
El virus del papiloma humano (VPH) está implicado en la mayoría de los casos de cáncer de cuello de útero, de ahí que las pruebas de detección del virus sean una pieza clave de los programas de cribado. Aun así, no todas las mujeres participan en estas revisiones por miedo al dolor, incomodidad, estigma o simple falta de información, algo que se observa también en España y en otros países europeos.
Ante este contexto, un equipo del Hospital Zhongnan de la Universidad de Wuhan ha puesto el foco en una alternativa menos invasiva: un test para detectar el VPH en sangre menstrual recogida durante la regla con una pequeña compresa especial. El trabajo, publicado en la revista médica The BMJ, sugiere que este enfoque podría convertirse en una vía complementaria para aumentar el acceso al cribado, especialmente entre quienes evitan la consulta ginecológica.
Un estudio masivo con más de 3.000 mujeres

El ensayo se llevó a cabo en la provincia china de Hubei e incluyó a 3.068 mujeres de entre 20 y 54 años, todas con ciclos menstruales regulares, reclutadas en cuatro áreas urbanas y tres rurales entre septiembre de 2021 y enero de 2025. Se trata de un estudio comunitario de gran tamaño, diseñado para comparar directamente la nueva técnica con el muestreo cervical convencional.
Cada participante entregó tres tipos de muestras para analizar. En primer lugar, sangre menstrual recogida con una minitoalla sanitaria (un pequeño inserto de algodón estéril fijado en la zona absorbente de una compresa estándar), considerada la prueba índice. En segundo lugar, una muestra cervical obtenida por un profesional sanitario como referencia de comparación. Por último, se tomó otra muestra cervical adicional para su procesamiento posterior en el laboratorio.
Para facilitar la participación, las mujeres pudieron utilizar una aplicación móvil integrada en WeChat, llamada Early Test, donde consultaban los resultados y recibían consejos de profesionales de la salud. Esta integración tecnológica, según los autores, agilizó los tiempos de respuesta y mejoró la comunicación, algo que podría ser extrapolable a sistemas sanitarios europeos con amplia penetración de la telefonía móvil.
En el corazón del estudio se situó la comparación entre la sangre menstrual y las muestras cervicales en la detección de lesiones precancerosas de alto grado, conocidas como CIN2+ y CIN3+, que suelen requerir tratamiento para evitar su progresión hacia un cáncer de cérvix.
Cómo funciona el test y qué mide realmente

La nueva técnica consiste en analizar el material genético del VPH (ADN o ARN) presente en la sangre menstrual que se filtra desde el cuello del útero y el tracto genital. Igual que ocurre con otras muestras, como la citología o la automuestra vaginal, el objetivo es identificar la presencia del virus antes de que cause cambios celulares importantes.
Los investigadores fijaron como principales indicadores la sensibilidad y la especificidad del test. La sensibilidad refleja cuántas personas con la enfermedad son detectadas realmente por la prueba, mientras que la especificidad indica cuántas personas sanas se identifican correctamente como negativas, evitando falsos positivos.
Las muestras obtenidas con la minicompresa (conocida en el estudio como Minipad) mostraron una sensibilidad del 94,7% para detectar lesiones CIN2+, una cifra prácticamente equivalente a la observada con las muestras cervicales tomadas por profesionales, que alcanzaron el 92,1%. Es decir, el test con sangre menstrual no se quedó atrás a la hora de encontrar lesiones de alto grado.
En cuanto a la especificidad, el rendimiento fue ligeramente inferior para la sangre menstrual: 89,1% frente al 90% de la muestra cervical. Sin embargo, el dato que más tranquilidad ofrece a las pacientes, el valor predictivo negativo (la probabilidad de que un resultado negativo signifique realmente ausencia de enfermedad), fue prácticamente idéntico para ambos métodos, situándose alrededor del 99,9%.
El valor predictivo positivo, es decir, la probabilidad de que un resultado positivo se corresponda con una lesión CIN2+ verdadera, se mantuvo también muy similar: 9,9% en el caso de la sangre menstrual frente al 10,4% en la muestra cervical. Del mismo modo, la necesidad de derivar a exploraciones adicionales como la colposcopia fue comparable, con unas 10 derivaciones por cada lesión de alto grado detectada en ambos grupos.
