Moderna cierra la disputa por las patentes de su vacuna COVID-19

  • Moderna acuerda pagar hasta 2.250 millones de dólares a Genevant y Arbutus por el uso de tecnología LNP en su vacuna contra la COVID-19.
  • El pacto elimina litigios en Estados Unidos y otros países y libera a Moderna de pagar regalías por futuras vacunas basadas en esta tecnología.
  • Los analistas consideran que el acuerdo despeja una gran incertidumbre y permite centrar el foco en los proyectos oncológicos y vacunas de nueva generación.
  • El mercado reaccionó al alza, aunque persisten dudas sobre el impacto en la liquidez y los litigios cruzados con Pfizer y BioNTech por patentes de ARNm.

Acuerdo por las patentes de la vacuna COVID-19 de Moderna

El largo pulso judicial en torno a las patentes de la vacuna contra la COVID-19 de Moderna ha dado un giro decisivo con el anuncio de un acuerdo millonario con Genevant Sciences y Arbutus Biopharma. El pacto, valorado en hasta 2.250 millones de dólares (alrededor de 1.930 millones de euros), pone fin a una de las disputas más relevantes sobre la tecnología que permitió la rápida llegada de las vacunas de ARNm durante la pandemia.

Este desenlace tiene un efecto que va más allá de Estados Unidos: clarifica el mapa de propiedad intelectual de las tecnologías de nanopartículas lipídicas (LNP), clave en la fabricación de vacunas de ARNm también para los mercados europeo y español, donde la seguridad jurídica en materia de patentes es un factor determinante para la inversión y la planificación de futuras campañas de inmunización.

Un pago escalonado de hasta 2.250 millones de dólares

Moderna ha pactado desembolsar hasta 2.250 millones de dólares a Genevant y Arbutus, compañías vinculadas a Roivant Sciences, para resolver las acusaciones de uso no autorizado de la tecnología LNP en su vacuna contra la COVID-19. Esta tecnología actúa como un «vehículo» para proteger y transportar el ARNm hasta las células, un componente sin el cual el inmunógeno no sería eficaz.

Según los términos del acuerdo, la farmacéutica abonará 950 millones de dólares por adelantado en julio de 2026. El segundo tramo, de hasta 1.300 millones adicionales, queda condicionado al resultado de una apelación legal independiente, por lo que no está garantizado que se materialice en su totalidad. El entendimiento cierra procedimientos judiciales tanto en tribunales estadounidenses como en otros países.

Un punto clave del pacto es que, de acuerdo con la información difundida por la compañía, Moderna no tendrá que pagar regalías por el uso de esta tecnología LNP en sus vacunas futuras. En la práctica, esto significa que el impacto económico del acuerdo queda acotado a los pagos ya definidos, sin arrastrar una carga continua sobre las ventas de nuevos productos basados en la misma plataforma tecnológica.

El acuerdo llega después de que el caso estuviera a punto de ir a juicio en un tribunal federal de Delaware, donde iba a celebrarse el primer gran proceso sobre patentes de vacunas contra la COVID-19 en Estados Unidos. La solución negociada evita un litigio prolongado e imprevisible que podría haber tenido implicaciones para otros fabricantes, incluidos aquellos que operan en el mercado europeo.

Patentes de la vacuna COVID-19 y acuerdo entre compañías

Impacto financiero y reacción de los mercados

El cierre de la disputa por las patentes ha sido leído por los inversores como una victoria relativa para Moderna frente al peor escenario contemplado, que incluía la posibilidad de regalías elevadas y pagos muy superiores a los finalmente acordados. Analistas consultados por agencias internacionales subrayan que Wall Street llegó a temer un coste total por encima de los 3.000 millones de dólares.

En el corto plazo, el anuncio disparó la cotización de Moderna en las operaciones previas y posteriores a la sesión, con subidas en torno al 9-10%. Las acciones de Arbutus también avanzaron de forma notable, mientras que Roivant registró un incremento más moderado. Este movimiento en bolsa refleja el alivio del mercado ante la reducción de la incertidumbre legal que pesaba sobre el valor.

Desde el lado de los analistas, Myles Minter, de William Blair, ha señalado que el acuerdo otorga a la empresa mayor visibilidad sobre su capacidad de financiación de cara a 2026, año en el que se esperan varios resultados clave de ensayos oncológicos en fase avanzada. Estos programas, centrados en vacunas personalizadas contra el cáncer y terapias basadas en ARNm, se consideran uno de los principales motores de crecimiento a largo plazo para la biotecnológica.

No todo son luces, sin embargo. La analista de Bernstein, Courtney Breen, ha advertido de que, si finalmente se ejecuta el pago adicional de 1.300 millones de dólares, las reservas de efectivo de Moderna podrían reducirse a unos 3.200 millones de dólares en 2026. La propia compañía prevé para este año un colchón de liquidez de entre 4.500 y 5.000 millones de dólares, de modo que el acuerdo estrecha el margen de maniobra financiero.

Este escenario se produce en un contexto en el que la demanda global de vacunas contra la COVID-19 ha caído de forma muy significativa respecto a los máximos de la pandemia, con un impacto directo en los ingresos. Las acciones de Moderna acumulan un retroceso cercano al 90% desde los picos alcanzados en 2021, lo que evidencia el cambio de fase del mercado y la necesidad de que la empresa diversifique su cartera más allá del coronavirus.

