Hay personas capaces de doblar sus articulaciones mucho más de lo habitual sin aparente esfuerzo. Esta facilidad para moverse más allá de lo que consideramos «normal» puede parecer una ventaja para ciertos deportes o actividades artísticas, pero en no pocos casos está detrás de dolores persistentes y lesiones repetidas que afectan al día a día.
En este contexto, la Sociedad Española de Reumatología (SER) y la Fundación Española de Reumatología (FER) han intensificado sus esfuerzos para visibilizar la hiperlaxitud articular y el síndrome de hiperlaxitud dentro de la campaña de sensibilización «Ponle nombre al reuma», con el objetivo de que esta condición deje de pasar desapercibida y se diagnostique antes.
Qué es la hiperlaxitud articular y a quién afecta
La hiperlaxitud articular se define como una capacidad aumentada de movimiento en una o varias articulaciones, asociada a una elasticidad mayor de lo esperado en ligamentos, tendones y músculos. No es simplemente ser “flexible”, sino que las estructuras que deberían estabilizar la articulación tienen más holgura de la normal.
Según explica la Dra. Leticia del Olmo, reumatóloga del Hospital Universitario de Toledo, esta condición es más frecuente en mujeres y suele aparecer en la infancia, y en algunos trastornos como el síndrome de Down y efectos en músculos y huesos se observa una mayor laxitud; su presencia se reduce conforme avanza la edad. Muchos niños muy flexibles van perdiendo esa laxitud con el crecimiento, aunque en otros se mantiene y acaba dando síntomas.
Es importante diferenciar entre hiperlaxitud articular “simple”, que no provoca molestias relevantes, y el llamado síndrome de hiperlaxitud articular. Este último se diagnostica cuando, además del exceso de movilidad, aparece dolor en el aparato locomotor y repercusión funcional.
Las estimaciones de la SER señalan que solo entre un 5% y un 10% de las personas hiperlaxas desarrollan este síndrome doloroso. Es decir, muchas personas flexibles no tendrán nunca problemas, pero un grupo significativo sí sufrirá dolores crónicos y lesiones de repetición que conviene identificar y tratar.
Posibles causas: el papel del colágeno y del tejido conectivo
La causa exacta de la hiperlaxitud articular no está completamente aclarada, pero los reumatólogos apuntan a un origen principalmente genético. Se han encontrado alteraciones en las fibras de colágeno y en otras proteínas que forman el tejido conectivo, el entramado que da soporte y estabilidad a ligamentos, tendones y cápsulas articulares.
Cuando el colágeno es más laxo o menos resistente de lo esperado, las estructuras que rodean la articulación no sujetan igual y permiten una movilidad excesiva. Esa mayor amplitud de movimiento puede ser llamativa pero, al mismo tiempo, favorece microlesiones, esguinces y sobrecarga de músculos y articulaciones.
Los especialistas subrayan que no existe por ahora una cura para esta alteración de base. Al tratarse de una característica heredada del propio tejido conectivo, el abordaje actual se centra en controlar síntomas, prevenir complicaciones y enseñar a la persona a proteger sus articulaciones en el día a día.
Síntomas más frecuentes del síndrome de hiperlaxitud
Quienes desarrollan síndrome de hiperlaxitud suelen consultar por dolor musculoesquelético persistente, muchas veces difícil de asociar de entrada a su gran flexibilidad. La afectación de los miembros inferiores es muy habitual, con molestias en rodillas, tobillos, caderas o pies después de esfuerzos relativamente pequeños.
Además del dolor, son frecuentes las lesiones de repetición. La SER y la Dra. Del Olmo describen un patrón característico: esguinces frecuentes, sobre todo de tobillo, tendinitis en distintas localizaciones, torceduras con actividades cotidianas y luxaciones o subluxaciones habituales en algunas articulaciones inestables.
También se observan con más frecuencia dolor cervical y lumbar, así como escoliosis u otras alteraciones de la columna, probablemente relacionadas con el esfuerzo extra que deben realizar los músculos para estabilizar una estructura más laxa.
Otra manifestación descrita por la especialista es el aumento de la elasticidad de la piel en algunos pacientes, reflejo de esa misma alteración del tejido conectivo que afecta tanto a articulaciones como a estructuras cutáneas.
Diagnóstico y cuándo consultar
La hiperlaxitud articular suele detectarse mediante exploración física. El reumatólogo valora la amplitud de movimiento de distintas articulaciones, en ocasiones utilizando escalas específicas como parte de la exploración para medir hasta qué punto hay exceso de movilidad.
El diagnóstico de síndrome de hiperlaxitud se plantea cuando esa laxitud se acompaña de dolor recurrente, lesiones frecuentes o limitación en las actividades de la vida diaria. No se trata solo de ser flexible, sino de que esa flexibilidad esté provocando un impacto real en la salud de la persona.
Los especialistas recomiendan consultar a un profesional sanitario cuando exista una combinación de gran movilidad articular con dolor musculoesquelético crónico, esguinces constantes o sensación de que las articulaciones “se salen” con facilidad. Un diagnóstico precoz permite orientar mejor el tratamiento y reducir el riesgo de problemas a largo plazo.