Ventajas potenciales: comodidad y acceso al cribado

Más allá de las cifras, una de las principales bazas de esta propuesta es su carácter no invasivo y domiciliario. La posibilidad de usar una compresa específica durante la menstruación y enviarla al laboratorio podría ayudar a que muchas mujeres que hoy evitan el cribado, ya sea en España, en otros países europeos o en entornos con menos recursos, se animen a participar en los programas de detección.
En la publicación, el autor principal, Zheng Hu, recalca que esta estrategia facilitaría que las mujeres recojan la muestra en casa sin necesidad de exploración ginecológica. Para quienes sienten pudor, temor al dolor o desconfianza hacia el entorno sanitario, esta opción se presenta como un camino intermedio entre no hacer nada y acudir a consulta.
Los resultados del estudio respaldan la idea de que la sangre menstrual puede actuar, igual que otros fluidos cérvico-vaginales u orina, como vehículo de células y partículas virales procedentes del tracto genital. Por tanto, el análisis de este fluido abre la puerta a ampliar el abanico de métodos de cribado sin necesidad de instrumental ginecológico.
Otro punto que los autores subrayan es la integración tecnológica. La combinación de la recogida de muestra en casa con una aplicación móvil para recibir los resultados y el asesoramiento médico podría encajar bien con la realidad de muchos sistemas europeos, donde las herramientas digitales se usan cada vez más para gestionar citas, recordatorios y resultados de pruebas.
Según el equipo de Wuhan, los datos obtenidos en esta cohorte apoyan la posibilidad de que, en el futuro, las pruebas de VPH basadas en sangre menstrual se integren en las guías de cribado del cáncer de cuello uterino como alternativa o incluso como sustituto en determinados contextos, siempre que nuevos estudios confirmen estos hallazgos.
Lo que opinan las expertas en España
Aunque las conclusiones del grupo chino son optimistas, la comunidad científica europea pide cautela. Varias especialistas en ginecología oncológica y cribado del VPH, consultadas por medios científicos, valoran el trabajo como una aportación interesante, pero coinciden en que todavía no justifica cambios inmediatos en los programas de cribado vigentes.
Para Marta del Pino, ginecóloga de la Unidad de Oncología Ginecológica del Hospital Clínic de Barcelona y coordinadora científica del ICGON, la investigación demuestra que la detección de VPH a partir de muestras menstruales con minicompresa ofrece una sensibilidad muy similar a la del muestreo cervical convencional en la identificación de lesiones CIN2+. Además, remarca que el elevado valor predictivo negativo proporciona una gran seguridad clínica al recibir un resultado negativo.
Sin embargo, Del Pino insiste en que este test no puede interpretarse como un reemplazo inmediato de los protocolos de cribado actuales. Entre las limitaciones, señala que el estudio incluye solo mujeres que menstrúan de forma regular y recurre a un dispositivo prototipo no disponible en el mercado. También recuerda que no se practicó biopsia a todas las participantes con resultados negativos, lo que puede introducir un sesgo de verificación y inflar aparentamente el rendimiento de la prueba.
Otro punto que destaca la especialista es que, al recoger material del conjunto del tracto genital, la prueba podría detectar infecciones por VPH localizadas fuera del cuello uterino, lo que aumentaría el número de falsos positivos. En población general, añade, el valor predictivo positivo de cualquier estrategia basada en el VPH es limitado, de modo que no todos los resultados positivos implican la existencia de una lesión precancerosa.
En esta línea, Del Pino subraya que antes de plantear una incorporación real a la práctica clínica serían necesarios estudios de implementación en contextos diversos, comparaciones directas con otros métodos de autotoma ya disponibles (como la automuestra vaginal) y análisis de coste-efectividad y organización asistencial. Es decir, habría que ver cómo encaja este método dentro de los circuitos ya establecidos en países como España.
Dudas, pegas y límites del método
La visión prudente no es exclusiva. Xavier Bosch, investigador emérito del Instituto Catalán de Oncología (ICO) y del IDIBELL, también ve el trabajo como pionero pero todavía experimental. A su juicio, la clave está en determinar si la sangre menstrual ofrece un rendimiento realmente equiparable al de las pruebas de ADN del VPH en muestras ya consolidadas, como la citología, la automuestra vaginal o la orina, o si simplemente añade complejidad sin aportar un beneficio claro.
