La vacunación frente al covid-19 en la población de riesgo vuelve a estar en el centro del debate sanitario, aunque ya no vivamos aquellos meses de saturación hospitalaria y alarma social. El virus sigue circulando y, aunque la mayoría de personas ha adquirido cierto nivel de inmunidad, todavía hay colectivos para los que el coronavirus puede suponer un problema serio.
En España y en el resto de Europa, las autoridades sanitarias y organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) coinciden en un mensaje muy claro: las personas más vulnerables necesitan seguir vacunándose de forma periódica para evitar complicaciones, ingresos hospitalarios y fallecimientos. No se trata ya de una vacunación masiva para toda la población, sino de una estrategia más afinada, orientada a quienes tienen más probabilidades de tener cuadros graves.
Por qué sigue siendo clave la vacunación covid en población vulnerable
Cinco años después de las primeras campañas, el Ministerio de Sanidad español ha lanzado una nueva campaña informativa para recordar la importancia de la vacunación en grupos de riesgo. Aunque el covid-19 haya desaparecido prácticamente de las conversaciones cotidianas, los datos recientes muestran que el problema no ha terminado: en la temporada 2023-2024 se estimaron en España alrededor de 1,59 millones de casos, casi 50.000 hospitalizaciones y más de 4.000 muertes atribuibles al coronavirus.
Tal y como apunta el presidente de la Asociación Española de Vacunología, el Dr. Jaime Jesús Pérez Martín, la caída en la percepción social del riesgo es normal si se compara la situación actual con la de 2020, cuando el sistema sanitario se vio desbordado y resultaba muy difícil manejar la avalancha de pacientes. Sin embargo, el experto recalca que ese cambio de escenario se debe, sobre todo, a la extensión de las vacunas a lo largo de 2021 y 2022.
Entonces, los hospitales se llenaban de personas jóvenes y sin enfermedades previas con neumonías graves; hoy, la gran mayoría de cuadros graves se concentran en pacientes mayores y personas con patologías de base. Para Pérez Martín, este desplazamiento es una prueba clara de que la vacunación ha reducido de forma drástica la gravedad de la infección en la población general, pero también un recordatorio de que quien pertenece a un grupo de riesgo no puede relajarse.
En este contexto, la vacunación frente al covid-19 ya no se plantea como una urgencia colectiva, sino como una herramienta de protección continuada para colectivos concretos, cuyo objetivo es evitar los casos graves, los ingresos en UCI y la mortalidad evitable.
Quién se considera población de riesgo para el covid-19
Las recomendaciones actuales de vacunación frente al coronavirus en España y en Europa se enfocan en los grupos con mayor probabilidad de sufrir complicaciones. Según los criterios manejados por el Ministerio de Sanidad y alineados con los de la OMS, se consideran población de riesgo, entre otros, los siguientes colectivos:
- Personas mayores, especialmente a partir de los 70 años y, de forma muy marcada, los mayores de 80.
- Pacientes con enfermedades crónicas (cardiovasculares, respiratorias, renales, metabólicas, etc.).
- Personas con inmunodeficiencia moderada o grave, ya sea por enfermedad o por tratamientos inmunosupresores.
- Residentes en centros sociosanitarios o residencias de mayores, donde el riesgo de brotes y complicaciones es mayor.
- Mujeres embarazadas, por el riesgo añadido tanto para la madre como para el bebé.
En el caso del embarazo, la vacunación frente al covid-19 en mujeres embarazadas tiene un doble efecto. Por un lado, protege a la madre, que puede sufrir cuadros más severos si se infecta; por otro, ofrece una protección indirecta al recién nacido. Los niños menores de un año, y en especial los menores de seis meses, presentan tasas de hospitalización relativamente elevadas cuando se contagian de covid-19, situándose junto a los mayores de 80 años entre los grupos con más ingresos.
Los expertos subrayan que los perfiles para vacunarse frente al covid-19 son parecidos a los de la vacunación antigripal, aunque el listado para gripe suele ser algo más amplio. Por eso, en muchos países europeos se está optando por campañas conjuntas de vacunación de gripe y covid-19, en las que se administran ambas vacunas en la misma cita para facilitar la logística y aumentar la cobertura.
Qué pautas recomienda la OMS para los grupos de alto riesgo
A partir de las últimas reuniones de su Grupo Asesor Estratégico de Expertos en Vacunas (SAGE), la OMS ha actualizado sus directrices sobre el uso de las vacunas frente al covid-19. El foco se desplaza de la vacunación masiva a la protección sostenida de los grupos de mayor riesgo, y se establecen distintos niveles de prioridad según el perfil de cada persona.
