el regreso sea mucho más llevadero.
En definitiva, la vuelta al cole no exige una transformación radical. Se trata de recuperar poco a poco las rutinas de sueño, alimentación, actividad física y descanso, y de acompañar emocionalmente a los más pequeños. Con pequeños cambios mantenidos en el tiempo, los niños llegarán a septiembre con más energía, mejor concentración y una actitud positiva frente al nuevo curso.