
En los últimos años, muchas mujeres embarazadas han escuchado mensajes contradictorios sobre si es seguro tomar paracetamol durante la gestación. Declaraciones políticas de alto impacto, titulares alarmistas y estudios poco rigurosos han contribuido a sembrar la duda y a aumentar la ansiedad en un momento ya de por sí delicado.
Una nueva revisión sistemática y metaanálisis, publicada en la revista The Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women’s Health, viene a poner orden en este debate: tras analizar en profundidad decenas de trabajos de distintos países, sus autores concluyen que el paracetamol en el embarazo no incrementa el riesgo de autismo, TDAH ni discapacidad intelectual en los hijos. El mensaje que transmiten los expertos es claro: usado correctamente y cuando está indicado, sigue siendo una opción segura.
Un metaanálisis clave para zanjar la polémica

El nuevo trabajo está liderado por investigadores del City St George’s de la Universidad de Londres, en colaboración con científicos de Reino Unido, Suecia, Noruega e Italia. Su objetivo era responder de forma sólida a la preocupación pública generada a raíz de las afirmaciones de la administración estadounidense de Donald Trump, que llegó a vincular públicamente el uso de paracetamol en el embarazo con el desarrollo de trastorno del espectro autista y otros problemas del neurodesarrollo.
Para ello realizaron una revisión sistemática y un metaanálisis de 43 estudios internacionales, seleccionados entre más de 4.000 artículos científicos revisados inicialmente. Solo se incluyeron aquellos trabajos con metodología robusta y bajo riesgo de sesgo, descartando de forma deliberada los estudios de menor calidad que no controlaban adecuadamente los factores de confusión más importantes.
Entre los criterios de inclusión destacaban tres aspectos: que se tratara de investigaciones con comparaciones entre hermanos (embarazos de la misma madre, unos expuestos a paracetamol y otros no), que los estudios fueran evaluados como de bajo riesgo de sesgo o que contaran con un seguimiento mínimo de cinco años de los niños. Esta estrategia permitió centrarse en la evidencia más fiable disponible y reducir al máximo el “ruido” estadístico.
Según los autores, cuando se excluyen los trabajos que no tienen en cuenta diferencias clave entre las mujeres que toman o no paracetamol en el embarazo, las supuestas asociaciones entre el fármaco y el autismo, el TDAH o la discapacidad intelectual desaparecen. Es decir, los resultados que antes parecían preocupantes se explican mucho mejor por otros factores maternos o familiares.
En palabras de Ian Douglas, profesor de Farmacoepidemiología en la London School of Hygiene & Tropical Medicine, los investigadores han sido especialmente meticulosos al discutir las limitaciones de la evidencia existente y al defender, con base en los datos, el papel del paracetamol como tratamiento cuando es necesario en mujeres embarazadas con dolor o fiebre.
Qué dicen realmente los datos: no hay aumento de riesgo de autismo, TDAH ni discapacidad intelectual

El metaanálisis se centró en tres problemas concretos del neurodesarrollo: trastorno del espectro autista (TEA), trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y discapacidad intelectual. En los estudios con comparaciones entre hermanos, la base de datos conjunta incluyó a 262.852 niños evaluados para autismo, 335.255 para TDAH y 406.681 para discapacidad intelectual, unas cifras muy superiores a las de muchos trabajos previos.
Al comparar a hijos de la misma madre, en embarazos en los que se había utilizado paracetamol y en otros en los que no, los investigadores comprobaron que no existía un aumento clínicamente relevante del riesgo de ninguno de estos trastornos en los niños expuestos al fármaco durante la gestación. Este patrón se mantuvo tanto en los análisis entre hermanos como en los estudios considerados de bajo riesgo de sesgo y en aquellos con seguimiento prolongado de más de cinco años.
Los resultados van en la misma línea de trabajos recientes realizados en Europa. En 2024, por ejemplo, un gran estudio publicado en la revista JAMA analizó los datos de más de 2,4 millones de niños nacidos en Suecia entre 1995 y 2019. Este trabajo, que comparó a niños expuestos y no expuestos al paracetamol, incluyendo comparaciones entre hermanos, tampoco encontró asociación entre el consumo de paracetamol en el embarazo y un mayor riesgo de autismo, TDAH u otros problemas del desarrollo neurológico.