La tecnología LNP y su relevancia para Europa

La disputa giraba en torno al empleo de nanopartículas lipídicas (LNP) como sistema de entrega del ARNm. Estas partículas actúan como una «cápsula» que envuelve y protege las moléculas de ARN mensajero para que no se degraden antes de llegar a las células. Sin esta envoltura lipídica, el ARNm no podría cumplir su función de instruir al organismo para producir la proteína frente a la que se genera la respuesta inmunitaria.

Durante la fase aguda de la pandemia, tanto en la Unión Europea como en España, las vacunas de ARNm basadas en esta tecnología se convirtieron en una de las principales herramientas de las campañas de vacunación masiva. La seguridad sobre quién controla y explota comercialmente estas patentes resulta relevante para los reguladores europeos, que deben evaluar la sostenibilidad de los acuerdos de suministro y la estabilidad del mercado de vacunas a medio plazo.

El hecho de que el pacto entre Moderna, Genevant y Arbutus cierre procedimientos en varias jurisdicciones internacionales aporta un marco más previsible también para los sistemas sanitarios europeos. A medida que la COVID-19 se consolida como una enfermedad endémica, los países de la UE están ajustando sus estrategias de compra de dosis de refuerzo y combinadas (por ejemplo, vacunas conjuntas frente a COVID-19 y gripe), y necesitan certezas en torno a los costes y la disponibilidad de estas tecnologías.

Para el ecosistema de innovación biomédica del continente, el caso pone de relieve hasta qué punto la propiedad intelectual ligada a plataformas como el ARNm y las LNP puede condicionar el ritmo de desarrollo de nuevas vacunas y tratamientos. Aunque el acuerdo no está específicamente dirigido al mercado europeo, su desenlace ayuda a reducir el riesgo de conflictos de patentes que pudieran dificultar la llegada de futuras vacunas de nueva generación a la Unión Europea.

En este contexto, la experiencia de la pandemia ha impulsado debates en Bruselas sobre cómo equilibrar la protección de la innovación con el acceso equitativo a vacunas y medicamentos esenciales. El desenlace de la disputa de Moderna es observado con atención por autoridades sanitarias y actores de la industria en Europa, que valoran la estabilidad regulatoria como un elemento clave para planificar inversiones en fabricación y desarrollo clínico en territorio comunitario.

Tecnología de ARNm y patentes de vacunas COVID-19

Otros frentes legales abiertos: Pfizer, BioNTech y la carrera del ARNm

El acuerdo con Genevant y Arbutus no significa que Moderna haya cerrado todos los capítulos judiciales relacionados con la COVID-19. De hecho, la compañía mantiene activos otros litigios relevantes en el ámbito de las patentes de ARNm, especialmente con Pfizer y su socio alemán BioNTech, protagonistas junto a Moderna del desarrollo de las primeras vacunas autorizadas en Europa.

En 2022, Moderna presentó una demanda contra Pfizer y BioNTech por supuesta infracción de varias de sus patentes sobre tecnología de ARNm empleada en la vacuna contra la COVID-19. Las compañías demandadas niegan haber vulnerado esos derechos, lo que ha dado lugar a un complejo cruce de acciones legales en distintas jurisdicciones. Este tipo de pleitos puede tener implicaciones indirectas en el mercado europeo, donde estas vacunas se han distribuido masivamente.

Lejos de limitarse a defenderse, BioNTech ha contraatacado con una demanda propia, en la que argumenta que la nueva vacuna de Moderna de próxima generación contra la COVID-19, conocida como MNEXSPIKE, infringe una de sus patentes. Esta escalada refleja la intensa pugna por el control de la tecnología de ARNm, considerada estratégica no solo para la COVID-19, sino también para futuras vacunas respiratorias y terapias contra el cáncer.

Mientras tanto, Genevant y Arbutus mantienen otra demanda separada contra Pfizer y BioNTech por el uso de la tecnología LNP en su propia vacuna contra la COVID-19. Es decir, el acuerdo de Moderna solo zanja su parte del conflicto con estas empresas, pero el tablero legal internacional sigue muy activo y podría influir en cómo se estructuran futuros contratos y colaboraciones en el espacio del ARNm.

Los analistas consultados subrayan que, pese a la mejora de visibilidad que aporta el pacto recién anunciado, el calendario y el desenlace de los demás litigios siguen siendo inciertos. Esta situación obliga a la compañía a gestionar sus recursos con cautela, más aún en un escenario de ingresos por COVID-19 a la baja y con fuertes inversiones en investigación y desarrollo para expandir su pipeline más allá de las enfermedades infecciosas.

Tomando perspectiva, el cierre de la disputa por las patentes de la vacuna de Moderna supone un paso importante para despejar el terreno en torno a la tecnología LNP y alivia una parte del riesgo que pesaba sobre la compañía y sobre el ecosistema de las vacunas de ARNm. Sin embargo, la combinación de presión financiera, cambios en la demanda de vacunas y batallas legales aún abiertas con otros competidores de referencia mantiene el sector en una fase de transición delicada, en la que la capacidad de innovar sin perder de vista la sostenibilidad económica será determinante tanto para las empresas como para los sistemas sanitarios europeos que dependen de sus productos.

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