Bosch recuerda que uno de los retos técnicos pendientes es demostrar que la presencia de sangre no interfiere en la medición de los marcadores virales, un problema que ya dio quebraderos de cabeza en las primeras pruebas de PCR. Desde su perspectiva, el campo del cribado del VPH dispone hoy de herramientas fiables y ampliamente validadas, por lo que incorporar la sangre menstrual podría generar más ruido que ventajas si no se demuestra un valor añadido claro.
Más escéptico se muestra Pluvio Coronado, profesor de Obstetricia y Ginecología en la Universidad Complutense de Madrid y jefe de sección en el Hospital Clínico San Carlos. Aunque reconoce que la idea es innovadora, considera que tiene pocas probabilidades de implantarse de forma masiva en los programas de cribado poblacional.
Coronado señala varias limitaciones prácticas importantes. Para empezar, este tipo de test requiere la presencia de sangre menstrual, mientras que los programas de cribado se extienden generalmente hasta los 65 años, edad a partir de la cual muchas mujeres ya no tienen la regla. Además, recuerda que el uso de dispositivos intrauterinos hormonales (como Mirena y otros) y de anticonceptivos de larga duración hace que un número considerable de mujeres deje de menstruar de manera habitual.
A ello se añade que el método no se puede aplicar en mujeres embarazadas, que también requieren un seguimiento específico, y que el sistema sanitario ya se orienta hacia la autotoma vaginal como estrategia no invasiva con un rendimiento muy similar a la recogida por profesionales. Coronado recuerda que en su día se intentó una aproximación similar con muestras de orina y que, en la práctica, no terminó consolidándose como opción de cribado estándar.
Cómo encaja con las opciones actuales de cribado en Europa
En España y en buena parte de Europa, el cribado del cáncer de cuello uterino se apoya principalmente en dos herramientas: la citología cervical y las pruebas moleculares de detección directa del ADN del VPH. En muchos programas ya se contempla la posibilidad de que la mujer se realice una automuestra vaginal en casa, que después se analiza en el laboratorio con técnicas de PCR muy sensibles.
Estas estrategias cuentan con una amplia trayectoria de evaluación y están respaldadas por guías internacionales. El objetivo principal es identificar la presencia de tipos de VPH de alto riesgo, como los genotipos 16 y 18, que se asocian con mayor frecuencia a cáncer de cérvix y otros tumores anogenitales. En España, la prevalencia media de infección por VPH en mujeres ronda el 14,3%, alcanzando cifras cercanas al 29% en el grupo de 18 a 25 años, lo que ilustra la importancia de mantener programas de detección bien organizados.
En este contexto, la orina también se ha estudiado como una posible muestra alternativa, aunque los resultados son más variables y, en muchos trabajos, la especificidad resulta algo menor que en las pruebas basadas en muestras cervicales o automuestras vaginales. Por ahora, la mayoría de recomendaciones considera la orina como una opción prometedora pero aún en fase de maduración.
La propuesta de la sangre menstrual se sumaría, por tanto, a un catálogo creciente de métodos potenciales de cribado. Sin embargo, para que pueda ocupar un lugar estable en los protocolos europeos tendría que demostrar ventajas claras en términos de participación, precisión diagnóstica, coste-efectividad y logística frente a las alternativas ya implantadas.
Además, habría que resolver cuestiones prácticas como la fabricación y distribución del dispositivo tipo minitoalla, la recogida y transporte de las muestras, la estandarización de los procedimientos de laboratorio y la coordinación con los circuitos asistenciales ya existentes en los sistemas públicos de salud.
Por ahora, el valor principal de este estudio radica en abrir una nueva vía de investigación que podría ser especialmente interesante en entornos donde las mujeres encuentran grandes barreras para acudir físicamente a las consultas, pero sin desplazar de inmediato los métodos de cribado que ya han demostrado eficacia en la reducción de la mortalidad por cáncer de cuello de útero.
En conjunto, la investigación china aporta datos sólidos sobre la viabilidad de detectar el VPH mediante sangre menstrual y sugiere que el rendimiento es comparable al de la toma cervical tradicional, con un perfil de comodidad y accesibilidad que resulta atractivo. No obstante, las especialistas consultadas en España recuerdan que, aunque el enfoque parece prometedor y podría sumar opciones en casos concretos, todavía hacen falta más estudios, validación internacional y análisis en la práctica real antes de que esta prueba pueda plantearse como parte rutinaria de los programas de cribado en Europa.