La cosecha de cereales en España encara una campaña de contrastes y rentabilidad al límite

  • Descenso significativo de la producción nacional respecto a los niveles récord registrados el año pasado.
  • Impacto directo del calor extremo de mayo en el adelantamiento de la siega y la maduración del grano.
  • Crisis de rentabilidad en las explotaciones debido al encarecimiento de los fertilizantes y precios de venta estancados.
  • Necesidad estructural de aumentar las importaciones para cubrir la demanda interna de consumo y piensos.

Cosecha de cereales en España

Las máquinas ya están a pleno rendimiento en buena parte de la geografía española, pero el ambiente entre los profesionales del campo no es precisamente de celebración. La campaña de este año viene marcada por un adelanto forzoso de la siega en muchas regiones, una situación provocada por un mes de mayo que se portó de forma bastante caprichosa con los termómetros, obligando a poner las cosechadoras en marcha hasta diez días antes de lo habitual.

Aunque el ejercicio anterior dejó cifras para el recuerdo, las previsiones actuales son bastante más modestas, dejando un sabor agridulce en un sector que no termina de levantar cabeza. La desigualdad entre las distintas zonas productoras es la nota dominante de este verano, con parcelas que han aguantado el tipo de forma heroica frente a otras que se han quedado prácticamente en nada por culpa de la falta de agua en momentos críticos para el llenado del grano.

Caída de la producción de cereal en España
Artículo relacionado:
Crisis en el campo español por el desplome de la producción de cereal

Las cifras de una producción marcada por el ajuste

El sector cerealista español se enfrenta a un recorte notable en sus estadísticas tras un 2025 excepcionalmente bueno. Las previsiones que manejan las principales organizaciones agrarias y entidades financieras apuntan a una cosecha de cereales de invierno que se moverá en una horquilla de entre 15,1 y 15,4 millones de toneladas. Esta cifra supone un descenso de casi el 30% si echamos la vista atrás a la campaña anterior, confirmando que la estabilidad productiva sigue siendo un reto difícil de alcanzar.

Si sumamos todos los tipos de grano, incluyendo el maíz que suele tener un comportamiento algo más estable, la producción total del país podría rondar los 20,5 millones de toneladas. Sin embargo, este volumen no permite tirar cohetes, ya que los rendimientos medios por hectárea han caído hasta situarse en unos 3,81 toneladas, una cifra que, aunque supera la media del último lustro, se queda muy lejos del potencial real que tienen nuestras tierras cuando el clima acompaña de verdad.

La superficie dedicada a estos cultivos también ha sufrido un pequeño traspié, con algo más de 5,4 millones de hectáreas sembradas en todo el territorio nacional. Los agricultores están optando en algunos casos por diversificar hacia cultivos leñosos, buscando una rentabilidad que el cereal, a día de hoy, parece dar con cuentagotas. Castilla y León sigue llevando la voz cantante produciendo más de un tercio del total nacional, seguida de Aragón y Castilla-La Mancha.

Día Mundial de los Cereales
Artículo relacionado:
Día Mundial de los Cereales: nutrición, ciencia y futuro de los granos

El clima: del calor asfixiante a las inundaciones

El desarrollo de los cultivos ha sido una auténtica montaña rusa meteorológica que ha traído de cabeza a los productores. En la mitad norte y el centro peninsular, el gran culpable de la merma productiva ha sido el calor extremo de finales de primavera. Las temperaturas inusualmente altas de mayo agostaron las plantas antes de tiempo, impidiendo que el grano completara su ciclo natural y provocando que el peso específico del mismo sea inferior al deseado en muchas comarcas.

Por el contrario, en el sur de España la historia fue bien distinta al inicio del año. Las borrascas que atravesaron Andalucía durante los meses de enero y febrero dejaron miles de hectáreas anegadas, especialmente en el valle del Guadalquivir. Esta exceso de humedad inicial dificultó las labores y afectó a la raíz de las plantas, lo que demuestra que en el campo, tanto la falta como el exceso de agua pueden terminar arruinando el trabajo de todo un año.

En provincias como Segovia o Valladolid, el sentimiento general es de desolación al ver cómo parcelas que prometían mucho se han quedado en rendimientos de apenas 2.000 kilos por hectárea. El cambio climático está obligando a los profesionales a adaptar las variedades de siembra y a modificar sus calendarios, aunque a veces ni con esas se consigue capear el temporal cuando la naturaleza se empeña en ponérselo difícil a los que trabajan a cielo abierto.

El laberinto económico de los insumos y los precios

No es solo una cuestión de cuántos kilos se recogen, sino de cuánto cuesta producirlos. La rentabilidad está en la cuerda floja debido a factores geopolíticos que quedan muy lejos de nuestras fronteras pero que impactan directamente en el bolsillo del agricultor. El bloqueo del estrecho de Ormuz ha provocado sacudidas importantes en el mercado de los fertilizantes, con una urea que llegó a dispararse hasta niveles casi inasumibles antes de empezar a corregir su precio.

Muchos agricultores, ante el miedo de no cubrir gastos, decidieron reducir la cantidad de abono utilizada, una decisión que a la larga también ha pasado factura a la productividad final de las parcelas. Se calcula que los costes de producción pueden rondar los 800 euros por hectárea, mientras que los ingresos generados, con los subidas de precios en las lonjas, apenas llegan a los 600 euros en los casos más desfavorables, dejando a muchas explotaciones en números rojos.

Mientras tanto, los precios del grano no terminan de despegar en los mercados nacionales. Con el trigo cotizando en torno a los 200 euros por tonelada, la sensación es que el mercado está muy parado porque los almacenes aún cuentan con mercancía de la campaña pasada. Esta falta de nerviosismo de los compradores hace que las cotizaciones no suban lo necesario para compensar la subida de la luz, el gasóleo y las semillas, poniendo en jaque el relevo generacional en el sector.

propiedades del germen de trigo
Artículo relacionado:
Principales propiedades del germen de trigo

Dependencia exterior y mercado internacional

España es, por definición, un país que necesita comprar cereal fuera para alimentar a su cabaña ganadera y satisfacer el consumo interno. Con el recorte de la cosecha propia, la dependencia de las importaciones volverá a ser total a partir de este verano. Se estima que necesitaremos traer de fuera entre 4 y 5 millones de toneladas de trigo blando para equilibrar la balanza, un flujo de grano que suele entrar principalmente a través de nuestros puertos desde otros países de la Unión Europea y del Mar Negro.

A nivel mundial, la situación tampoco es para relajarse. Aunque el informe del USDA ha mejorado ligeramente las previsiones globales de cosecha, gran parte de las existencias están concentradas en manos de China. Si sacamos al gigante asiático de la ecuación, el ratio de existencias sobre consumo cae de forma preocupante, lo que significa que cualquier contratiempo en las grandes regiones productoras mundiales podría volver a disparar la volatilidad en los precios internacionales.

El escenario que se dibuja para los próximos meses requiere de una gestión muy fina por parte de los agricultores y de un apoyo firme de las administraciones. La fragilidad del sector cerealista español ante los vaivenes climáticos y los mercados globales evidencia la importancia de contar con herramientas de seguro agrario eficaces y medidas fiscales que permitan a las explotaciones sobrevivir a un año complicado donde la producción no ha acompañado a las expectativas iniciales de la sementera.

Un bocadillo con pan de centeno
Artículo relacionado:
Efectos de tomar centeno todos los días

Add as preferred source