Francesco d’Antonio y Maria Elena Flacco, investigadores italianos que firman la síntesis en The Lancet junto a otros autores europeos, subrayan que nos encontramos ante uno de los análisis más exhaustivos y metodológicamente cuidados que se han realizado hasta ahora sobre este tema. La evidencia disponible, señalan, no muestra un incremento clínicamente importante de la probabilidad de TEA, TDAH o discapacidad intelectual en los hijos de mujeres que utilizan paracetamol según las indicaciones durante la gestación.
Expertos como Josep Antoni Ramos-Quiroga, jefe de Psiquiatría del Hospital Vall d’Hebron, destacan también la relevancia del trabajo. Según explica, el metaanálisis ofrece datos que deberían aportar tranquilidad a los profesionales y a las embarazadas a la hora de recurrir a este medicamento cuando exista dolor o fiebre, siempre bajo supervisión y en las dosis recomendadas.
Por qué algunos estudios encontraban un supuesto daño
Durante años circularon investigaciones que parecían señalar una relación entre el uso de paracetamol en el embarazo y un aumento de casos de autismo o TDAH. Sin embargo, muchos de esos trabajos presentaban limitaciones importantes de diseño: no controlaban adecuadamente los antecedentes familiares, no diferenciaban entre causas de la fiebre o el dolor, o no disponían de datos suficientes sobre la historia clínica de las madres.
Los autores del metaanálisis aclaran que estos estudios de menor calidad tienden a observar un “daño aparente” asociado al paracetamol que, con toda probabilidad, no se debe al fármaco en sí, sino a diferencias relevantes entre las mujeres que lo toman y las que no. Por ejemplo, una madre con infecciones frecuentes, dolor crónico o problemas de salud mental podría usar paracetamol con más frecuencia y, al mismo tiempo, presentar una mayor predisposición genética a ciertos trastornos en su descendencia.
Al excluir de la revisión sistemática aquellos trabajos que no tenían en cuenta estas diferencias, los investigadores consiguieron reducir de forma considerable el “ruido” estadístico y centrarse en los resultados más fiables. Esta depuración metodológica ayuda a explicar por qué algunos metaanálisis anteriores apuntaban a pequeñas asociaciones entre paracetamol y autismo o TDAH: se basaban en estudios observacionales con un riesgo elevado de sesgo y con controles insuficientes de los factores de confusión.
También se ha señalado que, en familias donde hay niños con discapacidad o necesidades especiales, los progenitores pueden recurrir más al paracetamol por el estrés y las dolencias asociadas al cuidado, o debido a sus propios problemas de salud crónicos. Según el psicólogo Steven Kapp, profesor en la Universidad de Portsmouth, esto puede haber generado falsos vínculos estadísticos entre el medicamento y la discapacidad infantil cuando, en realidad, lo que subyace son patrones familiares y condiciones previas.
De hecho, algunos análisis previos publicados, por ejemplo, en la revista BMC Environmental Health, sugerían una posible asociación entre el uso prenatal de paracetamol y trastornos del neurodesarrollo. Sin embargo, los propios autores reconocían que esos resultados podrían indicar la existencia de patologías subyacentes durante la gestación (como infecciones graves) que llevan a las pacientes a tomar dosis más altas y que serían las verdaderas responsables del aumento de riesgo, no el fármaco en sí.
El papel de las comparaciones entre hermanos y de los antecedentes familiares
Una de las grandes fortalezas del metaanálisis publicado en The Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women’s Health es el uso de estudios que realizan comparaciones entre hermanos dentro de una misma familia. Este tipo de diseño permite controlar, en gran medida, tanto la genética compartida como el entorno familiar y las características parentales a largo plazo.
Grainne McAlonan, catedrática de Neurociencia Traslacional en el King’s College London, explica que tener en cuenta los antecedentes familiares es “crucial” para llegar a conclusiones sólidas. Si en una familia hay varios hijos con trastornos del neurodesarrollo, pero algunos han estado expuestos al paracetamol durante la gestación y otros no, y las tasas de autismo o TDAH son similares, la hipótesis de que el fármaco sea la causa pierde fuerza.
