A pesar de las lecciones que dejó la covid, la Unión Europea sigue sin dar con una vía eficaz para atajar la escasez crónica de medicamentos. Así lo evidencia el último informe del Tribunal de Cuentas europeo, que describe un problema persistente y complejo que impacta a todo el bloque.
El organismo auditor califica la situación como un “dolor de cabeza crónico”, que lejos de remitir se ha intensificado recientemente. Sus expertos sostienen que el desabastecimiento debe resolverse a escala comunitaria con medidas sólidas y coordinadas entre instituciones, industria y Estados miembros.
Un problema sostenido en el tiempo

Según el Tribunal de Cuentas, en 2023 y 2024 se alcanzaron niveles inéditos de escasez, lo que refuerza la urgencia de una respuesta estructural. El repunte ha puesto de relieve debilidades ya conocidas y la necesidad de actuar de forma sistemática.
La falta de fármacos repercute en la atención a los pacientes y supone un coste notable para médicos, farmacias y autoridades sanitarias, una realidad que el auditor Klaus Heiner Lehne resume con claridad: la UE “necesita una solución eficaz” que aborde el problema de raíz y refuerce la autonomía estratégica.
Causas profundas: dependencia exterior y mercado fragmentado
El informe apunta a vulnerabilidades en la cadena de suministro derivadas de la externalización de buena parte de la producción, en especial de antibióticos y analgésicos, a países asiáticos. Esta dependencia hace a la UE más sensible a disrupciones externas.
También pesa la fragmentación del mercado único de medicamentos: diferencias regulatorias y comerciales dificultan la libre circulación y disponibilidad de productos, lo que termina generando un acceso desigual entre los Estados miembros.
Qué se ha hecho hasta ahora
En 2023, la Comisión Europea presentó una reforma integral de la legislación farmacéutica y publicó una lista de 300 medicamentos críticos cuya disponibilidad exige protección reforzada. El objetivo: anticipar riesgos y priorizar lo esencial.
Ya en marzo, el Ejecutivo comunitario impulsó una propuesta de Ley de Medicinas Críticas para diversificar las cadenas de suministro de fármacos fundamentales e incentivar la producción, incluidos ingredientes activos, dentro del territorio de la UE.
Desde Bruselas insisten en que afrontar la escasez y asegurar el suministro es una prioridad de primer orden, con la EMA como pieza clave en evaluación y seguimiento; sin embargo, los avances no han resuelto el fondo del problema.
Por qué no basta: límites y carencias de datos
El Tribunal de Cuentas considera que los pasos dados son necesarios pero insuficientes. La existencia de la lista de esenciales no garantiza la disponibilidad y, de hecho, algunos de esos productos se han visto igualmente afectados por desabastecimientos críticos.
Se reclama mejorar el sistema de prevención y mitigación de escaseces, hoy falto de un marco jurídico adecuado y de información práctica y a tiempo que permita actuar con rapidez ante tensiones de suministro.
Aunque su papel creció tras la pandemia, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) sigue sin contar con competencias legales plenas para ayudar a los países fuera de las crisis sanitarias. Además, carece de datos continuos porque las notificaciones de la industria son voluntarias, tardías e incompletas, y difíciles de comparar. Los auditores proponen crear una base de datos y plataforma únicas a escala de la UE, con información sobre disponibilidad, vulnerabilidades y alternativas terapéuticas.
Qué piden los auditores
Los expertos recomiendan una acción coordinada global que aborde las causas profundas del desabastecimiento, integrando producción, logística, regulación y compras públicas con una mirada de largo plazo.
Piden a la Comisión medidas para reforzar la aplicación y el control del cumplimiento por parte de los Estados miembros de la obligación de suministro continuo de productos como las pastillas de lactasa que recae sobre la industria.
Asimismo, sugieren evaluar la necesidad y la viabilidad de coordinar las reservas estratégicas nacionales, de forma que se eviten solapamientos, se optimicen recursos y se garantice un acceso más equilibrado en toda la Unión.
La fotografía que dibuja el informe es clara: hay diagnóstico y propuestas sobre la mesa, pero falta cerrar el círculo con competencias, datos compartidos y una ejecución coordinada que permita reducir la dependencia, evitar roturas y asegurar que los medicamentos esenciales lleguen a tiempo a quien los necesita.