Las campañas informativas impulsadas por la SER y la FER, como «Ponle nombre al reuma», tienen precisamente el objetivo de que pacientes, familias y profesionales reconozcan antes estos cuadros y no se queden en la idea de que “solo es que es muy flexible”.
Tratamiento: cómo manejar la hiperlaxitud articular
Dado que la base genética de la laxitud no puede modificarse, el abordaje de la hiperlaxitud se centra en tratar los síntomas y reforzar el sistema musculoesquelético. La SER destaca que el pilar fundamental es un programa de ejercicios de fortalecimiento y estiramiento muscular, diseñado y supervisado por profesionales.
El objetivo de estos ejercicios es que la musculatura actúe como un “corsé” natural, ayudando a que las articulaciones se mantengan en una posición estable. Al mejorar la fuerza y el control muscular, se puede reducir la inestabilidad, disminuir el número de lesiones y aliviar el dolor.
La fisioterapia desempeña un papel clave. Los fisioterapeutas trabajan en reeducación postural, propiocepción (la capacidad de notar la posición de las articulaciones), corrección de gestos que favorecen la sobrecarga y planificación de rutinas de ejercicio ajustadas a cada persona.
En algunos casos, el tratamiento incluye férulas, ortesis o vendajes funcionales para proteger articulaciones especialmente inestables durante determinadas actividades. También pueden utilizarse infiltraciones en articulaciones o tejidos dolorosos, siempre valoradas por el especialista.
En cuanto a la medicación, los reumatólogos señalan que a veces se recurre a analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos durante periodos cortos para controlar picos de dolor. Sin embargo, insisten en que no es una solución a largo plazo y que el verdadero cambio se consigue con un programa de ejercicio físico y fisioterapia bien estructurado.
Importancia del ejercicio en el día a día
La Dra. Del Olmo remarca que para las personas con hiperlaxitud articular es fundamental mantener una rutina regular de ejercicios, y no limitarse a hacerlos solo cuando aparece el dolor. La constancia es la que permite que los músculos sostengan mejor las articulaciones y actúen como soporte estable.
Estos programas suelen incluir ejercicios de fuerza progresiva, trabajo de estabilidad y equilibrio y estiramientos controlados, evitando llevar las articulaciones al límite de su rango solo por poder hacerlo. El objetivo no es “presumir de elasticidad”, sino moverse de forma segura.
En deportistas o personas muy activas con hiperlaxitud, es especialmente importante adaptar la práctica deportiva para reducir el riesgo de lesiones. La supervisión de especialistas en medicina del deporte, fisioterapia y reumatología ayuda a diseñar rutinas compatibles con la condición de cada persona.
La SER recuerda que, si bien la hiperlaxitud puede ser una ventaja en disciplinas como la gimnasia rítmica, la danza o determinadas artes escénicas, un entrenamiento mal planteado puede disparar las lesiones en quienes tienen un tejido conectivo más laxo de lo normal.
«Ponle nombre al reuma»: visibilidad y educación sanitaria
Para mejorar el conocimiento de este y otros trastornos musculoesqueléticos, la Sociedad Española de Reumatología ha impulsado la campaña «Ponle nombre al reuma», en la que se incluye la elaboración de material audiovisual sobre hiperlaxitud articular. El objetivo es que la población identifique los signos de alarma y pueda pedir una valoración especializada cuando lo necesite.
La Fundación Española de Reumatología (FER) subraya su compromiso con la educación sanitaria y la divulgación rigurosa de las más de 200 enfermedades reumáticas conocidas. A través de campañas informativas, pretende acercar el conocimiento científico tanto a pacientes como a profesionales sanitarios y a la ciudadanía en general.
Entre las prioridades de estas iniciativas se encuentran la detección precoz de los trastornos reumáticos, el acceso a información fiable y la mejora de la calidad de vida de quienes conviven con estas patologías. En el caso concreto de la hiperlaxitud articular, la idea es que no se trivialice la situación de las personas que, más allá de su flexibilidad, sufren dolor crónico y limitaciones funcionales.
Así, la campaña busca también romper con la idea de que el reuma es solo “cosa de mayores”. La hiperlaxitud articular y su síndrome asociado se presentan con frecuencia en niños, adolescentes y adultos jóvenes, por lo que la información dirigida a familias, centros educativos y profesionales que trabajan con población infantil resulta especialmente relevante.
Todo este esfuerzo conjunto de la SER y la FER apunta a que la hiperlaxitud articular pase de ser una simple curiosidad sobre personas muy flexibles a reconocerse como una condición médica que puede necesitar seguimiento. Identificar a quienes desarrollan el síndrome doloroso, ofrecerles una combinación adecuada de ejercicio terapéutico, fisioterapia, medidas de protección articular y apoyo farmacológico puntual, y reforzar la educación sanitaria son pasos clave para reducir el impacto del dolor, las lesiones recurrentes y la inestabilidad articular en su vida cotidiana.