Este enfoque también ayuda a desmontar ejemplos típicos de confusión. Ramos-Quiroga pone un paralelismo con el caso de las madres que toman antidepresivos en el embarazo: en muchos estudios se observa que sus hijos presentan más TDAH, pero si se analiza con detalle se aprecia que las propias madres tienen más frecuencia de TDAH, y esa carga genética es la que se transmite, no el efecto directo del medicamento psicofarmacológico.
En el contexto del paracetamol ocurre algo parecido. Los hijos de mujeres con determinadas condiciones médicas o psiquiátricas podrían tener un mayor riesgo de trastornos del neurodesarrollo, aunque las madres no hubieran tomado ni una sola pastilla. Cuando se comparan hermanos en los que solo en uno de los embarazos hubo exposición al paracetamol y, aun así, no se ve una diferencia clara en la aparición de autismo, TDAH o discapacidad intelectual, la conclusión más razonable es que el analgésico no es el factor determinante.
Los autores del metaanálisis señalan que la falta de asociación se mantiene incluso en los subgrupos de estudios considerados de máxima calidad según herramientas como QUIPS (Calidad en Estudios de Pronóstico), que evalúan el riesgo de sesgo en función de múltiples parámetros metodológicos. Aunque reconocen que todavía hacen falta más trabajos con diseños entre hermanos, los resultados actuales son coherentes y apuntan en la misma dirección.
Limitaciones del estudio y precauciones razonables
Aunque los datos son tranquilizadores, los investigadores también insisten en que su trabajo tiene limitaciones. Una de las principales es que no han podido analizar de manera detallada el efecto de variables como el trimestre concreto de embarazo en el que se tomó el paracetamol, la frecuencia exacta de uso, las dosis acumuladas o las posibles diferencias según el sexo del bebé, debido a que muy pocos estudios informaban estos datos con precisión.
Por este motivo, los autores recuerdan que las conclusiones se refieren al uso de paracetamol “según las indicaciones”, es decir, respetando las dosis recomendadas, durante el menor tiempo posible y solo cuando existe una indicación médica clara, como dolor o fiebre. No se puede extrapolar la seguridad demostrada a un uso abusivo o prolongado sin control sanitario.
También puntualizan que, como en toda investigación científica, existe un margen de incertidumbre inevitable. Un metaanálisis, por muy amplio que sea, se basa en los estudios disponibles, y estos pueden no cubrir todas las casuísticas posibles. Aun así, los expertos consideran que la suma de la evidencia actual es consistente con las recomendaciones de las principales agencias reguladoras, como la Agencia Europea del Medicamento (EMA) y la FDA estadounidense, que siguen avalando el paracetamol como el analgésico de elección en el embarazo.
Los investigadores destacan además la importancia de seguir ampliando los registros de embarazos y de salud infantil para poder detectar, en el futuro, patrones raros o muy específicos que hoy pasan desapercibidos. No obstante, a día de hoy, no se ha identificado ningún señal de seguridad que justifique modificar las directrices actuales respecto a este medicamento en mujeres gestantes.
Como señalan varios especialistas consultados por plataformas científicas como Science Media Centre, la clave está en combinar la prudencia clínica —usar la dosis eficaz mínima, durante el menor tiempo necesario y siempre bajo supervisión profesional— con el reconocimiento de que prescindir de un fármaco útil sin motivo puede acarrear también consecuencias negativas.
Riesgos de no tratar dolor y fiebre en el embarazo
Uno de los mensajes reiterados por los autores del metaanálisis y por los expertos independientes es que desalentar el uso de paracetamol sin base científica puede resultar contraproducente. La fiebre alta y el dolor mal controlado en el embarazo no son problemas menores: se asocian con riesgos bien conocidos tanto para la madre como para el feto.
La fiebre materna no tratada, por ejemplo, se ha vinculado a un mayor riesgo de complicaciones obstétricas y problemas en el desarrollo embrionario, especialmente si aparece en el primer trimestre. En los casos de infecciones graves, no actuar de forma adecuada sobre la temperatura puede tener consecuencias mucho más claras y documentadas que cualquiera de las asociaciones débiles sugeridas en estudios observacionales previos sobre paracetamol.