Para los grupos de alto riesgo, la OMS recomienda que los países organicen refuerzos de la vacuna cada seis meses. Esta pauta semestral no está pensada para toda la población, sino para quienes tienen más probabilidades de desarrollar enfermedad grave, necesitar hospitalización o fallecer a causa del virus.
Dentro de este grupo de máximo riesgo entrarían:
- Personas mayores, en especial aquellas con patologías crónicas significativas o con obesidad importante.
- Residentes en centros de cuidados de larga duración, como residencias de ancianos y otros recursos sociosanitarios.
- Personas inmunodeprimidas, tanto con inmunosupresión moderada como grave, independientemente de la edad.
Para estas personas, la vacunación semestral se plantea como una especie de «mantenimiento» imprescindible de sus defensas frente al virus. No se trata de un extra opcional, sino de una barrera clave para reducir drásticamente el riesgo de acabar en el hospital o de sufrir un desenlace fatal.
La OMS también aconseja que cada país adapte estas indicaciones a su situación epidemiológica y capacidad de recursos, pero dejando claro que el grupo de alto riesgo debe ser una prioridad constante para los programas de inmunización.
Refuerzos anuales para otros colectivos prioritarios
Además del grupo que requiere refuerzos cada seis meses, la OMS plantea la posibilidad de organizar campañas de vacunación anual para otros sectores de la población que, sin estar en el nivel de riesgo máximo, siguen siendo especialmente relevantes desde el punto de vista sanitario.
Entre estos grupos destacan los profesionales sanitarios, que están en contacto continuo con pacientes y, por tanto, con una mayor exposición al virus. Mantener una buena protección en este colectivo no solo evita bajas laborales y sobrecarga en los servicios, sino que también reduce el riesgo de transmisión a pacientes vulnerables dentro de hospitales y centros de salud.
La OMS incluye también a las personas con patologías significativas, independientemente de su edad, abarcando desde niños y adolescentes con enfermedades crónicas hasta adultos con condiciones de base que puedan complicar un cuadro de covid-19. En estos casos, una dosis anual de refuerzo contribuye a mantener un nivel de inmunidad suficiente para que, si se produce la infección, la probabilidad de que derive en un cuadro grave sea mucho menor.
En muchos países europeos se está optando por sincronizar estos refuerzos con la campaña de vacunación de la gripe, de manera que en una misma visita se pueda revisar el calendario de vacunas recomendadas para cada persona según su edad y enfermedades previas.
Vacunación covid durante el embarazo
La vacunación frente al covid-19 en mujeres embarazadas es uno de los puntos en los que existe mayor consenso entre los expertos y las autoridades sanitarias. Tanto la OMS como los organismos nacionales recomiendan una dosis de vacuna por cada embarazo, y señalan como momento preferente el segundo trimestre de gestación, cuando el perfil de seguridad y eficacia es especialmente favorable.
Esta indicación se basa en varios factores. Por un lado, las gestantes tienen más riesgos de complicaciones respiratorias y de necesidad de ingreso si contraen el virus. Por otro, la vacuna permite que la madre transfiera anticuerpos al feto, lo que ofrece una protección parcial al bebé durante los primeros meses de vida, una etapa en la que todavía no se vacuna directamente a los lactantes.
Las autoridades insisten en que embarazarse no es motivo para retrasar la vacunación si se pertenece a algún grupo recomendado, sino, al contrario, un momento especialmente importante para revisar el estado vacunal, tanto frente al covid-19 como a otras infecciones prevenibles.
Cómo han cambiado las variantes del virus y la estrategia de vacunación
En los primeros años de la pandemia, la conversación pública giraba constantemente en torno a las variantes del coronavirus. Nombres como Delta u Ómicron se convirtieron en parte del lenguaje cotidiano, y cada nueva variante generaba preocupación sobre su mayor transmisibilidad o gravedad.
Actualmente, este tema ha perdido peso en los medios, en parte porque la situación epidemiológica es diferente. Tal y como explican especialistas en vacunología, la sensación de que el virus cambiaba continuamente se debía a que estaba infectando a un número muy elevado de personas en muy poco tiempo. Esa circulación intensa aumentaba las probabilidades de que surgieran variantes de interés.
Con la inmunidad adquirida por vacunación y por infecciones previas, el virus circula ahora de forma más limitada y aparecen menos variantes con impacto clínico relevante. Aunque siguen surgiendo sublinajes, la combinación de inmunidad poblacional y actualización de las vacunas ha reducido de forma importante la gravedad global de la enfermedad.
Esto no significa que el coronavirus haya desaparecido ni que se pueda bajar del todo la guardia, pero sí que la estrategia vacunal actual se centra más en reforzar defensas en grupos concretos que en responder a cada variante que surge.
Nuevas vacunas y más opciones para personas de riesgo
El arsenal frente al covid-19 no se limita ya a las primeras vacunas de ARN mensajero o a las basadas en vectores virales. En los últimos años han aparecido nuevas tecnologías vacunales que amplían las posibilidades de adaptación a distintos perfiles de pacientes y necesidades sanitarias.
