La crisis de salud mental en España: aumento de bajas laborales y suicidios entre los jóvenes

  • Las bajas laborales por trastornos mentales se han disparado entre los menores de 35 años, con un incremento del 160% en siete años.
  • El suicidio es la tercera causa de muerte en jóvenes de 15 a 29 años, según la OMS, y los intentos previos son el principal factor de riesgo.
  • Expertos y asociaciones denuncian la falta de financiación específica para políticas de salud mental, mientras la demanda de atención crece.

Salud mental

La salud mental se ha convertido en uno de los grandes desafíos sanitarios y sociales en España, especialmente entre la población más joven. Los datos oficiales reflejan un incremento alarmante de las bajas laborales por trastornos como la ansiedad y la depresión, mientras que el suicidio se consolida como la tercera causa de muerte en adolescentes y adultos jóvenes. A esto se suma la falta de una financiación estable y específica para las políticas de prevención y atención, una carencia que denuncian tanto los profesionales como las asociaciones del sector.

La situación no es nueva, pero se ha agravado tras la pandemia. Según los últimos informes, uno de cada siete jóvenes de entre 10 y 19 años padece algún tipo de trastorno mental, y las cifras de incapacidad temporal por estos motivos no dejan de crecer. Mientras tanto, las administraciones públicas avanzan lentamente en la dotación de recursos, y las voces críticas piden una estrategia nacional que aborde el problema de raíz.

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El aumento de las bajas laborales por trastornos mentales en jóvenes

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Los datos de la patronal de las mutuas (AMAT) y del Ministerio de Seguridad Social revelan una tendencia preocupante: las bajas por incapacidad temporal entre los menores de 35 años se han multiplicado por 2,6 en solo siete años, un incremento del 160%. En 2025, casi dos millones de jóvenes se acogieron a una prestación por IT, lo que supuso la pérdida de más de 84 millones de jornadas laborales. Aunque los mayores de 55 años acumulan más días de baja (127 millones), la duración media de sus procesos es mucho mayor (86 días frente a 21), lo que indica que los jóvenes sufren episodios más frecuentes pero más cortos.

Detrás de este boom de ausencias se encuentran los trastornos de salud mental, que han dejado de ser un tabú y se han convertido en uno de los grandes focos de crecimiento de la incapacidad temporal. En 2025 se registraron 729.072 procesos por trastornos mentales, un 105% más que en 2018. La ansiedad es la principal protagonista: las bajas por ansiedad no especificada se han cuadruplicado desde 2016, y las asociadas a ansiedad generalizada se han multiplicado por más de siete. Entre los menores de 35 años, estos procesos ya suponen el 34,9% del total, frente al 29% de 2016.

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Olga Merino, vocal del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, advierte que reducir este fenómeno a una supuesta «generación de cristal» es una explicación cómoda pero insuficiente. Los jóvenes tienen mayor conciencia de su bienestar emocional y verbalizan antes el malestar, pero también se enfrentan a una presión laboral y vital creciente, a una atención primaria que debe decidir bajas sin conocer bien las exigencias del puesto y a unas listas de espera que retrasan el acceso a un psicólogo. «Una cosa es que aumenten los problemas de salud mental y otra que ese incremento explique por sí solo el crecimiento de las bajas», señala Merino, que pide una mejor coordinación entre médicos, empresas y Seguridad Social.

El suicidio, la cara más dramática del problema

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El desenlace más trágico del sufrimiento emocional en niños y adolescentes es el suicidio. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 720.000 personas fallecen cada año por esta causa, y es la tercera causa de defunción entre los 15 y 29 años. En España, el Observatorio del Suicidio registró 4.116 muertes en 2023, la tasa más alta de la historia, y el suicidio se sitúa como la primera causa de muerte en jóvenes de 15 a 29 años. Aunque la tasa española está por debajo de la media europea, la tendencia es ascendente.

Los expertos subrayan que el principal factor de riesgo es, con diferencia, un intento previo de suicidio. Por eso es crucial diferenciar entre un intento real y una conducta autolesiva sin intención de morir, aunque ambas merecen atención. Las autolesiones, como cortes o golpes, son cada vez más frecuentes entre adolescentes y pueden ser un predictor de riesgo si se repiten o se asocian a un trastorno mental. Detrás de estas conductas hay una explicación neurobiológica: la amígdala, que gestiona las emociones, está hiperactiva en la adolescencia, mientras que la corteza prefrontal, encargada del control de impulsos, aún no ha madurado del todo. Esto hace que los jóvenes sean más vulnerables ante situaciones estresantes como el acoso escolar, los conflictos familiares o la salud mental y los buenos hábitos en las aulas.

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Desde el punto de vista legal, el Código Penal castiga la inducción al suicidio (art. 143) y, desde 2021, la difusión de contenidos que promuevan el suicidio entre menores (art. 143 bis). Sin embargo, los jueces señalan la dificultad de probar estos delitos, especialmente cuando no hay una relación directa entre el inductor y la víctima. La reciente sentencia del Tribunal Supremo 1077/2025, que condenó por homicidio imprudente a un acosador que incitó al suicidio a un menor de 17 años, muestra los límites de la tipificación actual.

Ante este panorama, las asociaciones del sector reclaman más recursos. La Federación de Salud Mental de Canarias, por ejemplo, ha pedido a los grupos parlamentarios que se habilite una partida económica específica y finalista para las políticas de salud mental en los presupuestos de 2027. La falta de una dotación presupuestaria estable dificulta el desarrollo de planes de prevención, la reducción del estigma y la coordinación intersectorial, según denuncian. Mientras tanto, España sigue a la cabeza mundial en consumo de diazepam y un 20% de los jóvenes han tomado pastillas para la ansiedad o el insomnio, lo que evidencia la urgencia de un abordaje integral que vaya más allá de la medicación.

La crisis de salud mental entre los jóvenes españoles es un hecho constatado por múltiples fuentes: las bajas laborales se disparan, el suicidio se cobra vidas cada día y los recursos públicos no llegan a donde se necesitan. Los expertos coinciden en que se necesita una estrategia nacional con financiación suficiente, más profesionales de la psicología y psiquiatría, y una atención comunitaria que marque el futuro de la salud mental. Solo así se podrá frenar una tendencia que, de no actuar, seguirá dejando a toda una generación desatendida.

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