Desde la práctica clínica, profesionales como Asma Khalil, profesora de Obstetricia y Medicina Materno-Fetal en la Universidad City St George’s, insisten en que el mensaje debe ser sencillo: el paracetamol sigue siendo una opción segura y de primera línea para mujeres embarazadas con dolor o fiebre, siempre que se tome tal y como se indica. En su opinión, las pacientes necesitan saber que disponen de una herramienta eficaz para aliviar sus síntomas sin que eso suponga poner en peligro la salud futura de sus hijos.
Los autores del estudio alertan de que mensajes alarmistas, como los emitidos por la administración Trump o por algunas campañas mediáticas, han generado mucha ansiedad innecesaria entre mujeres que ya de por sí afrontan numerosas preocupaciones durante el embarazo. En algunos casos, comentan los expertos, estas dudas han llevado a evitar la medicación aun cuando existía un dolor intenso o una fiebre preocupante, algo que puede resultar más dañino que el propio tratamiento.
En este sentido, los investigadores subrayan la necesidad de comunicar los riesgos de los medicamentos en el embarazo de forma equilibrada, explicando tanto lo que se sabe como lo que no, y evitando extrapolar conclusiones a partir de rumores, hipótesis no confirmadas o estudios aislados con problemas metodológicos.
Posición de las autoridades sanitarias y recomendaciones para Europa y España
En el contexto europeo, la posición de las agencias reguladoras ha sido relativamente estable a lo largo de los años. La Agencia Europea del Medicamento considera el paracetamol un fármaco seguro durante el embarazo cuando se utiliza de forma racional, en las dosis pautadas y durante el menor tiempo imprescindible. Del mismo modo, ni la EMA ni la FDA han emitido alertas que contraindiquen su uso en gestantes, a pesar de la polémica generada por algunos discursos políticos.
En España, las guías clínicas y los servicios de obstetricia de hospitales de referencia —como el Vall d’Hebron, La Paz o el Clínic de Barcelona— continúan recomendando el paracetamol como analgésico y antipirético de elección para mujeres embarazadas, reforzando la idea de que, si se precisa aliviar dolor o fiebre, es preferible optar por este medicamento antes que recurrir a otros fármacos con peor perfil de seguridad en la gestación.
Los especialistas españoles recalcan, eso sí, que cualquier síntoma persistente de dolor intenso o fiebre debe ser valorado por un profesional sanitario. La pauta general es utilizar la menor dosis eficaz durante el menor tiempo posible, algo que encaja perfectamente con las conclusiones del metaanálisis y con las recomendaciones internacionales.
De cara a las embarazadas residentes en España y en el resto de Europa, el mensaje que se desprende de la nueva evidencia es que no es necesario cambiar los hábitos de uso del paracetamol cuando este se toma bajo supervisión médica y siguiendo las instrucciones del prospecto. Lo que sí se desaconseja es automedicarse de forma sistemática, prolongar el tratamiento sin indicación o combinarlo con otros fármacos sin consultarlo.
La publicación en una revista de alto impacto como The Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women’s Health refuerza además la credibilidad científica del mensaje, ya que implica un proceso de revisión por pares exigente y una evaluación crítica por parte de la comunidad internacional. Todo ello contribuye a que las autoridades sanitarias europeas y españolas dispongan de una base más sólida para sostener sus recomendaciones actuales.
Con este nuevo metaanálisis sobre la mesa, la imagen general que dibuja la literatura científica es bastante consistente: cuando se emplea de forma adecuada, el paracetamol en el embarazo no aumenta el riesgo de autismo, TDAH ni discapacidad intelectual y sigue siendo el tratamiento de referencia para controlar dolor y fiebre en la gestación. Pese a la notoriedad mediática de ciertas declaraciones políticas, la investigación acumulada respalda que las mujeres embarazadas pueden sentirse razonablemente seguras al usarlo según las indicaciones, evitando tanto el miedo injustificado como el uso descuidado del medicamento.