Uno de los avances más destacados en el contexto europeo es la vacuna proteica desarrollada por la compañía española Hipra. Se trata de una vacuna basada en proteínas recombinantes, lo que ofrece una alternativa a las plataformas de ARN mensajero como las de Pfizer-BioNTech y Moderna. Para muchos expertos, supone un hito para la vacunología española y una pieza estratégica para la Unión Europea.
Disponer de plataformas vacunales diferentes tiene varias ventajas: permite adaptar la pauta a personas que puedan tener contraindicaciones o preferencias respecto a ciertos tipos de vacuna, diversifica la capacidad de producción y reduce la dependencia de unos pocos fabricantes. Además, contar con una vacuna desarrollada íntegramente dentro de la UE se considera un elemento clave para fortalecer la autonomía sanitaria ante posibles crisis futuras.
Junto a Hipra, otras vacunas como las de Novavax (también basada en tecnología proteica) se suman a las ya conocidas de Pfizer-BioNTech y Moderna, que continúan siendo pilares de la estrategia de inmunización gracias a su capacidad de actualizarse frente a variantes de forma relativamente rápida.
Efectos secundarios más frecuentes en las vacunas covid utilizadas en Europa
Como cualquier medicamento, las vacunas frente al covid-19 pueden producir efectos adversos. En general, la mayoría de las reacciones son leves o moderadas y se resuelven en pocos días. Conocer estos efectos esperables ayuda a interpretar de forma adecuada las molestias que puedan aparecer tras la vacunación, especialmente en personas de riesgo que reciben dosis de refuerzo.
En el caso de la vacuna de Hipra, entre los efectos más habituales se encuentran el dolor en el lugar de inyección, dolor de cabeza, cansancio y molestias musculares. También se han descrito, con menor frecuencia, linfadenopatías (inflamación de ganglios), síntomas gastrointestinales como diarrea, náuseas o vómitos, fiebre e inflamación o enrojecimiento en la zona de punción. Otros efectos menos comunes incluyen insomnio, mareos, somnolencia, dolor abdominal, escalofríos, malestar general, parestesias, erupciones cutáneas o hematomas locales.
La vacuna de Novavax, también de tipo proteico, presenta un perfil de seguridad en el que predominan el dolor de cabeza, náuseas o vómitos, dolor muscular o articular, sensación de cansancio y malestar, así como sensibilidad y dolor en la zona de inyección. Enrojecimiento, inflamación local y fiebre son relativamente frecuentes; más ocasionalmente se han observado hipertensión, erupciones con picor y alteraciones sensitivas como parestesias o hipoestesias.
Las vacunas de ARN mensajero, como Pfizer-BioNTech, suelen ocasionar dolor e inflamación en el brazo, cansancio, cefalea, dolores musculares y articulares, escalofríos, fiebre y, en algunos casos, diarrea. Otros efectos recogidos incluyen náuseas, vómitos, enrojecimiento en el punto de inyección, linfadenopatías y síntomas como picor local, dificultad para dormir, malestar general, disminución del apetito, sudoración intensa o erupciones cutáneas. Raramente, se han descrito parálisis facial periférica aguda o paresia.
En el caso de Moderna, el patrón es similar: dolor, enrojecimiento e hinchazón en el lugar de inyección, cansancio, escalofríos, fiebre, cefalea, dolor muscular y articular son las reacciones más frecuentes. Otras reacciones descritas abarcan ganglios inflamados bajo el brazo, diarrea, urticaria o erupciones locales, mareos, molestias abdominales e inflamación facial, además de efectos neurológicos poco frecuentes como parestesias, hipoestesia o parálisis facial periférica.
Los organismos reguladores europeos mantienen una vigilancia continua sobre la seguridad de todas estas vacunas, actualizando la información cuando se dispone de nuevos datos. En cualquier caso, el balance beneficio-riesgo sigue siendo claramente favorable para las personas de alto riesgo, para quienes la vacunación reduce de forma muy notable la probabilidad de cuadros graves frente al covid-19.
Con la pandemia en una fase mucho más controlada, la prioridad de los sistemas sanitarios en España y Europa ya no es inmunizar a toda la población a la vez, sino mantener bien protegidos a los colectivos más vulnerables. Refuerzos cada seis meses para los grupos de alto riesgo, campañas anuales para otros colectivos prioritarios, vacunación durante el embarazo y un abanico creciente de vacunas seguras y eficaces conforman una estrategia que busca que el covid-19 siga perdiendo protagonismo en las UCI y en las estadísticas de mortalidad, sin olvidar a quienes todavía pueden sufrir sus consecuencias con más dureza.